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GENERALES
Aunque el propósito de este libro ha sido analizar detallada y progresivamente los primeros catorce capítulos del Quijote, quiero señalar aquí algunos descubrimientos que, por ser más generales, afectan prácticamente a la totalidad del Quijote o al resto de la obra de Cervantes. Son ideas provisionales, conclusiones extraídas del estudio somero de los capítulos, del análisis superficial de las obras. No obstante, son tan sorprendentes los resultados y afectan a hitos tan señalados, que merece la pena conocerlos, entre otras cosas porque sirven como una prueba más del fascinante trabajo de Cervantes, de la indiscutible y apenas conocida relación con la historia de la Compañía de Jesús, y de la ingente tarea aún por hacer para los estudiosos de la obra cervantina. XV. TRES SALIDAS Existe una igualdad genérico-estructural entre las tres salidas que, según el Relato y la Vida, realiza Loyola desde su casa, y las tres que, entre la Primera y Segunda Parte, lleva a cabo don Quijote. Se da además la coincidencia de que tanto en el Relato como en el Quijote, las dos primeras salidas se narran en los ocho capítulos primeros. Es decir, el sencillo esquema circular de la Primera Parte de 1605, del que habla Casalduero, marcado por la salida y vuelta del Quijote es, como señala Unamuno, un paralelo a las dos salidas y vueltas que realiza Loyola en los ocho primeros capítulos del Relato. XVI. GEOGRAFÍA PARALELA Además de la división en tres salidas, el Quijote incluye un paralelismo geográfico consistente en nombrar, de cualquier forma, prácticamente todos los lugares por donde pasa Loyola y que aparecen citados en el Relato. Es decir, además de los acontecimientos que le ocurren a Loyola, Cervantes, bajo cualquier pretexto, ha incluido en su novela casi todos los nombres de los itinerarios que, según el Relato, siguió Loyola en sus peregrinaciones. El más amplio estaría delimitado por los siguientes lugares: Salamanca –Valladolid –Sigüenza –Segovia –Alcalá –Toledo –Valencia –Gaeta –Jerusalén –Venecia –París –Flandes -Londres. Un segundo itinerario referido a los viajes por España-Italia transcurre fundamentalmente por: -Azpeitia –Navarrete –Zaragoza –Montserrat –Barcelona –Génova –Bolonia –Ferrara -Roma. Todas esos lugares por donde peregrina Loyola se citan directa o indirectamente en el Quijote, la mayoría nombrados como tales, y otros, como Navarrete, Monserrat, Alcalá o Azpeitia, aludidos indirectamente a través de un apellido, sobrenombre o lugar de sonido semejante: Navarra, El Monserrato, Pedro de Alcalá o Sancho de Azpetia. XVII. MUERTE DE DON QUIJOTE El sutil tratamiento que el tiempo y el espacio reciben en la Segunda Parte del Quijote ha dado lugar a todo tipo de especulaciones y recuentos por parte de los estudiosos, interesados en encontrar alguna posible relación entre las pocas fechas exactas aparecidas en la novela, y los lugares, itinerarios y distancias en los que se desarrolla. No obstante, a pesar de la abundante bibliografía generada, la explicación del tiempo en la Segunda Parte es, como indica J. M. Casasayas [3] , en la mayor parte de las veces “o bien pasada por alto por los comentaristas (a veces con silencio absoluto, que es una postura muy cómoda pero poco elegante) o bien despachada atribuyendo la imposibilidad de su fijación a los descuidos cervantinos” Algunos autores, como el propio Casasayas en el artículo citado, han concebido ingeniosas y complicadas soluciones a la cronología general que, en la mayoría de los casos, se han recibido hasta ahora con la misma postura, igualmente poco elegante, del silencio absoluto. Hay, sin embargo, una cuestión elemental que, desde mi punto de vista, no ha sido suficientemente estudiada. Me refiero a la fecha de la muerte de don Quijote. Si hay algo indiscutiblemente claro en esa confusión de fechas que aparecen en la Segunda Parte es, precisamente, ese día. Es decir, si prescindimos del resto de los datos cronológicos tan profusamente proporcionados por Cervantes y nos centramos exclusivamente en el último aparecido en la novela ¿no podríamos obtener una fecha muy aproximada del día de la muerte? Sea o no cierto, como señala Murillo [4] , que Cervantes escogiera la fiesta de san Juan como un ingrediente más de su parodia caballeresca, lo único seguro, a la hora de determinar la muerte de don Quijote, es esa fecha y el número exacto de jornadas que el autor se preocupa minuciosamente de describir hasta el momento en que se produce su muerte. Mi propuesta es, pues, no considerar como error o despiste del autor el dato de la noche de san Juan, sino utilizarlo como única noticia fiable de la que partir para analizar la evolución cronológica de la obra y la fecha de la muerte de don Quijote. Es lo que propongo a continuación. Tras abandonar la casa de los duques, don Quijote, Sancho y sus acompañantes llegan a Barcelona la víspera de san Juan:
