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CAPÍTULO NUEVE La imagen congelada de don Quijote y el vizcaíno con las espadas altas y desnudas vuelve a recordar el sentido simbólico de la narración, es decir, el momento de la amenaza de paliza con varas que pesa sobre Loyola, hecho histórico en torno al que gira la parodia. El capítulo 9 prosigue la información adelantada, en parte, por el narrador al final del octavo, volviéndose a explicar con más detalles por qué se interrumpe la batalla de don Quijote con el vizcaíno y el modo como se encontraron los manuscritos donde se continúa. En realidad, se trata de una información donde es difícil delimitar, por ahora, lo real de lo simbólico, pues todos los elementos aportados, lugar, autores, traductor o manuscritos, forman parte de la misma trama histórico-novelesca en la que quedan mezclados y confusos.
La imagen congelada de don Quijote y el vizcaíno con las espadas altas y desnudas vuelve a recordarnos el sentido simbólico de la narración y el momento representado, es decir, la amenaza de sala que pesa sobre Loyola durante su estancia en París. Pero el narrador añade algunos detalles, aparentemente prolijos, aunque sustanciosos para el lenguaje profundo. El primero es la reiteración del carácter histórico de los acontecimientos, utilizando la misma expresión (“desta historia”) empleada en varias ocasiones en la Vida
También reaparece el calificativo “famoso”, y se añaden algunos temores sobre las posibles consecuencias del golpe con que se amenazan los contendientes, matizando que si ambos se aciertan “por lo menos se dividirían y fenderían de arriba abajo y abrirían como una granada”, excelente metáfora de la situación en que hubiese quedado el grupo de estudiantes y compañeros de Loyola que formaban el incipiente núcleo de la aún no nacida Compañía, ya que de producirse el castigo dicho grupo se hubiera dividido de arriba abajo, es decir, desde la cabeza (Loyola) hasta las extremidades (sus compañeros), provocando su desintegración, como muy precisamente sugiere la metáfora de los granos desparramados de la granada. Un símbolo naturalista sugerido por Ribadeneyra en el capítulo central de la parodia de este noveno, donde le atribuye a Loyola una serie de pensamientos que le vienen a la cabeza en los momentos previos a recibir el castigo universitario
Loyola teme que sus jóvenes seguidores (“plantas tiernas”), acobardados ante la paliza que van a presenciar, abandonen sus propósitos evangélicos (“sin jugo de devoción”) y, por lo tanto, la idea de seguirle. Sin embargo la metáfora de la granada es todavía más concretamente una clara variación sobre otro fragmento también referido a la reunificación de los primeros compañeros
Hay una gran analogía entre el “se desparcieron” de la Vida y el abrirse o desparrarmarse de la granada. Incluso el golpe (“en guisa de descargar dos furibundos fendientes”) está también inspirado en la Vida, en un fragmento ya ampliamente manipulado por Cervantes
En ambos textos está presente la furia y el verbo descargar y, además, la misma idea del golpe iracundo. Igual ocurre con el calificativo sabrosa (“en aquel punto tan dudoso paró y quedó destroncada tan sabrosa historia”), también aplicado por Ribadeneyra en el mismo fragmento donde se narran los momentos de la amenaza que pesa sobre Loyola
Si en el capítulo octavo el narrador con cierta inseguridad decía "que no halló más escrito destas hazañas", ahora matiza "que en aquel punto tan dudoso paró y quedó destroncada tan sabrosa historia". O sea, sabe que la historia no finaliza en su manuscrito, sino que está "destroncada", arrancada de su cuerpo o inconclusa, como el Relato, donde su autor no da noticias de "dónde se podría hallar lo que della faltaba"
El narrador está apesadumbrado no sólo por el disgusto de carecer de la continuación sino por conocer la dificultad (“mal camino”) para encontrar “lo mucho que a mi parecer faltaba de tan sabroso cuento”. Por un lado se sugiere el secuestro del Relato y la casi imposibilidad de hallarlo, pues la orden de entrega que pesaba sobre los jesuitas, obligados por voto de obediencia, le cerraba la posibilidad de adquirirlo a través, probablemente, de su anterior proveedor. Pero además, el narrador comenta su error de apreciación al pensar que al Relato le faltaban muchos capítulos (“lo mucho que a mi parecer faltaba”), algo lógico si se tiene en cuenta que el capítulo VIII se interrumpe en el momento donde se narran los acontecimientos de París, cuando Loyola tiene menos de cuarenta y cinco años y todavía no ha fundado la Compañía ni se había establecido en Roma, lo que hacía suponer un libro “mucho” más extenso. Con ese “a mi parecer” el narrador está reconociendo su error de apreciación e, indirectamente, su conocimiento del verdadero volumen del Relato, es decir, que ya posee la copia completa y que el Relato es mucho más breve de lo imaginado. Tampoco pierde la oportunidad de ensalzarlo literariamente, calificándolo como "sabroso cuento" de gustosa lectura (“el gusto [...] tan sabroso cuento”). Una opinión inspirada en una de las muchas frases incoherentes de la Vida y relacionada con los libros
También vuelve a insistir en una idea ya expuesta al final de capítulo anterior, negándose a aceptar la posibilidad de que el Relato hubiera caído en el olvido, pues sería insólito ("cosa imposible y fuera de toda buena costumbre") que le faltara continuidad y dejara incompleta la biografía ("nunca vistas hazañas") de Loyola, es decir, las partes censuradas o manipuladas por sus posteriores biógrafos, cosa que nunca le había ocurrido a los demás “caballeros andantes”, es decir, a los demás santos o aventureros, cuyas vicisitudes habían sido siempre ensalzadas sin ningún tipo de censura. Olvido, pues, inaceptable en una orden culta, donde sería ilógico carecer de "uno o dos sabios, como de molde, que no solamente escribían sus hechos, sino que pintaban sus más mínimos pensamientos y niñerías [1] , por más escondidas que fuesen". Frase de ambiguas lecturas y, probablemente alusiva a los distintos biógrafos de Loyola ya existentes en la época de Cervantes. El primero de estos escritores aludidos parece ser Gonçalves, ya que entre los muchos nombres dados al Relato a lo largo de su historia, el original quizás fue “Hechos”, según figura en el prólogo escrito por el P. Nadal hacia 1561 para la traducción latina del Relato
Los jesuitas consideraban a su fundador un nuevo apóstol, por eso no es extraño que Nadal le diera al libro ese nombre que lo equiparaba con los “Hechos de los apóstoles”. Tampoco sería extraño, dado el rechazo mostrado contra el libro por las demás órdenes, que ese fuera precisamente uno de los primeros reproches contra él, entre otras cosas porque Loyola no sería canonizado hasta medio siglo después y, por lo tanto, a las demás congregaciones debería parecerles bastante prepotente, casi herético, que se equiparara con los apóstoles a un hombre que pocos años antes había sido acusado de iluminista. Tal vez por eso Cervantes haga esa sutil primera mención al Relato o libro de los hechos de Loyola, y después a Ribadeneyra, el autor capaz de pintar “sus más mínimos [2] pensamientos y niñerías, por más escondidas que fuesen”, frase con mucha más retranca de la aparentada, por un lado porque en ella coinciden varios vocablos (pintar, mínimos y niñerías) ya utilizados irónicamente por el inapropiado y ridículo empleo que se hace de ellas en la Vida y, por otro, porque se alude también a una de las libertades retóricas más llamativas de Ribadeneyra, referida a la tranquilidad con que en una biografía, donde como insiste Cervantes se debe respetar escrupulosamente la historia, máxime si se trata de la vida de un santo, él introduce con absoluto descaro los pensamientos más recónditos de Loyola. Ya se han visto ejemplos en los capítulos anteriores. Escojo, además, otro donde queda patente la referencia a Ribadeneyra como autor que pinta los más recónditos pensamientos de su biografiado
Además de los pensamientos, el narrador apunta que aquellos sabios pintaban también sus niñerías ( “tenía uno o dos sabios como de molde, que no solamente escribían sus hechos, sino que pintaban sus más mínimos pensamientos y niñerías por más escondidas que fuesen”), una nueva referencia al fragmento donde Ribadeneyra utiliza ese vocablo para disminuir la importancia de la denuncia del inquisidor contra Loyola en París
Para quitarle hierro a la acusación y para no profundizar en el asunto, Ribadeneyra adopta ese tono condescendiente con el inquisidor, y califica de “niñerías” las denuncias. Por eso el narrador del Quijote espera que haya algún sabio que escriba sus niñerías “por más escondidas que fuesen”, es decir, aquellas partes del Relato que habían sido censuradas en la Vida, algo que contradice sus primeras promesas
En esta declaración de principios, Ribadeneyra promete abiertamente recoger no sólo los “hechos” de Loyola, sino sus más insignificantes o mínimos pensamientos (“algunas de las secretas que a pocos se descubrían”). Precisamente la última frase (También diré...) es una de las típicas verdades a medias de Ribadeneyra pues, evidentemente, con ella comunica solapadamente la utilización que hará del Relato como fuente esencial de su libro. Todo esos trucos y artificios dedicados a embaucar a sus lectores, son reciclados por Cervantes con el objetivo de aprovechar esos mismos materiales para reírse del engañador y, a su vez, avisar y educar sobre los procedimientos y objetivos del complot eclesiástico. Algo de lo que culpa a los tiempos que corren
Son los tiempos, los malos momentos históricos, los culpables de que una historia tan valiente como el Relato permanezca desaparecida probablemente para siempre, al menos en esa parte aún no encontrada por el narrador y que deja la obra "manca y estropeada", expresión con la que Cervantes, ironizando sobre su brazo, identifica su situación personal con la del libro. En resumen, el narrador, a pesar de que ya ha conseguido su objetivo, está haciendo una narración retrospectiva de sus pensamientos y vicisitudes antes de lograrlo, o sea, un pretexto para comunicarnos la impotencia y decepción sufrida ante la difícil posibilidad de encontrar la continuación del manuscrito, del que se negaba a aceptar su desaparición, pues sería la primera vez que le ocurriera a un caballero andante “de los que dicen las gentes, / que van a sus aventuras”, es decir, de los pertenecientes al bando de los aventureros, cuya simbología ya se vio en el capítulo 7.
