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PRIMERA PARTE
Antes de comenzar el análisis detallado de los ocho primeros capítulos del Quijote, conviene saber que Cervantes va a realizar una exhaustiva imitación del Relato primitivo, de aquella primera copia dejada por Gonçalves en Roma, escrita sólo en castellano y compuesta de ocho capítulos incompletos. Ese es el germen del Quijote, la base sobre la que Cervantes inicia su trabajo de imitación de la estructura formal y el contenido del Relato. La división de la primera parte de 1605 en ocho capítulos tiene, pues, como primer objetivo copiar esa estructura de ocho capítulos del Relato primitivo, hasta tal punto que Cervantes, para no dejar lugar a dudas, hace que su octavo capítulo quede inconcluso en el momento en el que don Quijote entra en batalla con el vizcaíno, de la misma manera que en las copias de Roma el capítulo octavo termina precipitadamente en el momento en que Loyola está amenazado de recibir una paliza ejemplar. A ese paralelismo estructural le corresponde otro, igualmente exhaustivo, de contenido y desarrollo, una parodia correlativa donde, salvo algunas excepciones de ajuste, cada capítulo es una recreación en el contenido de su correspondiente del Relato. Es decir, los ocho primeros capítulos del Quijote son casi un calco, un reflejo ondulante de los ocho primeros capítulos del Relato. Junto a esa sujeción estructural y temática, desde el principio veremos cómo Cervantes también recurre constantemente a la Vida como fuente permanente del contenido paródico, pues ambos libros, el primero como verdadera historia y modelo de los auténticos historiadores, y el segundo como prototipo de la vana y falsa literatura, serán la fuentes esenciales de estos ocho capítulos primeros, donde la Vida es siempre motivo de burla e inspiración de los aspectos más disparatados de la figura de don Quijote. Las claves esenciales de esta Primera Parte de 1605 son, pues, la imitación de la estructura formal del Relato primitivo, la imitación del contenido de cada capítulo, y el ropaje paródico de la Vida que envuelve y disfraza de caballería esos ejes esenciales. Además, como contraseña central del conjunto y como máximo referente de acceso al lenguaje cifrado, aparecen diversas acepciones del vocablo “peregrino”, en consonancia con el valor que dicha palabra ocupa en esos capítulos del Relato, centrados en el nacimiento y evolución de Loyola, siempre nombrado en el libro como “el peregrino” A esas claves señaladas debe añadírsele otra más genérica y definitiva, y es que tanto en los ocho primeros capítulos del Relato como en los del Quijote se producen dos de las tres salidas realizadas por sus protagonistas desde sus casas respectivas. En conjunto, tanto el Relato como la Vida están desmenuzados en estos primeros capítulos, cuyo eje camino-peregrinación se adorna de un trabajo de acarreo en todas direcciones, una labor minuciosa donde Cervantes demuestra sus conocimientos como investigador y su fascinante capacidad de síntesis y parodia. En realidad, cuando anuncia que su propósito es poner en aborrecimiento la lectura de libros de caballerías, en esos momentos en declive, está subrepticiamente refiriéndose a su deseo de desenmascarar las falsedades de los libros religiosos, precisamente en auge, y entre los que el libro de Ribadeneyra creaba un precedente exagerado de engaño y manipulación histórica. Algo que, como señala Wardropper, era ya casi una costumbre generalizada entre los religiosos: la “preocupación de Cervantes con los problemas de la verdad histórica y su reconocimiento fue estimulada, a mi parecer, por la crisis que estaba pasando el arte del historiador. Si los cronistas medievales habían combinado inocentemente –quizá sin querer- la ficción con la narración de los hechos, a partir del siglo XV los historiadores se habían atareado en una falsificación intencional de la historia” [2] . Por eso no debe extrañar que en el primer párrafo del Quijote se haga una exaltación de la verdad, ni que ésta se convierta en uno de los temas obsesivos de la obra junto con la libertad y la tolerancia, los tres ejes temáticos de estos capítulos, donde el Relato y la Vida van apareciendo como modelos positivos o negativos de un arte con fines humanistas o reaccionarios. En general, la intensa relación existente entre los ocho primeros capítulos del Quijote y sus fuentes es la clave para acceder a la lectura profunda de la totalidad, ya que estos capítulos contienen las bases del nacimiento paródico de los personajes fundamentales y pistas metodológicas imprescindibles para penetrar en el resto de la obra. Eso explica que, al ser el Relato su fuente principal y al estar secuestrado casi hasta mediados del siglo XX, haya sido prácticamente imposible esclarecer su profunda relación con la obra, a cuyo oscurantismo y doble lenguaje deberá adaptarse quien quiera iniciarse en la lectura de sus raíces profundas, pues Cervantes crea en esta Primera parte una especie de alfabeto críptico al que se accede por acumulación y relación de la totalidad de sus ocho capítulos con los ocho del Relato, de ahí que mientras mejor se conozcan ambos textos más se apreciarán sus imbricaciones y la ingeniosa y singularísima tarea realizada por su autor, definitivamente un humanista librepensador y heroico, un genio del que todavía queda por desentrañar una parte esencial de su pensamiento y de su arte.
| PRÓLOGO
| INTRODUCCIÓN | PRIMERA
PARTE: Don Quijote peregrino | Cápitulo
I | Cápitulo II | Cápitulo
III | Cápitulo IV | Cápitulo
V | Cápitulo VI | Cápitulo
VII | Cápitulo VIII | SEGUNDA
PARTE: DON QUIJOTE Y COMPAÑÍA | Cápitulo
IX | Cápitulo X | Cápitulo
XI | Cápitulo XII | Cápitulo
XIII | Cápitulo XIV | GENERALIDADES
| CONCLUSIÓN.AGRADECIMIENTOS
| [1] El Enquiridión o Manual del caballero cristiano, Erasmo de Rotterdam, ed. Dámaso Alonso, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Cita tomada de “Don Quijote como Sileno”, James Iffland, anales cervantinos XXXIV, Madrid 1998. [2] DON QUIJOTE: ¿FICCIÓN O HISTORIA?, El Quijote, Edición George Haley, Ed. Taurus, Madrid 1984, p. 246.
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