Esta fecha, como se ha repetido hasta la saciedad, rompe drásticamente la cronología lógica de la obra pues, aproximadamente 10 días antes, Sancho había recibido en la ínsula una carta del duque fechada el 16 de agosto:
Es decir, si Sancho recibe en la ínsula una carta fechada el 16 de agosto ¿cómo diez jornadas después van a llegar a Barcelona el 23 de junio? Sin lugar a dudas nos encontramos ante un claro anacronismo, considerado por la crítica [5] como uno de los mayores errores u olvidos de Cervantes que, apremiado por Avellaneda y su editor, al que entregaba capítulo a capítulo, no se quedaba con copia de lo escrito. Partiendo de esa consideración de lapsus y tratando de encontrar una sincronía cronológica para toda la obra, nadie ha tenido en cuenta esta última fecha citada en la novela a la hora de elucubrar sobre el día de la muerte de don Quijote. Es decir, a pesar de que Cervantes, a partir de esa fecha, se preocupa de seguir día a día todas las jornadas que transcurren hasta el final de la obra, se ha preferido no contar con ella. Por eso, algunos estudiosos como Vicente de los Ríos y Diego Perona [6] llegan a fijar las fechas de los acontecimientos sin tener en cuenta el “error” de la noche de san Juan. Vicente de los Ríos inicia su cuenta de jornadas en el mes de julio, basándose en la información del propio Cervantes:
A partir de ese mes de julio, Ríos va contando una a una las jornadas, y deduce que don Quijote, al margen del dato de la noche de san Juan, llega a Barcelona sobre el 30 de noviembre. Como a partir de ahí Cervantes detalla con precisión el número de días invertidos hasta la vuelta a casa y muerte de don Quijote, según Ríos ésta se produce el 8 de enero. Diego Perona, para estar más acorde con las condiciones climáticas de la novela, sigue el mismo procedimiento pero con algunas variaciones en el recuento de jornadas pues, según él, don Quijote llega a Barcelona un 19 de agosto, aconteciendo su muerte un 26 de septiembre. Lo que sí queda claro para ambos es el número de jornadas transcurridas entre la llegada a Barcelona y la muerte de don Quijote (cuarenta para Ríos y treinta y nueve para Perona) y el interés de Cervantes en precisar la evolución diaria de los acontecimientos. Veamos cómo lo secuencia Cervantes.
Al amanecer del 24 de junio, don Quijote y sus acompañantes contemplan la playa de Barcelona y las fiestas en honor de san Juan. Este mismo día son recibidos con gran cortesía en la ciudad y en casa de don Antonio Moreno, con quien pasan la jornada. Al día siguiente, 25 de junio:
don Antonio les muestra en su casa la cabeza encantada, después visitan una imprenta y, por la tarde, las galeras [8] , desde donde presencian la captura de un bergantín argelino y se descubre la historia de Ana Félix. Nada se dice de lo que hace don Quijote en los días siguientes a este último 25 de junio, aunque Cervantes especifica que transcurren:
De allí a dos días, es decir, el 27 de junio parte el renegado, y otros dos después, 29 de junio, parten las galeras. O sea, la mañana que don Quijote sale a pasear por la playa y se encuentra y enfrenta al caballero de la Blanca Luna, es la del 30 de junio. La derrota deprime tanto al caballero que le mete en la cama durante seis días:
Esa conversación en la que Sancho le consuela y anima a mejorarse, ocurre, pues, el día 6 de julio.
O sea, el 8 de julio el visorrey trata con don Antonio que, supuestamente, se marcha al día siguiente por la mañana, 9 de julio.
Dos días después, 11 de julio, salen don Quijote y Sancho de Barcelona e inician el camino de vuelta a su aldea:
Transcurren el día 11 (“todo aquel día”) y los cuatro siguientes (12, 13, 14 y 15), y al quinto (16 de julio) llegan a la puerta de un mesón, de donde poco después se marchan.