La historia de don Quijote debía ser moderna pues, aunque no estuviera escrita, la gente todavía la tendría en su memoria. Es de nuevo otra coincidencia con la vida de Loyola y su fama, y la frase está inspirada en un fragmento de Ribadeneyra donde además de decir algo muy parecido sobre la modernidad de Loyola (“un hombre que fue en nuestros días”), trata de garantizar la autenticidad de su escritura con la existencia de esas personas
Según el narrador, don Quijote nació en una aldea (“la gente de su aldea”), otra coincidencia con Loyola, también nacido en una aldea, el caserío de Loyola, un conjunto de casas que no llegaban a constituir un pueblo. Se debe tener en cuenta el revuelo levantado en torno a la figura de Loyola a partir de 1595, cuando empiezan a tomarse en Madrid los testimonios ordinarios para el proceso de canonización. Eso supuso la revisión y reconstrucción de cuantos informes y noticias se tenían de todo lo referente a su vida antes y después de la conversión. Suponía también hablar mucho, recordar detalles y acontecimientos ahora envueltos en el halo de un futuro santo. Todo eso debió despertar la curiosidad y admiración hacia ese español que, partiendo de la nada y luchando contra todos, había logrado fundar una orden, asentarla en Roma y lograr fama de santidad. Si las declaraciones de testigos se inician en 1595, quiere decir que algunos años antes ya habían comenzado las investigaciones sobre el asunto, pero no sólo en Azpeitia, sino en todas las ciudades donde Loyola había residido, como Alcalá, Toledo, Salamanca, Barcelona o Manresa, probablemente lo que el narrador ha denominado aldeas circunvecinas. También conviene saber que Ribadeneyra fue designado en 1595 promotor del proceso de canonización, para lo que envió cartas a los distintos colegios requiriendo informaciones y testigos, con el consiguiente reflorecimiento de la figura de Loyola y la desconfianza y oposición de quienes discrepaban de los métodos utilizados por Ribadeneyra en su Vida. En definitiva, todo ello supuso un rescate de la figura de Loyola (“estaría en la memoria de la gente”) y una recreación en su vida y milagros, tal como indica el narrador: “Esta imaginación me traía confuso y deseoso de saber real y verdaderamente toda la vida y milagros de nuestro famoso español don Quijote de la Mancha”. La expresión subrayada es un claro referente a ese prólogo donde Ribadeneyra, de forma muy parecida a como en este capítulo 9 está haciendo el narrador, explica parte de su trabajo y se refiere a los principios de la Compañía
El narrador, usando la misma expresión, participa de ese deseo colectivo de conocer los orígenes de la Compañía, cuya primera piedra es Loyola, a quien también sutilmente se alude con el doble sentido de la expresión coloquial “toda la vida y milagros” [3] , pues ya hemos visto que Ribadeneyra le atribuye desde el principio todo tipo de milagros, y otros muchos que irán después apareciendo de este “nuestro famoso español”, calificativo especialmente adecuado para Loyola, a quien no sólo determina el posesivo “nuestro” que familiarmente gusta emplear Ribadeneyra, sino por ser famoso y “español” , matización apropiada sólo cuando se habla de alguien cuya fama ha trascendido nuestra fronteras. La ironía de Cervantes se manifiesta en esos dos adverbios “real y verdaderamente”, con los que vuelve a marcar sus diferencias con Ribadeneyra. Sobre la fama de Loyola (“nuestro famoso español”) hay múltiples referencias en la Vida
Los siguientes atributos (“luz y espejo de la caballería manchega”) parecen tópicos de los libros de caballerías, sin embargo ambos piropos los encontramos en la Vida, concretamente en esos prólogos iniciales que están sirviendo de núcleo paródico de estos principios del capítulo 9, aunque Cervantes al juntarlos y unirlos a “caballería manchega” les otorga una dimensión irreconocible. El concepto de “luz” aparece de muchas formas, sirvan de ejemplo las dos siguientes
Casi lo mismo pasa con espejo
Don Quijote fue “el primero que en nuestra edad y en estos calamitosos tiempos se puso al trabajo y ejercicio de las andantes armas”. Otra frase construida a base de distintos conceptos también sacados de la Vida, pues ya sabemos que Loyola se propuso revivir el evangelio apostólico en aquellos tiempos en que la Iglesia estaba asolada por la herejía, según suele decir Ribadeneyra con esas mismas expresiones
Es evidente que el tono general empleado por el narrador irónicamente procede de ese apocalíptico estilo que tanto iba a proliferar entre católicos. De esos fragmento se extrae, además, el sentido de ejercitarse, que abundará en la novela, el tono militarista, la crítica a la depravación de los tiempos y la necesaria ayuda enviada por Dios para combatirlos. No menos abundante en la Vida es el concepto simbólico de armas, o sea, los medios espirituales de los cristianos para luchar contra el mal (“los armaba Ignacio”). Don Quijote, como Loyola, “se puso al trabajo y ejercicio de las andantes armas, y al de desfacer agravios, socorrer viudas y amparar doncellas” ocupaciones, según ya se ha visto, propias de Loyola, siempre favorecido por Dios. La frase “si no era que algún follón o algún villano de hacha y capellina o algún descomunal gigante las forzaba” es una referencia al fragmento también ya comentado del Relato, donde Loyola impide que los soldados fuercen a unas mujeres
¿No es el ejército ese “descomunal gigante” contra el que se enfrenta un solo caballero en defensa de unas mujeres?, ¿no es este caballero, todavía seglar, luz y espejo de esta nueva Iglesia que en "tan calamitosos tiempos se puso al trabajo y ejercicio" de resucitar el espíritu del cristianismo apostólico? Las empresas acometidas por don Quijote ("desfacer agravios, socorrer viudas, amparar doncellas, de aquellas que andaban con sus azotes y palafrenes") son, pues, similares a las emprendidas por Loyola. A él pertenecen y en él se inspira el valor y la entrega altruista que aparecerá una y otra vez en don Quijote: “Digo, pues, que por estos y otros muchos respetos es digno nuestro gallardo Quijote de continuas y memorables alabanzas”, una especie de recolección-conclusión del narrador también inspirada en otras alabanzas sobre Loyola
