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Cervantes
y la Compañía de Jesús. Siempre ha existido la sospecha generalizada de que el Quijote encierra un misterio relacionado con asuntos eclesiásticos o propósitos satíricos contra determinadas personas e instituciones. Ya en el siglo XVIII Gregorio Mayans recogía en su “Vida de Cervantes” algunas de las teorías conocidas, y poco después el reverendo John Bowle, en su olvidada “Carta al Dr. Percy” y en su monumental edición del Quijote, reiteraba esas mismas ideas y rescataba la de un antiguo autor francés que identificó a don Quijote de la Mancha con Ignacio de Loyola. Desde entonces, la inmensa bibliografía cervantina ha generado durante los siglos XIX y XX todo tipo de teorías, la mayoría olvidadas y sin continuidad. Sin embargo hay una que sí ha encontrado persistencia en el tiempo, precisamente esa de Bowle, que es la más antigua y, además, popular entre los contemporáneos de Cervantes, pues se sabe que ya en 1610, con motivos de las fiestas organizadas en Salamanca en honor de la beatificación del fundador de la Compañía de Jesús, recorrió las calles de la ciudad una máscara a la picaresca denominada El triunfo de don Quijote. Desde entonces esa asociación entre don Quijote y Loyola ha sido defendida por cervantistas de todos los tiempos: Mayans, Cejador, Castellar y Ripoll, Unamuno, Marco Corradini, y un largo etcétera en el que se incluyen algunos miembros de la Compañía de Jesús. En general, el núcleo de todas esas teorías se basa en los paralelismos existentes entre los primeros capítulos del Quijote y los primeros capítulos de la Vida del P. Ignacio de Loyola, escrita por el jesuita Pedro de Ribadeneyra y publicada en Madrid en 1583. En dicha biografía se cuenta cómo el joven Loyola, tras ser herido en una batalla contra los franceses, sustituyó su afición a la lectura de libros de caballerías por la de libros de santos, y le influenciaron tanto que, en apenas meses, tras renunciar a su herencia, cambió de nombre, veló armas en el monasterio de Montserrat y se hizo caballero de Cristo con la idea de peregrinar por el mundo y ayudar a los necesitados. Los orígenes de don Quijote son, en lo esencial, los mismos, pues el hidalgo manchego, también influenciado por los libros, cambia de vida y de nombre, se deshace de su hacienda, vela armas en la venta, se hace caballero andante y se entrega a una vida de aventuras en pro de los menesterosos y necesitados. Abundan además en el Quijote muchas expresiones propias de la Vida y, sobre todo, paralelismos temáticos y anécdotas claramente parodiadas por Cervantes, y en las que coinciden todos los investigadores. Sin embargo, nadie ha logrado continuar esas analogías más allá de los primeros capítulos, es decir, sólo hay una especie de primer rumor de fondo que se desvanece enseguida, el mismo que, con más o menos intensidad, se escucha en el Quijote procedente de otros muchos libros. Pero la profundización en la obra de Ribadeneyra depara grandes sorpresas. La principal es que, además de ser un libro de éxito en su tiempo, dio lugar a una fuerte controversia dentro de la Compañía entre quienes lo aceptaban o rechazaban por su contenido, pues esa biografía sobre el fundador de la orden había nacido con el objetivo expreso y velado de suplantar a otra anterior cuyo autor era nada menos que el propio Ignacio de Loyola. En efecto, diez años después de su muerte y sin dar ningún tipo de explicaciones, la cúpula de la orden decidió ocultar el libro hoy conocido como Autobiografía o Relato del peregrino, dictado por Loyola a un compañero en 1555 y considerado su testamento espiritual y un texto histórico y literario excepcional, inexplicablemente secuestrado por la Compañía desde 1565 hasta casi la segunda mitad del siglo XX. Durante ese largo tiempo la Autobiografía no ha existido, y todos los historiadores de la orden han callado o pasado de puntillas sobre asunto tan trascendental. Todavía hoy se desconoce una teoría oficial sobre la extraña desaparición del libro, sus causas y el rotundo silencio de cuatro siglos mantenido por la institución. La clave de ese misterio parece estar en el acuerdo secreto suscrito entre jesuitas y dominicos para que, tras la muerte de Loyola, la Compañía renunciara a sus aspectos más renovadores y se sumara al gobierno de la Inquisición. Sólo así cesaría la fuerte hostilidad que, especialmente en España, sufrían los jesuitas y se allanarían los obstáculos para la beatificación y canonización de Loyola. Para lograrlo