Continúan, pues, el camino el día 17 de julio, con Tosilos y la nocturna aventura de los cerdos, que acaba a la llegada del día:
Es el 18 de julio, un largo día, con su larga noche en el castillo de los duques, de donde salen al día siguiente:
Se alejan, pues, por segunda vez del castillo el día 19 de julio. La noche les sorprende en el campo:
Transcurre este día 20 prácticamente en un mesón (“Todo aquel día esperando la noche estuvieron en aquel lugar y mesón” (1204, 72), que abandonan por la tarde (“llegó la tarde, partiéronse de aquel lugar” 1208, 72). Pasan la noche entre unos árboles y llega el día 21:
Nada digno de contarse les sucede ese día:
y al amanecer del día siguiente llegan a la aldea:
Es el 22 de julio, son recibidos por familiares y amigos y don Quijote acaba en la cama (“donde le dieron de comer y regalaron lo posible”) de la que ya no se levantará, pues:
El transcurso de estos seis días nos sitúa en el 28 de julio, con don Quijote tan maldispuesto que se espera lo peor (“durmió de un tirón, como dicen, más de seis horas: tanto, que pensaron el ama y la sobrina que se había de quedar en el sueño”) (1216, 74) De este sueño despierta Alonso Quijano con el juicio recuperado, y hace un largo testamento:
Si al 28 de julio, día de la realización del testamento, le añadimos los tres restantes que vive, resulta que la muerte de don Quijote se produce el 31 de julio. Coincido con Diego Perona en el recuento de los días llevado a cabo desde la llegada a Barcelona hasta el día de la vuelta a la aldea, donde don Quijote se mete casi directamente en la cama con unas calenturas que le duran seis días. A partir de esos seis días Cervantes, como puede comprobarse, sólo hace dos referencias cronológicas: una totalmente indeterminada, “mas de seis horas”, y la final: “tres días que vivió después deste donde hizo el testamento” Por deducción propia, tanto Vicente de los Ríos como Diego Perona añaden un día más de los específicamente señalados por Cervantes, pues ambos coinciden en que la visita del médico y la realización del testamento se producen en días diferentes, es decir, que el final de las mas de seis horas dormidas por don Quijote tras la visita del médico, marca el inicio del nuevo día en el que recobra la cordura y hace testamento. En mi opinión ese día no existe en el texto y, entrando en ese tipo de absurdos juegos y razonamientos con los que se pretende aplicar la lógica a la ficción, puede argumentarse que el médico visita a don Quijote por la mañana, después duerme más de seis horas y por la tarde viene el escribano, es decir, que el día que don Quijote realiza testamento es el mismo que recibe la visita del médico, por lo que, insisto, su muerte ocurre el 31 de julio. ¿Tiene alguna significación esta fecha? ¿Existe alguna razón importante para que Cervantes haya realizado este encubierto y preciso trabajo de cronología? Lógicamente sí, ya que el día 31 de julio se conmemora la muerte de Ignacio de Loyola, ocurrida ese mismo día del año 1556. Se trata sin lugar a dudas de uno de los recursos paródicos más bellos e ingeniosos creados por Cervantes para cerrar el inmenso trabajo de imitación que es el Quijote, algo que niega definitivamente cualquier atisbo de credibilidad a esas teorías sobre la relación entre los errores del libro y las prisas o la poca memoria de su autor, y que a su vez ratifica, con este definitivo dato, la antigua tesis de que la figura de don Quijote, desde el primer capítulo hasta el último, es una parodia del personaje literario Ignacio de Loyola. XVIII. LA GALATEA
La Galatea parece ser el embrión de la obra críptica cervantina, la novela en la que pone por primera vez en marcha la idea de utilizar un género en boga como medio para burlar la censura A partir de ella Cervantes concibe la idea de hacer una literatura ambigua, capaz de admitir una lectura acorde con las líneas generales del género en que se desarrolla y, a su vez, una lectura interna y cifrada cuya conocimiento sólo sería accesible al limitado número de lectores que poseyeran las claves interpretativas. De esa dualidad literaria ha surgido siempre la enorme atracción desprendida por la obra cervantina, donde se mezcla lo más comprensible y humano con un no se qué sutil e inaccesible que otorga a ese realismo un aura de permanente idealismo y liberalidad. El resultado ha sido hasta ahora concebido como una especie de milagro artístico ajeno a las circunstancias de su autor, aunque, como se ha visto, no existe en nuestra literatura obra tan arraigada en su momento histórico como la de Cervantes. Ya en el prólogo de la Galatea se avisaba de la naturaleza real de algunos de los personajes disfrazados de pastores: “Mas