Hay un claro paralelismo entre los elogios del narrador a don Quijote en esa especie de preámbulo explicativo que constituye el capítulo 9 y los de Ribadeneyra a Loyola en la introducción dedicada “A los hermanos” La conclusión del narrador es que don Quijote merece continuas alabanzas, que es, en definitiva, lo insistentemente hecho por Ribadeneyra. Se le aplica ahora a don Quijote-Loyola el calificativo “gallardo”, antes atribuido al libro (“gallarda historia”), con lo que Cervantes demuestra su admiración hacia los gestos valerosos, hacia quien lucha, con fuerza o con inteligencia, por defender sus ideales, pues el Relato es, como los hechos narrados en él, un acto de valentía en defensa de la verdad. También el Quijote es una burla alegórica con la que su autor arriesga la vida, razón por la que pide estimar su trabajo (“y aun a mí no se me deben negar, por el trabajo y diligencia que puse en buscar el fin desta agradable historia”), y aunque resalta el tremendo esfuerzo realizado en su exhaustiva parodia total, quizás lo que solapadamente sugiere es que se aprecie el grave riesgo asumido para conseguir el resto de los documentos secuestrados y el atrevimiento de la imitación. Vuelve a calificarse elogiosamente al Relato como “agradable historia” y, a continuación, se añade un nuevo detalle para su identificación y recuperación: “aunque bien sé que si el cielo, el caso y la fortuna no me ayudan, el mundo quedara falto y sin el pasatiempo y gusto que bien casi dos horas podrá tener el que con atención la leyere" La adquisición del libro ha sido posible gracias a la ayuda del "cielo, el caso y la fortuna". Tres felices coincidencias donde "cielo", ya citado con el mismo sentido al final del capítulo 8, además del significado de ayuda celestial o milagrosa, puede funcionar con el ambivalente de ayuda eclesiástica. ¿Cómo consiguió Cervantes los manuscritos? Por dos veces parece sugerir que fue algún religioso (“cielo”) de quien, por agradecimiento, no quiere dejar pistas comprometidas. Y otra vez se repite la admiración hacia el libro ("pasatiempo y gusto") y finaliza con las discutidas "casi dos horas podrá tener el que con atención la leyere". Tiempo que, lejos de acomodarse al Quijote completo de 1605, se ajusta perfectamente al que puede utilizarse en la lectura del Relato. Cervantes matiza "con atención", advirtiendo, como uno de los pioneros estudiosos del Relato, de la complejidad y riqueza de su sobria y efectiva prosa. Y acto seguido explica cómo encontró las fuentes
Con una expresión abundante en la Vida (“estando un día”) comienza este fragmento que nos sitúa al narrador en Toledo, ciudad bastante presente en la obra de Cervantes y posiblemente visitada por él en varias ocasiones, por lo que el episodio de la compra de los manuscritos podría responder a una realidad o, de nuevo, a un dato simbólico para situarnos en la ciudad donde había nacido Ribadeneyra y donde residió algunos años tras su vuelta a España en 1574. Por su correspondencia sabemos que el jesuita se dedicó a escribir en esos años la versión castellana de la Vida, y que allí reunió toda la información entonces existente sobre Loyola, según se deduce de numerosas cartas dirigidas a Roma requiriendo algunos textos que necesitaba. La elección de Toledo como lugar donde se adquieren los manuscritos que permiten la continuación de la historia parece, pues, estar relacionada con la presencia y el trabajo de Ribadeneyra en dicha ciudad. No obstante, todo lo relativo a los orígenes y proveedores de los manuscritos está envuelto en un ambiente alegórico y despistante, ya que el temor a represalias obliga a la máxima precaución para proteger a los colaboradores. Por lo tanto, el lugar lo mismo pudo ser Toledo, Madrid o Alcalá, donde la reacción de los propios jesuitas contra la decisión de secuestrar los escritos de Gonçalves fue bastante virulenta. Pero además esta historia del hallazgo de los manuscritos no está, en mi opinión, relacionada con el momento del nacimiento del Quijote, sino algunos años antes, probablemente poco después de la vuelta de Cervantes del cautiverio, lo cual no es óbice para que, algunos años después, introduzca en su novela, mezcla de historia y ficción, el relato de aquellos acontecimientos. El hallazgo de los manuscritos se hizo, pues, según informa el narrador, tras una hábil maniobra donde, al margen del dinero, jugaba un papel importante la astucia, pues el éxito del negocio está en adelantarse al sedero a quien iban dirigidos. ¿Sólo por el ahorro de evitar a ese intermediario o porque ese profesional de la seda es un fino trasunto de los hábiles jesuitas que andaban tras todos los manuscritos de Gonçalves? El trabajo y diligencia que, según el narrador, costó conseguirlos, apunta a complicados trapicheos y a una especial dedicación e interés. Una vez el narrador tiene en sus manos "un cartapacio" descubre que está escrito en arábigo, lengua que dice no saber "leer", pero en el sentido de traducir, pues según el contexto siguiente, el trabajo del "morisco aljamiado que los leyese" consistirá en traducirlos. Fue fácil en Toledo encontrar traductor "pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara". Aclaración superflua con toda la pinta de ser una nueva pista sobre la verdadera naturaleza de los manuscritos, posiblemente escritos en latín, por ser la lengua común usada por los jesuitas, y “mejor y más antigua” que la árabe por la rica cultura que representa. Otro golpe de suerte (“En fin, la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio, y leyendo un poco en él, se comenzó a reír") le proporciona un “morisco aljamiado” que hace de traductor simultáneo, un caso también excepcional en la época, pues como dice Murillo “Dar de esta manera en Toledo con un morisco que leyera árabe (y se supone castellano) no habría sido fácil a principios del siglo XVII. Imagina Cervantes una circunstancia que habría sido mucho más probable años antes” [4] . Sin embargo sí hubiera sido fácil hallar rápidamente en Toledo alguien capaz de traducir del latín al castellano. En resumen, es muy probable que Toledo aparezca como lugar del hallazgo por la vinculación de Ribadeneyra con esa ciudad, y que toda la información restante sean aditamentos desorientadores de la verdadera identidad del documento encontrado, ahora definido no como papeles o cartapacios, sino como un libro (“poniéndole el libro en las manos” y más abajo “aquel libro”) que debemos suponer escrito en latín dadas las muchas circunstancias que lo sugieren y el tono burlón generalizado, pues mientras se espera que la burla nazca de “la asociación que en la opinión popular tenía la Mancha con moriscos” mentirosos, la auténtica mofa surge con la relación de toda la verdadera historia con los católicos, desenmascarados en la Vida como sutiles embusteros.
