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CAPÍTULO OCHO Los molinos de vientos transformados en gigantes de enormes brazos son la respuesta paródica de Cervantes al inmenso poder de la Inquisición, capaz de perseguir a Loyola desde Alcalá y Salamanca hasta París, donde fue acusado de proselitismo, y amenazado de recibir una paliza ejemplar. En ese punto, sin dar respuesta al desenlace de esa amenaza, finaliza la parte castellana del Relato, de igual forma que el enfrentamiento entre don Quijote y el vizcaíno finaliza sin respuesta porque, según el narrador, carece de la fuente de información en que se basa. En general, esta primera parte de 1605 concluye con la parodia de los hechos más significativos de la vida ascética de Loyola, abriendo en los dos últimos capítulos el camino para la creación y organización de la Compañía, materia para la segunda parte.
Si el capítulo 7 se cierra con don Quijote y Sancho iniciando la segunda salida y, de forma simbólica, representando la huida de Loyola desde Salamanca a París con la intención de reunirse allí con sus compañeros, este octavo se abre con una recreación directa en los nuevos acontecimientos ocurridos a Loyola en la capital francesa. No obstante Cervantes, antes de meterse de lleno en dichos asuntos, vuelve a recordar con pequeños matices el lugar donde se centra la parodia. El mismo epígrafe contiene algunos detalles significativos
La expresión “buen suceso” abre una serie de referencias al ya conocido fragmento de una de las dedicatorias de la Vida, de gran trascendencia en los inicios de este capítulo octavo
Además del “buen suceso” como irónico referente a esa primera parte del fragmento donde Ribadeneyra razona sobre la importancia de la verdad y su compromiso, Cervantes resalta el final, donde se concentran esa serie de términos militares y caballerescos que denotan la influencia de las novelas de caballerías en la Vida. Casi todo el final del epígrafe del Quijote (“con otros sucesos dignos de felice recordación”) parece inspirado en el otro final donde además del núcleo (“y otros acaecimientos que sucedieron mientras que él vivió dignos de memoria”) Cervantes introduce pequeñas variantes, como “recordación” por “memoria”, o “sucesos” por “acaecimientos”. El resto del fragmento de la Vida está además cargado de otros referentes quijotescos siempre repetidos con ambiguo sentido, como empresa (“por poco le hiciera dejar la comenzada empresa” QI, 2), acometido (“todas las hazañas que había acometido” QI, 22), encuentros (“tanto género de encantamentos, tantas batallas, tantos desaforados encuentros” QI, 49), etc.
Se aprecia también bastante paralelismo entre la referencia general de Ribadeneyra a “las empresas señaladas, que siendo él capitán, se han acometido y acabado” y la referencia concreta a la aventura de los molinos de viento, también una empresa “señalada”, según se deduce de su calificación de “espantable y jamás imaginada” Una vez finalizado el epígrafe y sus ocultas referencias a la dedicatoria “A los hermanos”, Cervantes vuelve inmediatamente al lugar donde dejó la parodia al final del capítulo 7, o sea, al momento en que Loyola camina desde Salamanca a París
Loyola se dirige a París desoyendo todos los consejos de sus amigos y mostrando, como él mismo recuerda, un gran valor (“nunca tuvo ningún modo de temor”), es decir, lo mismo que en el epígrafe se ha resaltado de don Quijote (“Del buen suceso que el valeroso don Quijote”), y que Ribadeneyra repite insistentemente [3] en los inicios de su libro, donde también se narra, con su correspondiente hinchazón, la llegada de Loyola a París
Guiado por Dios con el “favorable viento del Espíritu Santo”, Loyola llega sano y salvo a París. De nuevo Ribadeneyra, recurriendo a lugares comunes de la literatura religiosa, se saca de la manga esa protección divina inexistente en el Relato, ese simbólico viento favorable que sugiere a Cervantes el inicio de su capítulo 8