advirtiendo (como en el discurso de la obra alguna vez se hace) que muchos de los disfrazados pastores de ella lo eran sólo en el hábito, queda llana esta objeción”, lo que ha provocado la búsqueda de alguna relación entre sus personajes y los supuestos amigos, aunque nunca sin darle la trascendencia requerida, pues se pensaba que dicha advertencia no pasaba más allá de un cortesano juego literario: “Nuestro narrador en ciernes sabía que la bucólica también permitía, desde sus orígenes, la consideración de lo pastoril como un mero disfraz bajo el que ocultar personajes reales, seres de carne y hueso identificables en la realidad, que podían acceder a la bucólica con sus amores y sus problemas cotidianos velados por el hábito y el nombre pastoril. Y esto era lo que le atraía, posiblemente más que cualquier otra cosa. De hecho el prólogo advierte que “muchos de los disfrazados pastores” de su novela “lo eran sólo en el hábito”, para que a ningún lector le extrañe el interés central del texto por la relación entre vida y literatura, entre realidad y ficción, que era ya, y había de ser andando el tiempo, una clave medular en el discurrir de toda su obra escrita [...] De este modo, el espacio eclógico se veía invadido por la vida real, por las discusiones sobre el amor que auténticamente acaecían en su círculo de amigos” [10] Esa exposición representa, dado el desconocimiento del asunto de la Compañía, el sentir general de los estudios sobre Cervantes y su literatura, es decir, se presiente una intensa relación “entre realidad y ficción” aunque, al no poder comprobarse, se reduce a un simple juego que, inconscientemente, desplaza la obra hacia una bucólica literaria del siglo anterior. La Primera parte de La Galatea se publicó en 1585, a poco de haberse instalado Cervantes en Madrid. “Algunos investigadores sostienen que La Galatea fue obra de juventud. Rodríguez Marín (prólogo a su edición crítica de Rinconete y Cortadillo, Madrid, 1920, pág. 125) supone que estaba escrita antes de 1575, fecha del cautiverio de Cervantes, y Astrana Marín estima que parte al menos de la obra debió de escribirse en Argel (Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes, Madrid, 1948-1958, vol. III, págs. 29, 35 y 74). La mayoría de los estudiosos supone, en cambio, que Cervantes escribió la novela después de su regreso del cautiverio; [...] Agustín González de Amezúa ha dado a conocer una carta de Cervantes fechada en Madrid en febrero de 1582 (“Una carta inédita y desconocida de Cervantes”, en el Boletín de la Real Academia Española, XXXIV, 1954), en la que el novelista asegura que estaba por entonces escribiendo La Galatea, afirmación que debe resolver al fin la debatida cuestión” [11] Desde luego, ninguno de estos investigadores tuvo en cuenta el hecho de que La Galatea es la primera obra de Cervantes en la que aparece de forma rotunda el asunto de la Compañía y, especialmente, la burla paródica de la Vida de Ribadeneyra que, como en la historia de Marcela y Grisóstomo, parece ser el eje central de la obra, pues así como el personaje de Marcela y todos los pastores y demás personas que la rodean son un símbolo de la Compañía de Jesús, La Galatea es igualmente una alegoría, un inexplorado trabajo de imitación y parodia, donde Galatea desempeña un papel simbólico muy semejante al de Marcela. No es mi intención hacer un comentario exhaustivo, eso requerirá libros aparte, sino sólo apuntar brevemente el parentesco de esta primera obra de Cervantes con la Vida, su naturaleza combativa y, por lo tanto, su enorme trascendencia, pues de entrada varía no sólo las perspectivas del libro en sí, sino también nuestro acercamiento a la personalidad y estilo de su autor que, como poco a poco se irá demostrando, tomó el asunto del secuestro del Relato y el giro ideológico de la Compañía como pretexto general para denunciar, durante toda su vida, el autoritarismo y el fraude que el poder, con todos sus estamentos, ejerció sobre su época. En mis primeras investigaciones creí que la historia entre Cervantes y la Compañía empezaba y finalizaba en el Quijote, pues tanto la extensión del libro como su singularidad hacían pensar que en él se habían agotado todas las intenciones de su autor. Pero, tras analizar la segunda parte de 1605 y comprender la función de señal o símbolo desempeñada por la palabra “compañía”, comprobé que dicho vocablo y el tono de parodia encubierta que siempre lo rodea, eran una constante en la obra de Cervantes, desde La Galatea (donde aparece más de 60 veces) hasta el Persiles, o sea, desde prácticamente su nacimiento a la literatura hasta su muerte. En realidad, de la obra conocida de Cervantes, sólo la Numancia parece ajena al