La risa del morisco y el tono burlón del narrador con el verbo decir otorga a todo el párrafo una complicidad nacida de varias asociaciones, pues en el lenguaje externo se entiende que la nota sobre Dulcinea no es informativa sino satírica, ya que en ella se mezcla lo árabe de la escritura con la prohibición religiosa de la carne de cerdo. Sin embargo, si buscamos una relación formal entre la aparición de esa nota adicional, que según especifica el morisco se encuentra en el margen de la página a mitad del libro, con algún detalle similar en el Relato, aparece una coincidencia extraordinaria, pues no más tarde de 1562 Gonçalves de Camara añadió al Relato “trece adiciones marginales: doce a la parte española, y una a la italiana” [5] . Precisamente la nota número trece, es decir, la única inserta en la parte del Relato desconocida hasta ahora por el narrador, se encuentra en el capítulo X, y dice
Por una parte está el texto, donde se cita, como tantas veces en el Relato, a “Nuestra Señora”, y por otra, entre asteriscos, la nota adicional añadida con posterioridad. ¿No es “Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida” una clara referencia a esa “Nuestra Señora” tantas veces mencionada en el Relato? El morisco está hablando “sin dejar la risa”, manteniendo ese tono burlón cuyo verdadero significado parece encontrarse en la relación mantenida con el lenguaje profundo, cuya continuidad también se extiende a la nota adicional, aludida a través de la insistente utilización del verbo decir, precisamente repetido cinco veces (Díjele...dijese...dijo...dicho... dicen), el mismo número que en la nota de Gonçalves (dije...dijo...decía...dijo...dijo) Se trata de otro increíble referente, de un nuevo recurso en este variado repertorio de juegos ingeniosos utilizados por Cervantes para informar de que, además de tener el Relato primitivo e incompleto, ahora posee otro manuscrito con todos los capítulos restantes, pues está parodiando la única nota adicional existente en la parte del Relato escrita en italiano. Y para no dejar lugar a dudas (y aunque abuse de la reproducción del fragmento) merece la pena comprobar cómo sin apenas notarse y en tan poco espacio, Cervantes imita sorprendentemente la nota del Relato
La ingeniosa parodia morfológica consta, pues, de la repetición cinco veces del verbo decir, más un número de vocablos superiores a diez, añadiéndole a todo ello la cercana presencia de “Nuestra Señora”, de quien, como ya sabemos, Dulcinea es un trasunto novelesco. Incluso puede hablarse de cierta disposición paralela en la colocación de los vocablos repetidos: yo, escribo, cosas, y él...dijo, refería, otras / yo, cosa, escrita, y él...dijo, referida, otra. Relato Quijote
Ese mismo juego en torno al verbo decir lo repite Cervantes en el Viaje del Parnaso, precisamente en un lugar donde el lenguaje medio en broma está también cargado de matices religiosos y temores a hablar
La evidente chacota en torno al verbo decir (9 veces) difumina un poco la crítica a la censura (no puedo decirlo / me obligo de no decir / No nos cayan / dirételo al oído), y exalta el ingenio para burlarla, “No nos cayan en el chiste”
El estado del narrador (“atónito y suspenso”) suele encontrarse combinado de muchas formas en la Vida, siempre con dobles adjetivos cuyo propósito es provocar esa efectista impresión tan graciosamente parodiada por Cervantes
La historia de Loyola se le "representó" (ya se ha visto a Ribadeneyra utilizar ese mismo verbo y con el mismo sentido) como la de don Quijote, y “Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo" De nuevo el tono burlón con el verbo decir vuelve a ser parodia del juego ya iniciado por Ribadeneyra cuando al poner título a su libro imita al de Gonçalves, en cuya edición latina del manuscrito Ve dice
Las semejanzas entre este título y el de la Vida son abundantes, pues está claro que Ribadeneyra se inspira en los tres cuerpos de que consta el de Gonçalves
Aunque este título de Ribadeneyra está inflado, en lo esencial es prácticamente igual al del Relato Relato Vida
En su afán por hacer un título lo más parecido al de Gonçalves, ha imitado hasta la última coletilla, aunque salvando las distancias, pues donde el Relato dice narrado por el mismo B. Padre, él se ha visto obligado a colocar esa filigrana en la que se conserva como referente la expresión “por el mismo” Cervantes actúa de forma semejante, haciendo que la traducción del título hecha por el morisco mantenga un juego paralelo con el de la Vida
Aunque a primera vista parecen muy diferentes, en ambos casos se repiten los tres elementos fundamentales Vida Quijote
Salvo esa diferencia formal (Vida / Historia), el resto del núcleo de ambos títulos está formado por el nombre de pila evolucionado de sus protagonistas, Ignacio / Quijote, más el sobrenombre de sus respectivas tierras, de Loyola / de la Mancha. Seguidos del nombre de cada uno de los autores, precedidos por la expresión “escrita por”, que en la Vida lleva la aclaración “en latín”, parodiada por Cervantes con la frase “historiador arábigo”, pues ya hemos visto que al latín, como forma protectora y burlesca, se le refiere como “arábigo”, sin olvidar que Ribadeneyra había sido enviado a Toledo como historiador de la Compañía, o sea que historiador arábigo quiere decir en el lenguaje profundo historiador latino. Queda por último la parodia del nombre, pues según se va viendo, el famoso Cide Hamete Benengeli debe corresponderse con el padre Pedro de Ribadeneyra. Se ha escrito tanto sobre dicho nombre que es fácil encontrar apoyos para cualquier teoría. Para el nombre completo, según Geoffrey Stagg, es muy probable que Cervantes se inspire en el de “Cid Amet Alubedi, considerado notable sabio en torno al año 1579. Obsérvese la proximidad en la estructura silábica de ambos nombres” [7] Stagg llega a la conclusión de que el nombre de Cide Hamete está “asentado sobre una estructura de tres partes” susceptibles de estudio particular. Cide quiere decir <mi señor> y “corresponde al tratamiento del sector social de los morabitos, según la información que transmite Haedo en su Topografía e historia general de Argel escrita entre 1527 y 1529. Los morabitos eran, por lo común, ministros de la religión, docentes u hombres de letras” Probablemente Cervantes conoció durante su cautiverio en Argel ese sentido honorífico, entre lo religioso y docente, de la palabra Cide (mi señor), y le pareció apropiada como parodia del título honorífico “Padre” que le corresponde a Ribadeneyra. Tal como apunta Stagg, se trata de un “recurso humorístico” dirigido “contra los prejuicios antiárabes tradicionales” “Cide” puede incluso apuntar a su vez en otra dirección, pues ya sabemos que el verdadero nombre de Ribadeneyra era Pedro Ortiz de Cisneros, siendo Cide un anagrama extraído de ese apellido (de Ci) y a la vez el tratamiento de honor paralelo al de “Padre” que se le otorga a los religiosos católicos. Hamete procede, según Murillo, del nombre propio Hámed, <el que alaba, el que glorifica>, y su relación con Ribadeneyra casi no necesita comentario, pues según se va viendo, la Vida más que una verdadera biografía es un auténtico panegírico. Para que esa serie de dudosas coincidencias ganen credibilidad se necesitaría un dato más contundente, algo que reforzase la identificación con Ribadeneyra, y eso lo aporta el apellido Benengeli que, puesto en boca de Sancho, Cervantes convierte en “Berenjena” (QII, 2), fruto con el que jocosamente se alude a los toledanos: “Benengeli es una cómica deformación y tiene sentido de <aberenjenado> o <berenjenero> Covarrubias registra el refrán que alude al gran gusto que tenían los Toledanos a la berenjenas: <<Toledano, ajo, berenjena>> [8] . El hecho de que Ribadeneyra fuera toledano y de que pasara, además, gran parte de los últimos años de su vida en dicha ciudad, concretamente mientras Cervantes escribe el Quijote de 1605, hace de ese apellido un dato decisivo en la búsqueda de matices, pues no olvidemos que la prudencia obligaba a Cervantes sólo a sugerir. En definitiva, el nombre de Cide Hamente Benengeli es una especie de compendio de pequeños detalles tras el que se oculta el nombre del toledano religioso adulador de Loyola, o del Padre adulador berenjenero. Entre las más de treinta veces que aparece Cide Hamete entre la Primera y Segunda parte del Quijote, hay algunas donde se aprecia especialmente esta cualidad de adulador característica del nombre de Hamete
Esta fórmula de alabanza tan propia de la literatura religiosa árabe, no es ajena a la literatura religiosa católica, ni mucho menos a Ribadeneyra, de quien encontramos en su Vida algunas exhortaciones muy próximas a las de Cervantes
Además de ese “Bendito sea” y el tono general de alabanza deísta, en el siguiente fragmento se repite, tal como ha dicho el narrador (“repite tres veces”), tres veces la bendición
La relación entre el estilo de Cide Hamete y la de Ribadeneyra parece bastante clara, pero hay además otras informaciones a lo largo del Quijote que prueban sobradamente su identidad.