El favor divino que “guiaba” los pasos de Loyola se ha transformado en la buena suerte “guiando” los de don Quijote, siendo el verbo guiar el nexo con ese momento del peregrino camino de París, donde poco después de llegar vuelve a sufrir, como en Alcalá o Salamanca, el acoso de la Inquisición, otra experiencia más de las que constituyen su largo camino ascético, tal como sutilmente (“comenzaremos a enriquecer”) apunta don Quijote. El viento es a su vez otro genial referente, motor de la máquina espiritual de Loyola (“favorable viento del Espíritu Santo”) y fuerza simbólica que mueve la enorme máquina (“treinta o cuarenta molinos de viento”) de la Inquisición. Por eso don Quijote habla de “buena guerra”, refiriéndose a la mantenida por Loyola con la Inquisición, brazo armado de una Iglesia alejada del espíritu cristiano, del “servicio de Dios” Vida Quijote
cosas
cosas
viento
viento
guerra
guerra
Y así
y así
favor... guiaba
ventura
va guiando
favor de Dios
servicio de Dios
El resto de la intervención de don Quijote está igualmente punteada de otros referentes religiosos propios de la Vida, donde prácticamente aparecen todos esos conceptos. El primero es la satisfacción por la buena suerte, la “ventura” que les favorece (“La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear”)
Según Ribadeneyra hay que pensar y orar mucho antes de decidirse a servir a Dios, y hacerlo con deseo de agradarle y de acertar a tomar lo más conveniente, etc. Don Quijote ha dicho prácticamente lo mismo y casi con las mismas expresiones y vocablos en negritas. Igual ocurre con los conceptos de enriquecimiento (“con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer”) [4] o servicio (“y es gran servicio de Dios”) [5] Además, don Quijote manifiesta su intención de luchar contra los gigantes, empleando también terminología militarista de la Vida, como guerra (“esta es buena guerra”) [6] o batalla (“pienso hacer batalla”) [7] En definitiva, la primera intervención de don Quijote en este capítulo es un verdadero mosaico de alusiones al Relato y la Vida sobre el momento de la llegada de Loyola a París donde, como don Quijote sabe, se enfrentó al gigante de la Inquisición, de ahí que, al ver los molinos, piense hacer lo mismo, pues su objetivo es, con palabras de Ribadeneyra, labrarse y perfeccionarse, o enriquecerse.
Cervantes ha utilizado una medida itineraria, legua, equivalente a poco más de cinco kilómetros y medio, para describirnos sólo los enormes brazos del gigante, cuyas proporciones según ese dato, lo identifican como a uno de esos seres fabulosos de la tradición europea capaces de andar por el globo terráqueo dando zancadas entre los distintos países; una especie de ese temible coloso pintado más tarde por Goya con el mismo sentido simbólico, pues ¿quién sino la Inquisición posee un "poder gigantesco" [8] capaz de llegar con sus brazos desde Salamanca a París?
Los avatares del arzobispo Carranza son un claro ejemplo de que la persecución contra Loyola no fue un caso aislado, y de que el poder de la Inquisición española (“el largo brazo de España”) abarcaba gran parte de Europa
El inmenso poder de la Inquisición es, pues, la clave interna de la parodia, pues del Relato se deduce que Loyola fue perseguido en París debido a la información sobre su peligroso apostolado dada por la Inquisición española a la francesa, también alerta contra la herejía [11] . Es decir, la Inquisición, como los molinos, es un gigante capaz de llegar con sus brazos de un país a otro. Volvamos a las fuentes de la parodia. El capítulo VIII del Relato se inicia con la llegada de Loyola a la capital francesa. Allí, llevando una vida de duras penitencias, pasó un tiempo dedicado a estudiar, mendigar y relacionarse con otros religiosos, pero como no recibía limosna suficiente para sustentarse y perdía mendigando mucho del tiempo necesario para estudiar, decidió, siguiendo los consejos de un fraile, ir a Flandes para proveerse
Tras obtener dinero suficiente, vuelve a París y reanuda su tarea
evangelizadora