asunto de la Compañía, y no del todo, pues habrá también que hacer una relectura de esta tragedia cuyo eje central es la lucha por la libertad, entendida como un requisito imprescindible para vivir y por el que se debe combatir incluso hasta la autoaniquilación de todo un pueblo. Es decir, la Numancia es una obra militante en la que Cervantes, bajo el aspecto de una recreación histórica, analiza simbólicamente la situación política y social de opresión progresiva que encuentra al volver a España tras diez años de ausencia, cinco de ellos en un cautiverio en el que destacó como incansable perseguidor de su libertad. A su vuelta se agrupó inmediatamente junto a quienes estaban dispuestos a luchar contra el poder, porque se sentían, como los numantinos, prisioneros en su propia patria. Ese simbolismo de la obra ya ha sido ampliamente comentado por parte de la crítica, al encontrar en la Numancia la misma división interna entre españoles que después aparecerá representada, también simbólicamente, en los bandos del Quijote: “Cuando el personaje más impresionante de toda la obra, España, habla de los españoles como de personas en perpetuo estado de división, es inútil no querer abrir los ojos y rechazar la dolorida denuncia cervantina” [12] . Una denuncia comprometida, pues ese personaje, España, que “a costa de su sangre ha mantenido / la amada libertad” [13] , no sólo denuncia, sino que también exhorta a su pueblo (“la guerra pediré o la muerte”) a sublevarse contra la opresión
Esa misma actitud rebelde y sacrificada ante el avasallamiento la vuelve a pregonar un numantino “cerco
cruel, do estamos oprimidos,
saldremos
vencedores o vencidos” (Vv. 631-632)
Incluso la idea de guerra total mantenida por Cervantes a lo largo de su vida, es decir, la utilización de su obra como arma de lucha, aparece en boca de Leonicio
“¿No
es ir contra la razón,
siendo tú tan buen soldado,
andar tan enamorado
en tan extraña ocasión?
Al tiempo que del dios Marte
has de pedir el favor,
¿te entretienes con amor,
quien mil blanduras reparte?
¿Ves la patria consumida
y de enemigos cercada,
y tu memoria, burlada
por amor, de ella se olvida? (Vv. 709-720)
Leonicio reprocha a su compañero entretenerse en blanduras amorosas cuando la patria está cercada y consumida, y lo hace con un sentimiento, con un verismo nacido de una vivencia personal, la misma que explica el resto de la obra, su alejamiento de las blanduras amorosas y su compromiso y denuncia durante toda la vida. Para Cervantes lo más importante es la libertad, tal como queda resumido en la voz exaltada de una de las mujeres de la obra
“Hijos de estas tristes madres,
¿qué es esto? ¿Cómo no habláis
y con lágrimas rogáis
que no os dejen vuestros padres?
Basta que el hambre insana
os acabe con dolor,
sin esperar el rigor
de la aspereza romana.
Decildes que os engendraron
libres y libres nacistes,
y que vuestras madres tristes
también libres os criaron.
Decildes que, pues la suerte
nuestra va tan decaída,
que, como os dieron la vida,
ansimismo os den la muerte.
¡Oh, muros, muros de esta ciudad!
Si podéis hablar, decid
y mil veces repitid:
¡Numantinos, libertad” (Vv. 1338-1357)
La intervención final de la Fama, dirigiéndose a los romanos moralmente vencidos y “haciendo un canto al heroísmo de la ciudad celtíbera”, contiene de nuevo unos versos donde se exalta el valor del pueblo y el cumplimiento implícito a que dicha herencia le obliga
“Indicio ha dado esta no vista hazaña
del valor que los siglos venideros
tendrán los hijos de la fuerte España,
hijos de tales padres herederos” (Vv. 2433-2436)
Versos válidos para arengar a los españoles en cualquiera de los muchos momentos de opresión sufridos a lo largo de su historia, y en los que Cervantes manifiesta su intención de hacer extensivo a sus contemporáneos la necesidad de luchar por la libertad. Esta epopéyica obra, que por sí sola coloca a Cervantes al frente de todos nuestros dramaturgos, aún mantiene un hondo y vibrante sentir, como queda demostrado por la larga influencia ejercida sobre la literatura española de todos los tiempos. En definitiva, la Numancia es una obra comprometida con su tiempo y en la que ya despuntan los temas esenciales del resto de la obra cervantina, especialmente el del sumo valor de la libertad, tan imprescindible que, cuando falta, ni siquiera debe haber tiempo para el amor, o sea, un ideario que nos devuelve al planteamiento inicial de La Galatea como obra seudopastoril, pues ese género blandengue sólo es un pretexto, un nuevo y fructífero procedimiento de lucha. Decía, pues, que las sospechas de que La Galatea formaba también parte del conjunto de actuaciones organizadas por Cevantes en torno al asunto de la