Hay en general un aire socarrón cuyo verdadero sentido se aprecia fundamentalmente una vez conocido el fragmento que lo inspira
Ribadeneyra explica cómo escribió su libro en latín y él mismo lo tradujo después al castellano. Y con esa información juega el bachiller Sansón Carrasco en ese fragmento de la Segunda Parte donde, además de Cide Hamete como autor original, se menciona al “curioso” traductor encargado de verterlo, tal como, no sin cierta petulancia, el mismo Ribadeneyra dice haber hecho con su libro. Cervantes añade además el irónico “nuestro vulgar castellano” como referencia a la menor categoría que, frente al latín, otorga Ribadeneyra a nuestra lengua. Igual sentido se aprecia en la alusión al intérprete (“y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante”) y en lo referente al carácter universalista. Según Ribadeneyra su libro se ha traducido para que puedan gozar en todo el mundo quienes no saben latín, por eso en el Quijote se añade que el objetivo de la traducción es el “universal entretenimiento de las gentes” Vida Quijote
En otras ocasiones la presencia de Cide Hamete sigue igualmente asociada a la personalidad de Ribadeneyra emanada desde su Vida
Todo el fragmento está construido a base de distintas referencias pertenecientes a diversos fragmentos de la Vida. En primer lugar esa irónica alusión a los “centinelas de nuestra fe”
A los tres referentes en negritas debe añadirse el claro paralelismo de tono comprensivo hacia la Inquisición existente en ambos textos, reforzados con analogías como “despiertas centinelas” e “Inquisidores...prudentes...cuidadosos” La misma actitud compresiva y edulcorante del anterior fragmento se encuentra en otro donde Ribadeneyra vuelve a justificar la intervención de la Inquisición contra Loyola
Se repite la presencia del verbo temer y el tono exculpatorio con los inquisidores, justificados como “prudentes” “cuidadosos” y “con buen celo”
En general, de estos textos se desprende esa ambigua sensación de comprensión y temor a la Inquisición burlescamente parodiada por Cervantes con el asunto de la cabeza parlante, un fragmento en cuya última frase aparecen otros referentes relativos a la prisión de Loyola en Salmanca (“no pasase más adelante, porque el vulgo ignorante no se escandalizase”)
Es como si pretendiera que volviéramos a relacionar de nuevo el interés de Ribadeneyra por congratularse con quienes abusaron injustamente de Loyola, para que de ninguna manera se nos pase la estrategia seguida. Igual ocurre con ese despectivo “el vulgo ignorante”, repetido en varias ocasiones en la Vida
En general, la intención de Cervantes es transmitir sutilmente la falta de credibilidad que ofrece cualquier texto de Ribadeneyra. Lo explica muy bien Gerhardt cuando dice que Cide Hamete Benengeli “pertenece a un pueblo de proverbial carácter embustero, y la insistencia constante del narrador en su también proverbial fidelidad histórica no resulta suficiente para borrar del lector, y muy especial del lector contemporáneo de Cervantes, la primera imagen sospechosa” [9] Parece clara la relación existente entre Ribadeneyra y Cide Hamete gracias, sobre todo, a esos ejemplos del Quijote de 1615, escritos cuando Cervantes ya había comprobado la reacción de la Compañía y la Inquisición tras la publicación de la Primera Parte de 1605. El que no se hubiesen metido con él durante todos esos años, le permitió confiar en su estrategia y seguir trabajando con mayor libertad y atrevimiento, pues los jesuitas habían decidido, además de no editar más la Vida, no remover el asunto. “Una de las características particulares apreciadas por Marthe Robert en Cide Hamete Benengeli es que, contrariamente a los autores ficticios que desaparecen ocasionalmente, extiende su actividad y su influencia hasta el mismo final de la obra. Benengeli no es totalmente el primer autor, pues ha sido precedido por otros, entre los que está el autor anónimo gracias al cual Cervantes ha conocido los primeros capítulos de la obra. De esta forma, son tres al menos los autores del Quijote: este autor anónimo de una parte, Benengeli de otra, y Cervantes en fin, por su papel de compilador y ordenador de los textos” [10] Las conclusiones de M. Robert cuadran exactamente con la historia de la Compañía pues, en efecto, Cide Hamete no desaparece durante toda la novela, ya que la presencia de la Vida en el Quijote es permanente hasta su punto y final. Igual concuerda la diferencia y distancia existente entre Hamete y el primer autor, es decir, el padre de don Quijote, sin lugar a dudas Gonçalves (“gracias al cual Cervantes ha conocido los primeros capítulos de la obra”) En definitiva, hay un primer autor que es Gonçalves, fuente esencial y fidedigna de todas las informaciones, y eje general de la estructura de la obra [11] . Hay también que recordar que el mismo Gonçalves se vale a su vez de los pequeños trabajos hechos con anterioridad por los primeros compañeros de Loyola, como Polanco, Laínez, etc (de ahí la precisión de Robert: “ha sido precedido por otros”). Un segundo autor, Ribadeneyra, que absorbe a Gonçalves y a todos los anteriores, incluidos los informes de viva voz recogidos con posterioridad, y cuyo trabajo se va ampliando o, mejor dicho, inflando en las sucesivas ediciones de su libro [12] , donde se incluye todo cuanto van publicando otros nuevos historiadores de Loyola. Y un tercer autor, Cervantes, cuya labor consiste en parodiar todos los trabajos, aunque con distintos criterios, pues el objetivo esencial es burlarse de las manipulaciones del segundo autor y restaurar la personalidad y prestigio del primero e, indirectamente, la verdadera imagen de Loyola, unificador de todos los trabajos.
La presencia del muchacho vendedor, la alegría del hallazgo, la anticipación al sedero y el buen precio conseguido parecen ser recursos simbólicos creados para dar cuenta de detalles por ahora indescifrables, no obstante ese “todos los papeles y cartapacios” probablemente encierra alguna información relativa a la adquisición de algunos libros y documentos pertenecientes a Loyola y, por supuesto, no publicados, pues como vimos no sólo el Relato había sido secuestrado sino también todos los escritos de Gonçalves. Pero además sobre 1585 ya habían aparecido otras biografías y estudios sobre Loyola que también circulaban solamente como material de carácter interno de la Compañía.
El claustro de la catedral toledana escogido como escenario para cerrar el trato con el morisco introduce de nuevo el tono eclesiástico, la sospecha de que se encubre en realidad un asunto religioso. E inmediatamente aparecen las referencias a la Vida, pues el narrador ruega al morisco que vuelva todos los cartapacios en lengua castellana “sin quitarles ni añadirles nada”, en el lenguaje profundo un claro reproche a Ribadeneyra y sus promesas incumplidas
El mismo fragmento sigue siendo el objeto central de la parodia, relacionando esta nueva información sobre la compra y traducción de los cartapacios con la traducción hecha por el propio Ribadeneyra de su Vida latina. Cervantes utiliza el verbo volver y Ribadeneyra traducir, pero en ambos casos aparece la expresión “en lengua castellana” y el verbo añadir. En el caso de Cervantes para pedir respeto a la traducción, y en el de Ribadeneyra para tomarse esa licencia (“añadido”) cuyo verdadero resultado va a ser la cantidad de morralla existente en la Vida, el perro inflado del prólogo de 1615, que como indica Soons “es un símil del contenido poco consistente que encierra la historia creada por Benengeli” [13] . La hinchazón del texto castellano está explicada y justificada en numerosas ocasiones en la Vida, a la vez que se insiste constantemente en el criterio de brevedad que rige todo el libro y que inmediatamente queda desmentido por su contenido. A todo ello debe añadírsele otro fragmento donde Ribadeneyra certifica sin ninguna consistencia la autenticidad de su libro
El paralelismo con el texto cervantino es patente, pues a los dos verbos señalados hay también que sumarle la expresión “tratar de” (“todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada”) presente en el texto de la Vida con ese sentido de escribir sobre alguien, el mismo empleado por Cervantes.