era imprescindible que la Compañía, además de un importante giro ideológico, realizara un doble gesto: hacer desaparecer el Relato del Peregrino (donde Loyola narra con precisión la injusta persecución a que fue sometido por los dominicos en sus primeros años de apostolado evangélico en Alcalá y Salamanca) y sustituirlo por otro libro en el que todas esas injusticias quedaran sutilmente maquilladas. El pacto se llevó a cabo y, para una parte de la sociedad española de finales del siglo XVI, fue como un símbolo de la radicalización del fundamentalismo de Trento y la derrota definitiva del humanismo erasmista, que había visto en Loyola y su Compañía, cercana al papado, una tabla de salvación capaz de moderar con su ideología el fanatismo religioso institucionalizado. La revelación de estos hechos tan celosamente silenciados por sus protagonistas es de una gran trascendencia histórica, son básicos para comprender, además de la trayectoria de la Compañía y el proceso de transformación de un hombre en santo, las claves que faltaban en la documentación que acredita la indiscutible relación existente entre el Relato del peregrino, la Vida de Ribadeneyra y el Quijote, ya que entre esas dos biografías sobre Loyola y el turbio asunto que las rodea, se encuentran la razón de ser y los códigos que facilitan el acceso a los procedimientos paródicos utilizados por Cervantes. Ambos libros son las fuentes esenciales del Quijote, el origen de cada uno de los capítulos y la solución a la mayoría de sus famosos enigmas y supuestos errores. La idea del camino como eje central de la novela, el motivo de las tres salidas, la comentadísima interrupción de la batalla entre don Quijote y el vizcaíno en el capítulo ocho, los diversos autores de la obra, la extraña discordancia entre el epígrafe del capítulo décimo y su contenido, la personalidad de la enigmática Marcela, el acaramelado nombre de Dulcinea, la esencia del bálsamo de Fierabrás, los juegos numéricos de los capítulos 11 y 12, el error cronológico de la llegada a Barcelona o la fascinante estrategia que desvela la fecha exacta de la muerte de don Quijote. Todo encuentra explicación entre esos libros, sutilmente imitados y parodiados a través de un lenguaje cifrado que convierte al Quijote en una osadía, en un desafío consistente en enviar a través del tiempo un mensaje que no debía ser interceptado por la Inquisición. He tratado de explicar todo eso en la Introducción, aunque sin ser exhaustivo y desconociendo aspectos de esa trama que sólo se irán desvelando con el tiempo, pues las personas e instituciones implicadas se han dedicado a borrar durante siglos cualquier pista que condujera al hilo de esa fascinante maraña bibliográfica implícita en el Quijote. La estructura del libro, tras este prólogo, es la siguiente -Una Introducción con tres apartados dedicados al Relato, la Vida y las posibles razones de Cervantes para centrar su parodia en dos libros relacionados con la Compañía de Jesús. -Una Primera parte dedicada a comentar uno a uno los 8 capítulos primeros del Quijote, evitando el prólogo y las poesías preliminares. Mi intención es mantener el mismo orden de elaboración supuestamente seguido por Cervantes. -Una Segunda parte con un amplio comentario de los capítulos 9-14. -Y una Tercera parte con consideraciones sobre el Quijote y otros aspectos del resto de la obra cervantina. Al final de cada capítulo se incluyen unos cuadros sinópticos que, a pesar de ser apenas indicativos, acreditan ampliamente la autenticidad de esta lectura, sustentada en la suma progresiva de una enorme cantidad de paralelismos temáticos y formales que no pueden ser una simple o azarosa coincidencia. Desde esta nueva perspectiva, la ya deslumbrante figura de Cervantes adquiere una dimensión inconmensurable, y el Quijote resurge desde sus raíces para mostrarnos la cara oculta de ese inmenso árbol que, además de una novela, cobija un ingenioso sistema de escritura secreta con el que Cervantes, arriesgando de nuevo su vida, esperaba restablecer tarde o temprano la verdad de unos hechos históricos convertidos en símbolos de una trágica época.
| PRÓLOGO
| INTRODUCCIÓN | PRIMERA
PARTE: Don Quijote peregrino | Cápitulo
I | Cápitulo II | Cápitulo
III | Cápitulo IV | Cápitulo
V | Cápitulo VI | Cápitulo
VII | Cápitulo VIII | SEGUNDA
PARTE: DON QUIJOTE Y COMPAÑÍA | Cápitulo
IX | Cápitulo X | Cápitulo
XI | Cápitulo XII | Cápitulo
XIII | Cápitulo XIV | GENERALIDADES
| CONCLUSIÓN.AGRADECIMIENTOS |
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