Compañía, me obligó a replantear parte de mis ideas sobre el Quijote y, especialmente, sobre el momento en que Cervantes toma contacto con dicho asunto, pues si la Vida de Ribadeneyra se publicó en castellano en 1583 y La Galatea debía estar prácticamente finalizada en ese mismo año [14] , ¿cómo pudo Cervantes disponer de tiempo para realizar una obra que, además de su evidente dificultad, oculta una parodia interna tan compleja como la del Quijote y cuya fuente es, igualmente, la Vida? Recordemos que la edición latina de la Vida había sido impresa en Nápoles sobre marzo de 1572 y que, a pesar del secreto que rodeó a la edición, hubo bastante gente interesada en hacerse con el libro, pues el estampador se había reservado una cantidad considerable que, lógicamente, pensaría vender (“Yo creo que el estampador no queda con ninguno; que 25 que avía escondido, ya me los ha dado. Grande diligencia he hecho para que no quede rastro por allá; no sé si bastará. Aquí tengo 500 libros, con mi llave guardados” [15] ). Junto al ocultismo, destaca en el fragmento la inseguridad, el temor de que, a pesar de tantas precauciones, el estampador se haya salido con las suyas. ¿Estaban Cervantes y sus amigos entre el grupo de interesados en la compra clandestina de ese libro? Se sabe que, desde 1570 hasta 1575, estaba en Italia, y que desde 1571 pasa prolongadas estancias en Nápoles, según acreditan algunos documentos y el hecho de que en algunas de sus obras, incluida La Galatea, Nápoles aparezca bastantes veces citada. Pero se da además la circunstancia de que La Galatea está dedicada a Ascannio Colonna, “a quien Cervantes debió conocer en Roma, cuando servía allí a monseñor Acquaviva, de quien Ascanio Colonna era amigo” [16] Ambos personajes aparecen citados en la dedicatoria de La Galatea, probablemente con la intención de que estos datos sirvieran en el futuro como pistas, pues ya he comentado que Cervantes pudo conocer la historia y las vicisitudes del Relato en la casa de Acquaviva, también muy interesado en el asunto de la Compañía y cercano al pensamiento de Cervantes, según el buen recuerdo que dejó en su memoria. Allí en casa de Acquaviva debió hacerse Cervantes con una de las primeras copias de sólo ocho capítulos del Relato que circularon por Roma, e iniciarse en esta rocambolesca aventura para el resto de su vida. ¿No sería lógico pensar que ese joven Cervantes, interesado en el asunto de la Compañía, del que probablemente tuviera algunas noticias ya desde Alcalá, intentara conseguir en Nápoles uno de los libros de la Vita? A todo eso debe añadirse, como ya se sabe, que Ribadeneyra vivía en Toledo desde 1574 y que las prevenciones de la Compañía se vieron estorbadas por el desacuerdo de muchos e importantes miembros de la orden, convertidos en posibles difusores de informaciones, libros y documentos secretos. En general, todo esto son sólo conjeturas que, de un lado, vendrían a reforzar la teoría de Rodríguez Marín sobre la posibilidad de que La Galatea estuviera escrita antes de 1575, o la de Astrana Marín sobre la posibilidad de que parte al menos de la obra debió de escribirse en Argel. Ambas posturas se sostendrían, como veremos, sobre la eventualidad de que Cervantes se hiciera en Nápoles con una edición latina de la Vida, que la tradujera y que, allí o en el cautiverio, escribiera una novela rematada en España tras su libertad. La otra posibilidad sería que, después de regresar del cautiverio, Cervantes se hiciera con una Vita latina y, tras traducirla, en poco más de tres años, escribiera La Galatea. Esa sería la teoría confirmada por el propio Cervantes en el Quijote, cuando informa sobre la compra de manuscritos en el Alcaná de Toledo y la traducción del morisco, probablemente una información novelada partiendo de los hechos reales ocurridos a Cervantes, o una manera simbólica de aproximarnos al lugar donde Ribadeneyra residía en aquellos momentos y donde debieron ocurrir algunos de esos hechos. A favor de las teorías de Rodríguez y Astrana, y en contra de las restantes, podría argumentarse que si Cervantes tardó casi veinte años en escribir la primera parte del Quijote, es lógico pensar que no pudiera crear La Galatea en poco más de tres años, tiempo en el que además debió tener una intensa actividad extraliteraria, pues anduvo por Orán, Lisboa, Madrid y Esquivias. Aunque esa argumentación puede, a su vez, desvanecerse añadiendo que en apenas doce años (1605 y 1616) escribió la segunda parte del Quijote, el Persiles y prácticamente el resto de su obra conocida. La estrecha relación existente entre La Galatea y la Vida es muy semejante a lo ya visto en el Quijote. En ella Cervantes se inicia en los métodos crípticos que