Siguiendo con la crítica a las promesas y al estilo de la Vida, ahora Cervantes se refiere irónicamente a la cacareada e inexistente brevedad de la Vida
La intención de Ribadeneyra es dar con su libro contento a la curiosidad de sus hermanos por conocer los orígenes de la Compañía, y hacerlo brevemente
Todo el fragmento es un claro ejemplo de prosa prolija y contraria al contenido del discurso, especialmente en los últimos renglones, con los que se trata de justificar (“nadie se maraville”) la labor inflacionista realizada en la traducción. Tras el acuerdo de las cláusulas contractuales, el narrador nos informa de los últimos detalles
La impaciencia del narrador por el buen fin de su negocio es el dato fundamental de esta última información donde de nuevo aparecen asociadas expresiones existentes en la Vida
A partir de este punto, el narrador promete ofrecernos la traducción hecha por el morisco del libro de Cide Hamete, que como veremos es la parodia hecha por Cervantes sobre el final de la amenaza de sala que pesaba sobre Loyola en el momento en que se interrumpió la narración castellana del Relato, una información que, al no aparecer en ninguno de los capítulos restantes, pues Gonçalves no dice ni una sola palabra al respecto, sólo existe en la Vida, que es, como veremos, donde se inspira Cervantes para concluir este asunto. El párrafo finaliza con una matización temporal ("poco más de mes y medio") que aporta nuevos datos, y sobre todo dudas, al asunto de los manuscritos, pues teniendo en cuenta que el morisco traduce simultáneamente lo que lee ("volviendo de improviso el arábigo en castellano") ¿qué manuscritos que traten de Loyola ha traducido durante mes y medio? Si Cervantes ya tiene los ocho primeros capítulos del Relato en castellano, y tan sólo le faltan por traducir los tres restantes, cuya extensión apenas supone 15 páginas que ocuparían como mucho 2 ó 3 de los poco más de 45 días dedicados por el morisco a su trabajo, ¿a qué escritos se refiere? Probablemente, lo que tradujo el morisco fue la Vida latina de Ribadeneyra, publicada en Nápoles en 1572 y no traducida al castellano hasta 1585. Por eso toda esta información en torno a los manuscritos parece referida a la historia personal de Cervantes con ellos, una historia iniciada mucho antes de comenzar a escribir el Quijote y cuyos orígenes deben situarse tras su estancia en Nápoles. El caso es que, como se verá más adelante en el comentario sobre La Galatea, Cervantes poseía una versión latina de la Vida desde antes de que apareciera la castellana, y que toda la historia del capítulo 9 sobre los cartapacios de Toledo es una recreación en unos acontecimientos ocurridos en aquellos años en que se hizo y tradujo la versión latina. ¿Estuvo Cervantes en Toledo entre 1580-1584, fecha en que debió escribir o finalizar La Galatea? Son detalles importantes que probablemente, con el tiempo, se irán aclarando. Lo significativo, y en parte lógico, es que Cervantes, después de llegar de un penoso cautiverio en el que se distingue como infatigable defensor de la libertad, se dedique, ahora literariamente, a una nueva causa contra la opresión y la mentira. El interés que la historia del Relato le había despertado en Italia, seguía, pues, vivo tras su cautiverio. De todas formas, hacerse con la Vida, es decir, la recreación en los hechos del Alcaná, no debió ser tan difícil como hacerse con el Relato, pues la Vida, aunque se había editado con sigilo y sin difundirse, era una obra aceptada por la Compañía y sobre la que no pesaba una orden de secuestro. El mismo Ribadeneyra debía de estar ansioso por que se conociera en España, pues estaba muy orgulloso de su libro y, como se deduce por su correspondencia, deseoso de publicar su versión castellana, acabada varios años antes de ser editada. El narrador concluye en el último párrafo diciendo que el morisco tradujo los cartapacios “del mismo modo que aquí se refiere”, aunque no se inicia la traducción inmediatamente, sino la descripción de un dibujo existente al frente del primer cartapacio. Un claro despropósito intencionado, pues “El hecho de que el protagonista y el vizcaíno aparezcan dibujados significa que Cervantes no tiene en cuenta que las figuras animadas y humanas estaban prohibidas en los libros árabes, y por tanto no tendrían razón de ser en un libro árabe como el que escribe Benengeli” [14]
El razonamiento de Clemencín sobre la prohibición de figuras animadas en los textos árabes indica no un error de Cervantes, sino un detalle más de su estrategia para lograr que tales anomalías provoquen la investigación de sus verdaderas intenciones, pues el significado del verbo pintar, y todos los demás detalles relativos a las figuras existentes en el cartapacio, es el de “Describir o representar viva y animadamente personas o cosas por medio de la palabra” [15] , según suele utilizarlo, como ya vimos, Ribadeneyra. La misma acepción vuelve a aparecer otras veces en la Vida, muy especialmente en una especie de nuevo prólogo que figura al frente del Libro V y de gran relevancia para estos momentos del capítulo 9
Loyola “pinta” en las Constituciones al perfecto “prepósito” e indirectamente se dibuja él mismo “al natural” y “perfectísimamente sacado”, tal como aparecen las figuras del primer cartapacio, “al natural” y “maravillosamente pintado”, y además "en la mesma postura que la historia cuenta" o sea, en la misma posición o actitud descrita en el Relato, Loyola amenazado de una paliza por defender un ideal. También se repite el término “batalla” que, como ya se ha visto, tiene en el lenguaje profundo el mismo sentido dado en el Relato y la Vida, es decir, enfrentamiento ideológico, lucha individual contra lo establecido. Cervantes está ofreciéndonos una visión general del capítulo III de la Vida, de sus características literarias, de los muchos y absurdos detalles ofrecidos por Ribadeneyra sin profundidad ni sentido, por eso irónicamente dice que los personajes están todos pintados muy al natural, y la mula "tan al vivo" que hasta se aprecia en ella un detalle tan extrapictórico como ser de alquiler. No sólo ironiza sobre la incapacidad de Ribadeneyra de crear personajes profundos a pesar de los muchos detalles que les añade, sino que además vuelve a recrearse en una de sus reiterativas expresiones
En las dos ocasiones Ribadeneyra repite la expresión “tan al vivo y tan al propio”, cosa que Cervantes ha imitado aunque disimulándolo, “tan al vivo ... con cuánta advertencia y propiedad”
Este retrato del caballo es todo un prodigio imaginativo. Rocinante ha sido hasta ahora un símbolo del Relato, del texto que ha movido a don Quijote, pero en este punto de la amenaza de sala la información se ha truncado y Cervantes, para seguir, sólo cuenta con la Vida que, a partir de ahora, y por lo menos hasta el final del capítulo 14, será la fuente esencial, o sea que Rocinante deja de ser ese caballo piropeado por don Quijote como el mejor del mundo, para ser ese caballo tísico que va a conducir la narración de los siguientes capítulos basándose en la Vida, cuyo horroroso estilo queda reflejado con todas esas irónicas y burlescas características dibujadas en el cartapacio “maravillosamente pintado”, o sea “en un retrato perfectísimamente sacado”. Rocinante está “largo y tendido”, pues a pesar de que Ribadeneyra insiste constantemente en que no nos cansará con la prolijidad, ya sabemos que hace todo lo contrario, o sea, que la Vida es una versión extensa, alargada del Relato (“largo y tendido”), cuyo contenido queda “atenuado y flaco”, débil y sin fuerzas, ya que la Vida, respecto al Relato, gana mucho en extensión, pero pierde lo mismo en calidad y fuerza. En ese sentido utiliza Ribadeneyra los vocablos largo y flaco
Ahora es cuando claramente se comprueba el acierto del nombre, pues ya, tan delgado, no es el auténtico rocín de antes (rocín-antes), ahora es un caballo enfermo (solo huesos y tísico) que demuestra “con cuánta advertencia y propriedad se le había puesto el nombre de Rocinante". Aparece en esa frase un arcaísmo (propriedad) también existente en la Vida, precisamente en la dedicatoria donde Ribadeneyra ofrece explicaciones sobre su trabajo como traductor
El nombre está puesto con la misma “propriedad” con que Ribadeneyra traduce de una a otra lengua, o sea, con una intencionalidad oculta bajo formas ingenuas de la lengua. En resumen, esta pintura detallada del caballo, parece una histriónica metáfora de la versión hecha por Ribadeneyra del Relato y de su propia Vida, ambos libros deformados por la gran extensión, por la enorme dilatación de ese eje o espina dorsal (“con tanto espinazo”) que constituye el Relato y al que Ribadeneyra enflaquece su contenido. Esa es la razón por la que Rocinante no intervenga prácticamente en esta Segunda parte de 1605, y de que en el capítulo 15, tras la brutal paliza de los yangüeses, don Quijote pida a Sancho el cambio de caballería: “esa bestezuela podrá suplir ahora la falta de Rocinante, llevándome a mí desde aquí” (QI, 15)
La descripción de Sancho vuelve a corresponderse con la idea popular del fraile tragón y bonachón, y la dualidad de su nombre, que como ya se ha dicho representa a la totalidad de la Compañía, procede del “error del vulgo” al nombrarla
Esta es la única ocasión que se refiere en la Vida el equívoco popular o el doble nombre con que vulgarmente se conoce a la Compañía, por eso el nombre de Zancas también aparece una sola vez en el Quijote, a pesar del plural utilizado por el narrador: “con estos dos sobrenombres le llama algunas veces la historia”. Vemos, además, en los dos textos el verbo llamar más el sustantivo “nombre” y el pronombre indefinido algunos/algunas que completa el sentido paralelo de los dos fragmentos [16] El narrador añade la falta de interés por otros detalles (“Otras algunas menudencias había que advertir, pero todas son de poca importancia y que no hacen al caso”), un conjunto de palabras cuyo último sentido es ironizar de nuevo sobre el estilo de la Vida, y concluye, una vez más, moralizando sobre la verdad, “no hacen al caso a la verdadera relación de la historia, que ninguna es mala como sea verdadera” [17] , para remitirnos de nuevo a las promesas incumplidas de Ribadeneyra
Cervantes sigue, pues, insistiendo en los capítulos de la Vida donde especialmente se vulneran esas promesas previas sobre la verdad y la historia.
Tan comentadísimo fragmento puede dividirse, según los objetivos de su contenido, en tres partes diferenciadas. Una primera irónico-burlesca donde, abusando del tópico de mentirosos y enemigos achacado a los árabes [18] , Cervantes de quien realmente se mofa es de la mentiras encubiertas de los religiosos católicos. Ese primer apartado estaría unido al siguiente por la frase bisagra “antes se puede entender haber quedado falto en ella que demasiado”, que da entrada al núcleo del siguiente objetivo, cuya dirección es criticar, no ya la prolijidad de Ribadeneyra, sino su silencio o censura sobre las actitudes más encomiables de su fundador, de ahí el tono de reproche contra quien, por propios intereses, "pasa en silencio" aquellos hechos de Loyola más dignos de “alabanza”, o sea, sus enfrentamientos con los dominicos y la Inquisición. Ribadeneyra se exculpa de esas carencias con la comentadísima expresión “de industria”, oportunamente recordada aquí por el narrador
La importancia de la expresión radica en la mentira que encubre, pues no es la prolijidad el motivo del silenciar algunas “virtudes”, sino el interés y el miedo, dos razones que acto seguido se le echan en cara a Ribadeneyra y a la Compañía en general, pues con la frase "cosa mal hecha y peor pensada" parece que Cervantes, sin exculpar a Ribadeneyra, también acusa a la cúpula de la orden como última responsable de la idea ("peor pensada"). Y, a continuación, suelta una seria parrafada sobre la ética de los historiadores, que es a su vez un reproche a los procedimientos y malas artes de Ribadeneyra, aludido como historiador falso, apasionado, interesado y cobarde, pues en el fondo, la compleja estrategia del libro es, fundamentalmente, un pretexto para conseguir el plácet de inquisidores y dominicos. Indignado ante la manipulación de los hechos, Cervantes critica agriamente esa falta de ética y afirma, insistiendo en la importancia de la verdad, que ninguna historia "es mala como sea verdadera". Y termina su réplica airada acusando a Ribadeneyra de embustero y hasta de rencoroso, sugiriendo que no escribió la Vida sólo por encargo, sino movido también por su propio resentimiento hacia Gonçalves. El fragmento finaliza con un tercer apartado donde el narrador, en contraste con la Vida, asegura que en la historia de don Quijote se encontrará "todo lo que se acertare a desear en la más apacible", es decir, en el Relato, afirmándose, pues, como un historiador verdadero y que rehúsa todos los defectos criticados con anterioridad. Y si algún rasgo o noticia importante sobre Loyola no se le ha insuflado a don Quijote, no se debe, parece decir, a carencias del Relato o intereses o miedo, sino a su incapacidad como escritor ("y si algo bueno en ella faltare, para mí tengo que fue por culpa del galgo de su autor, antes que por falta del sujeto"). Una sencilla disculpa con la que parece resaltar la calidad del sujeto, es decir, Loyola, y con la que vuelve a parodiar otra engañosa frase de Ribadeneyra, a la que remite una nueva expresión paralela, "por falta de"
Ribadeneyra, sin la jocosidad de Cervantes, pero también con doble intención, dice que posiblemente su libro no esté a la altura de la verdadera historia de Loyola ("como ella merece"). Una astuta expresión que, además del sentido de modesta disculpa de escritor incapacitado para retratar a un hombre tan importante, también puede leerse como otro aviso sobre su intencionalidad, es decir, escribir la Vida lo mejor que pueda según nuestros intereses, para que no se pierda "por falta de escritor", con lo que no sólo justifica su proceder, sino que sutilmente niega la existencia de Gonçalves.
Como cansado de reproches y explicaciones, el narrador concluye con esa frase donde anuncia la continuación de la segunda parte, genéricamente calificada como “traducción”, pero entendida no en su acepción principal sino en el de parodia o interpretación del texto de Ribadeneyra que, como veremos, es el traducido.
La segunda parte se inicia, pues, retomando el hilo de la batalla abandonada en el capítulo 8, donde don Quijote y el vizcaíno quedaron, con las espadas en alto, dispuestos a destrozarse, en correspondencia, como dijimos, con la amenaza de sala que pesaba sobre Loyola. Aunque el capítulo núcleo de la parodia sigue siendo el III, Cervantes, para situarnos exactamente en el momento de los acontecimientos, recurre en primer a lugar al capítulo I, donde se narra la llegada de Loyola a París. Dedicado a sus estudios había abandonado provisionalmente su tarea evangelizadora y, por lo tanto, no era acosado por la Inquisición
De nuevo esta hiperbólica metáfora de la tempestad, de dudosa autoría a pesar de la afirmación de Ribadeneyra “así fue como él lo dijo”, sirve de punto de partida desde donde Cervantes inicia su traducción
Las exageradas apreciaciones del narrador están, por su estilo y vocabulario, claramente inspiradas en la metáfora de la galerna, de donde extrae esos tres significativos vocablos que son el empleo simbólico del verbo levantar, más cielo y abismo, en correspondencia al frenético vaivén de la vorágine marina. A ello hay que añadirle otros dos fragmentos de similar factura, el primero ya ha sido comentado como fuente de varios encontronazos de don Quijote
Aparece el vocablo “enojado” asociado al verbo amenazar, tal como han sido empleados por Cervantes (“los dos valerosos y enojados combatientes, no parecía sino que estaban amenazando al cielo”) Un segundo fragmento, perteneciente ya al capítulo núcleo, nos sitúa claramente en el momento real de la parodia, es decir, ante el enojo de Govea que provoca la amenaza objeto de la imitación
El enojo y la ira de Govea han sido atribuidos por Cervantes a los dos contendientes, pues según apostilla el narrador “tal era el denuedo y continente que tenían”, o sea, la briosa postura de ambos.
El terrible golpe del vizcaíno no alcanza a don Quijote porque la espada se le vuelve en el camino. Extrañísimo suceso, interpretado tradicionalmente como que la espada se le desvía o se le tuerce, pero cuya explicación hay que buscarla en el lenguaje profundo, donde Govea cambia repentinamente de intención y se vuelve atrás, es decir, desiste de darle a Loyola la paliza, o “rigurosa sentencia”, a la que estaba condenado
Este cambio repentino de idea y actitud fue, sin duda, lo que salvó a Loyola de la sala, y lo que Cervantes ha traducido como “volvérsele la espada en el camino” o “torció la espada de su contrario”, pues el golpe del vizcaíno sobre don Quijote, o la “rigurosa sentencia” contra Loyola, hubiera supuesto, en ambos casos, el fin de sus respectivas carreras. Ya antes vimos que Loyola no temía a la sentencia por sí mismo, sino por el efecto que podría producir en sus jóvenes seguidores, es decir, lo que Cervantes había traducido como la posible dispersión o desparrame de la granada. Ahora matiza que el golpe del vizcaíno hubiera supuesto incluso el fin de “todas las aventuras de nuestro caballero”, o sea, la dispersión del grupo y el fin del propio Loyola, claramente aludido de nuevo como “nuestro caballero”, en respuesta a las ocasiones en que en el capítulo III se le llama “nuestro B. Padre”, “nuestro padre” o “nuestro Ignacio”. No obstante el referente más llamativo, como en anteriores ocasiones, vuelve a ser la “rigurosa contienda”
Al igual que Loyola se salva gracias al inesperado cambio de Govea, interpretado por Ribadeneyra como obra de Dios (“Y viose la fuerza que Dios nuestro Señor dio a las palabras deste santo varón”), don Quijote se salva gracias a su suerte
El destino de don Quijote no era morir en una de sus primeras aventuras, sino acometer otras grandes empresas de todos conocidas, por eso su buena suerte ha torcido el furioso golpe del vizcaíno. Una ficción propia de los libros de caballería, donde el destino de los héroes está escrito y protegido por las estrellas. Aunque una vez más Cervantes se inspira en una frase de la Vida de idéntico sentido. En su primera época Loyola peregrinó a Jerusalén con la intención de quedarse a vivir cerca de los lugares donde había predicado Cristo, pero los religiosos de la ciudad santa le negaron el permiso, como a otros muchos, y le obligaron a marcharse amenazándole incluso con la excomunión
Nuestros protagonistas están pues marcados por sus destinos, aunque mientras Ribadeneyra atribuye a Dios esa protección determinista (“que para mayores cosas le llamaba”), Cervantes, para no caer en falta, lo atribuye a la buena suerte de don Quijote (“ que para mayores cosas le tenía guardado” La amenaza y la encerrona terminan con el espectacular cambio de Govea, arrodillado ante Loyola en presencia de todos los estudiantes y reconociendo a voces su santidad.