después desarrollará en sus restantes obras. Encontramos en La Galatea los referentes externos más simples, las palabras y expresiones más representativas de la Vida. Frente a las 61 veces que aparece el vocablo “compañía” en el Quijote, en La Galatea, a pesar de sus diferencias de extensión, lo hace 65, fundamentalmente porque la parodia se centra en la Compañía como institución, pues Galatea, como después lo será Marcela, es en ambos casos una pastora que enamora a un grupo de pastores que la siguen por los campos. A esa base paródica Cervantes añadirá, como en el Quijote, un sin fin de referentes que sirven de pistas para seguir el hilo histórico de los acontecimientos y para confirmar el trabajo de imitación externo e interno. Mi intención, sin ser exhaustivo, es sólo señalar superficialmente la parodia de los rasgos más destacables del estilo de Ribadeneyra y de sus expresiones más características. La primera es la archirrepetida frase “nunca lo puedo acabar con él”, una muletilla presente en casi todos los primeros escritos de la Compañía, entre ellos el Relato, razón por la que a Ribadeneyra le gusta recurrir a ella
Cervantes la repite unas cuantas veces con el mismo esquema (adverbio de tiempo + verbo poder + acabar con él), añadiéndole incluso el distintivo “compañía”
No menos significativa en la historia escrita de la Compañía es la frase “A mayor gloria de Dios”, convertida en lema de la Compañía y utilizada por todos sus miembros con profusión
En una ocasión aparece en La Galatea, y va unida a la exhortación de la pastora como representante y líder del grupo de seguidores enamorados
De la misma manera que Ribadeneyra hace de la Compañía la culminación de todas las virtudes y perfecciones humanas y divinas, Cervantes concentra en Galatea todos los tópicos de la belleza femenina, cerrando la intervención de Elicio con esa expresión que otorga al texto paródico la calificación de auténtica osadía. Igual ocurre con otra frase presente en el Relato y después absorbida por Ribadeneyra
y posteriormente por Cervantes
No menos representativa del lenguaje de la Compañía es la expresión “pasar en silencio”
también repetida en la Galatea
La insistencia de Ribadeneyra en proclamar la brevedad como una de las características esenciales de su libro
es igualmente parodiada por Cervantes
También Ribadeneyra, a pesar de los resultados, persevera en su obsesión por convencernos de la autenticidad de su Vida, incluso recurriendo a su relación con Loyola, siempre presentada como más profunda de lo que fue en realidad
Cervantes parodia esas pretensiones dentro de un contexto bastante atrevido
De la misma manera que Ribadeneyra se dedica a construir metáforas interesadas sobre la intensidad de su relación con Loyola, Cervantes sostiene un juego similar partiendo de la idea de los celos amorosos. Ya en el capítulo 9 y 14 vimos cómo calificaba la relación de Ribadeneyra con el Relato como una cuestión de celos. Aquí ocurre lo mismo, y existe el referente “criados a los pechos” para sugerir la ambigua lectura profunda. Es decir, además de su significado de reflexión sobre los celos amorosos, el texto actúa como acusación contra Ribadeneyra y sus falsas imaginaciones (“criados a los pechos de falsas imaginaciones, crescidos entre vilísimas envidias, sustentados de chismes y mentiras”) al pensar que iba a ser elegido por Loyola como confidente para su biografía. Ese es el sentido de todos los reproches y el de la última línea, pues no es que se le acuse a Ribadeneyra de desear el mal a Loyola, sino de haber hecho una biografía tan falsa e inapropiada que es, en definitiva, un daño irreparable contra la persona a quien se pretende beneficiar. Además de esos referentes, las actitudes de los protagonistas de la Vida también son imitadas, por ejemplo la tendencia al éxtasis y las alucinaciones
Timbrio se queda traspuesto y extasiado, tal como en varias ocasiones hemos visto quedar a Loyola y algunos de sus compañeros. Igualmente las lágrimas, suspiros, sollozos y otras muestras de emoción características de los miembros de la Compañía
se aprecian con profusión en los pastores cervantinos
También encontramos en La Galatea la escena, ya comentada en el Quijote, de la encrucijada de caminos
inspirada en la versión de la Vida
Podrían añadirse otros muchos ejemplos de referentes formales, pues
el tejido narrativo de La Galatea está, como el Quijote, impregnado
de la Vida desde sus inicios hasta su final. La Dedicatoria es un
claro ejemplo de ello. La crítica ha comentado su falta de originalidad,
su amalgama de frases comunes inspiradas en misivas semejantes de
la época, aunque habría que añadir que esas influencias genéricas