Don Quijote, furioso por la anterior agresión, arremete contra el vizcaíno hasta ponerlo a sus pies
Los tres elementos corporales de la Vida (manos, pies, oídos) actúan como referentes y se repiten en el texto cervantino, donde la aclaración de sacar los pies de los estribos puede a su vez interpretarse como un símbolo de la pérdida de control de Govea y su inesperada reacción ante los estudiantes. El simbolismo de la expresión “con tal furia descargó”, está claramente sugerido en el fragmento ya ampliamente comentado en el capítulo 8
El vizcaíno recibe la mayor parte del golpe en la cabeza, pues en el fondo su derrota es moral o ideológica, como la de Govea.
La imagen de don Quijote observando al vizcaíno tras asestarle el golpe y aguardando su caída para rendirlo definitivamente, vuelve a rememorar la idea de Loyola, triunfador ante los universitarios y con Govea a sus pies proclamando su santidad y pidiéndole perdón, que ese es a fin de cuentas la esencia de este fragmento donde las señoras del coche, que han contemplado la escena a distancia como los universitarios, ruegan a don Quijote el perdón de su escudero
Cervantes ha repetido este mismo esquema con lo tres claros referentes: el silencio forzoso (“Sin dejarle hablar más palabra” / “no podía responder palabra”), el grupo de observadores asombrados en segundo plano (“admiración y espanto de todos los presentes” / “con gran desmayo habían mirado la pendencia”) y la petición de clemencia (“le pide perdón” / “le pidieran...perdonar”), ésta última casi exactamente imitada por ser la clave de la interpretación. Vida Quijote
Don Quijote responde a las señoras con mucho entono y gravedad, dos actitudes que responden al gusto de Ribadeneyra por yuxtaponer a veces ideas contradictorias. El concepto de grave es uno de los más abundantes en la Vida y se encuentra aplicado a todo tipo de situaciones [19] Don Quijote responde, pues, con empaque
Esta respuesta está construida en base a otro fragmento de la Vida, donde, una vez más, aparece el Ribadeneyra literato a lo divino, y sus trucos
Tanto la respuesta de Loyola como la de don Quijote, además del estilo directo, contienen el pronombre “yo” unido al vocativo señor/señoras, más la aceptación de la propuesta previa, en el caso de Loyola jugar a los trucos, y en el de don Quijote perdonar al vizcaíno, más la expresión “haré lo que me pedís, pero con una condición”, cuya única diferencia en el Quijote es el cambio de la adversativa “pero” por “mas”. El resto del párrafo, aunque es muy diferente, mantiene el mismo sentido de fondo, pues en ambos se exponen las condiciones previas para llegar a un acuerdo. En el caso de Loyola, hacer durante treinta días la voluntad del ganador, y en el de don Quijote, ir al Toboso para que Dulcinea haga del vizcaíno “lo que más fuere de su voluntad”, o sea, lo que ella le pidiere, en definitiva la misma condición puesta por Loyola y con la misma expresión del verbo hacer más “lo que”. A ello se añade el tratamiento de vos (“jugaré, señor, con vos” / “lo que me pedís”) y los arcaísmos, por parte de Loyola “ganáredes” y “quisiéredes” o “ganare” y “pidiere”, y por parte de don Quijote “fermosas” y “fuere” Vida Quijote
La respuesta de don Quijote se complementa con otra nueva expresión atribuida, también en estilo directo, a Loyola en el mismo libro quinto de la Vida
Don Quijote quiere que el vizcaíno se ponga a disposición de Dulcinea (“para que ella haga dél lo que más fuere de su voluntad”), de igual forma que los jesuitas se ponen al servicio total del papa “para que a su voluntad nos envíe”
El capítulo finaliza con la victoria total de don Quijote y la aceptación de sus condiciones, tal como termina el capítulo III de la Vida, con Govea tan impresionado que posteriormente se hace jesuita, o sea, se pone enteramente a disposición de Loyola
| PRÓLOGO
| INTRODUCCIÓN | PRIMERA
PARTE: Don Quijote peregrino | Cápitulo
I | Cápitulo II | Cápitulo
III | Cápitulo IV | Cápitulo
V | Cápitulo VI | Cápitulo
VII | Cápitulo VIII | SEGUNDA
PARTE: DON QUIJOTE Y COMPAÑÍA | Cápitulo
IX | Cápitulo X | Cápitulo
XI | Cápitulo XII | Cápitulo
XIII | Cápitulo XIV | GENERALIDADES
| CONCLUSIÓN.AGRADECIMIENTOS
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[1] “No le espantaba el trabajo desabrido de aquellas prolijidades y espinosas niñerías” (Vida I, XIII) [2] “Es tan grande y tan antigua la obligación, y conforme a ella el deseo que toda esta nuestra mínima Compañía de Jesús tiene, de servir a V. S. Ilustrísima” (Vida, A Quiroga) [3] “Los milagros que V. P. al cabo refiere, son para mí tanto más admirables que los otros” (Vida, Granada II) [4] Murillo, o.c., n. 16, p. 142 [5] Carmen Artal, o.c., p. 7 [6] Viaje del Parnaso, Miguel de Cervantes, Edición de Vicente Gaos, Clásicos Castalia, Móstoles 1990, p. 112. [7] La ficción autorial en el Quijote, o.c. 48. [8] Murillo, o.c., n. 19, p. 143. [9] La ficción autorial en el Quijote, o.c., p. 57. [10] Ib., p. 61. [11] “el primer narrador, el que narra los ocho primeros capítulos del Quijote de 1605, al que retrospectivamente llamamos <<primer autor>>, empieza la narración situado en el nivel extradiegético, o sea el nivel del marco [...] supuestamente erigido en norma”, Ars combinatoria, James A. Parr, Actas XIII AIH, o.c., p. 642. [12] “El historiador moro sí es presencia en el texto, pero no es narrador. No habla; escribe. Como escritor, se le asocia con su medio de comunicación, la escritura”, Ib., p. 643. [13] La ficción autorial en el Quijote, o.c., p. 58 [14] Ib., p. 80 [15] Diccionario de la lengua española, R.A.E., Madrid 1992. [16] El asunto de las pinturas podría estar también referido a la afición de Ribadeneyra a pintar, especialmente retratos de Loyola y sus compañeros, según cuenta F. C. López: “hizo muchas pinturas del sancto Padre Ignacio de diversas maneras y estampas. Hizo el retrato del sancto (sacado como digo en un tratado que tengo escrito dello), tan bueno y tan perfecto, que el mismo pintor que lo hizo y hizo otros diez y seis luego sacados del mismo, no pudo llegar ni con mucho al primero. Hizo el cuadro de la aparición de Cristo a nuestro santo Padre Ignacio, que está en el noviciado; y el que está en nuestro colegio, de nuestra Señora y nuestros Padres primeros arrodillados ante la Virgen sanctísima, en la capilla del colegio; y la figura de bulto del sancto que está en la misma capilla; que, a dicho de quien lo entiende, está en extremo buena. Hizo los diez y seis cuadros grandes de la vida del Sancto, de tan buena traza y mano que pueden parecer donde hubiere buenas pinturas. Hizo los primeros diez compañeros de nuestro Sancto Padre Ignacio”. Confesiones, cartas y otros documentos, Ribadeneyra, o.c., p. 477. [17] “Y fue cosa muy conveniente hacer V. P. esto en este tiempo, donde da testimonio de muchas cosas como testigo de vista, y otras que pasó con el padre; y hace más verdadera su historia, pues se escribió en tiempo de tantos testigos de vista” (Vida, Granada 1) [18] “El padre Francisco López y otros dos hermanos, viniendo de la ciudad de Cochín a Goa, fueron atravesados con lanzas y muertos de los moros, enemigos de nuestra santa fe”, Vida II, XIX) [19] “Pero nuestro Padre no era hombre que se espantaba con voces ni con amenazas; y así sin turbarse punto, se estuvo muy sosegado, y con maravillosa serenidad y gravedad de rostro, comenzóle a apretar más con la fuerza de la verdad y con el peso de las vivas razones que le decía” (Vida V, IV)
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