le llegan a Cervantes a través de su imitación de la Vida. De sus
tres dedicatorias, la más utilizada es la dirigida al inquisidor general
Baltasar de Quiroga. Aunque ese texto se ha reproducido enparte con
anterioridad, merece la pena volver a hacerlo para reseñar las múltiples
concomitancias existentes entre él y la dedicatoria cervantina
Cervantes debió escribir la dedicatoria de La Galatea cuando ya tenía finalizada la obra, o sea, alrededor de 1584, con la Vida ya publicada en castellano y, por lo tanto, con la posibilidad de utilizar esa dedicatoria a Quiroga, cuyos subrayados y negritas permiten comparar a simple vista la cantidad de referentes concretos con la Dedicatoria de La Galatea
La primera frase de la dedicatoria ya rebosa ambigüedad pues, aunque la lectura externa es un claro ejemplo de tópica modestia frente al gran personaje (“Ha podido tanto conmigo el valor de V. S. Ilustrísima, que me ha quitado el miedo que, con razón, debiera tener”), hay un vocablo, “miedo”, que sorprende por su contundencia e incita a pensar en una posible lectura profunda, donde todos los tópicos al uso se convierten en referentes irónicos a la realidad histórica, pues el razonable miedo de Cervantes (“me ha quitado el miedo que, con razón, debiera tener”) quizás se deba no a la falta de calidad de su primera novela (“osar ofrescerle estas primicias de mi corto ingenio”), sino al compromiso en que pone a Ascanio Colona al dedicarle un libro cuyo trasfondo político puede acarrearle consecuencias fatales. Sólo así se entiende que Cervantes haya vencido su miedo gracias al reconocido valor de Colona, con lo que parece sugerir la firmeza de las convicciones ideológicas y la falta de temor de quien “no sólo vino a España para ilustrar las mejores universidades della, sino también para ser norte por donde se encaminen los que alguna virtuosa sciencia profesan, especialmente los que en la de la poesía se ejercitan”. ¿Se refieren esa virtuosa ciencia y el ejercicio de la poesía al compromiso ético que implica cualquier actividad intelectual? ¿es el valor de decir la verdad lo que convierte a Colona en guía de quienes están también comprometidos?. Casualmente casi todos los vocablos aparecidos en esa frase son comunes y muy representativos del estilo de la Vida (encaminar, virtud, profesar, ejercitar y guía), lo que hace pensar que Cervantes se burla de Ribadeneyra siguiendo su mismo juego aunque en sentido contrario, pues la frase termina con una metáfora marinera muy del gusto de Ribadeneyra: “seguro puerto y favorable acogimiento”
A continuación Cervantes introduce una muletilla (“este mi pequeño servicio”) también muy propia de Ribadeneyra, que la utiliza exactamente igual en su dedicatoria a Quiroga
Y en esa misma frase vemos en negritas y subrayada la expresión “la memoria de aquel”, también imitada por Cervantes: “la memoria de aquellos” Junto a Ascanio Colona aparece mencionado Acquaviva y un grato recuerdo sobre ambos, reforzando la teoría de una amistad cómplice de los tres en torno al asunto de la Compañía, sobre el que gira La Galatea. El resto de la dedicatoria es un acarreo de expresiones y contenidos extraídos de la de Quiroga, aunque con el orden un poco trastocado. Así cuando alaba a Colona por su bondad y estirpe (“la clara y generosa estirpe do desciende, la cual en antigüedad compite con el principio y príncipes de la grandeza romana”) está parodiando las excesivas alabanzas de Ribadeneyra al cardenal (“cuán grande príncipe y perlado había de ser vuestra Señoría Ilustrísima en la Iglesia de Dios”). O cuando Ribadeneyra, como acto fallido, solicita la autoridad de Quiroga para reforzar su verdad (“dar con su autoridad fuerza a la verdad, que en esta historia se escribe”), Cervantes acredita la suya con una cantidad (“como nos lo certifican mil verdaderas historias”) La protección solicitada por Cervantes (“debajo de cuya fuerza y sitio yo me pongo ahora, para hacer escudo a los murmuradores que ninguna cosa perdonan”) está igualmente inspirada en la que solicita Ribadeneyra de Quiroga (“ninguno que le leyere pueda poner duda en la verdad de lo que se escribe, ni calumniar lo que ve confirmado con testigo de tanta autoridad, y defendido, y amparado con la sombra y escudo de V. S. Ilustrísima”). La despedida, además de protocolaria y tópica, vuelve a coincidir en ambos casos, ya que Cervantes suele escudarse en estos lugares comunes para hacer más amplias sus aproximaciones a la Vida (“Guarde nuestro Señor la persona de V. S. Ilustrísima” / Nuestro Señor guarde la Ilustrísima persona de V. S.”). En el cuadro siguiente quedan claros los múltiples referentes y paralelismos Vida Galatea
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