En cuanto reaviva su labor proselitista vuelven a repetirse los mismos problemas de Alcalá y Salamanca. Las conversaciones espirituales causan "grandes mutaciones" en algunos jóvenes y provocan "grande alboroto en la universidad". Es tal la influencia ejercida en sus nuevos discípulos ("personas señaladas y muy conoscidas") que entregan todas sus pertenencias a los pobres y, a imitación de Loyola, se encierran en el mismo hospital donde él había vivido antes. Entonces algunos españoles comienzan a "dar batalla" y sacan "con mano armada" a los encerrados del hospital. El Relato especifica que la oposición a Loyola está capitaneada por españoles, y utiliza, como Cervantes, el término "batalla"
A don Quijote le corresponde ahora, en consonancia con la persecución sufrida por Loyola, enfrentarse con esos treinta o más “desaforados gigantes”, símbolos del inmenso poder de la Inquisición. Y justifica su acción como "buena guerra" al "servicio de Dios" para "quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra". La misma intención de Loyola que, en cuanto inicia su ofensiva apostólica, se levantan grandes murmuraciones que ponen en marcha la enorme máquina inquisitorial
Es de nuevo Ribadeneyra quien favorece el juego simbólico atribuyendo a la Inquisición la facultad de tener “brazos”
Sancho no ve brazos, sino aspas, aunque su culta respuesta tampoco deja de ser metafórica (“que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino”), pues las piedras de molino forman parte de la tradición simbólica cristiana y se asocian a la idea de tragar o admitir lo inaceptable, que es lo que, en el lenguaje profundo, el escudero está aconsejando a don Quijote, es decir, que no luche contra la Inquisición y acate lo que se le manda. El matiz simbólico lo subraya la enorme cantidad de molinos, treinta o cuarenta, que hacen más descabellada la intención de don Quijote y más admisible su identificación con un tribunal con jurisdicción en varios países de Europa.
Don Quijote reprocha a su escudero falta de imaginación o incapacidad para comprender el auténtico sentido de las aventuras, pues su propósito no es triunfar sino enriquecerse en la ascética, en la “fiera y desigual batalla”, como también afirma Ribadeneyra: “la fatiga que daba a su alma la lucha de esta espiritual batalla” Además Sancho tiene miedo (“y si tienes miedo quítate de ahí“), como suele ocurrirle a los principiantes
Mientras Loyola estudia y se abstiene de predicar, nada le ocurre, pero en cuanto vuelve a su tarea evangelizadora “se levantó una tormenta grandísima”
La “tormenta” de Ribadeneyra es tan metafórica como la “fiera y desigual batalla” de don Quijote, los dos se encuentran ante una fuerza sobrehumana, desigual.
Sin escuchar los consejos de Sancho, don Quijote se lanza a la descabellada aventura, tan seguro de su fracaso como Loyola en París, aunque movido por una misma fe inquebrantable en su ideal. La acometida la hace dando voces y empleando como Loyola el vocablo criatura
Don Quijote “iba diciendo en voces altas” y Loyola daba voces y gritaba (“dar voces y a decir en grito”). En ambos casos aparecen la expresión decir en, más el vocablo voces, y la intensidad (altas o a gritos) Se lanza contra uno de los molinos sin echar de ver lo que era, es decir, con la misma actitud decidida y valiente de Loyola al acometer su tarea.
Ya vimos cómo en cuanto Loyola comienza a predicar se levanta la tormenta (“luego se levantó una tormenta grandísima”), es decir, comienza su enfrentamiento con la Inquisición. También el viento se levanta y mueve las aspas contra las que va a enfrentarse don Quijote. En ambos casos se utiliza el verbo levantar, que vuelve a repetirse en la Vida con el mismo sentido y en otro fragmento de gran trascendencia para el resto de esta parodia.
La actividad de Loyola y su influencia en los estudiantes provoca la intervención, el movimiento de los inquisidores (“Y así se levantaron [...] movidos por su ejemplo”). Para mantener el sentido profundo de su interpretación, Cervantes utiliza esos mismo verbos (“Levantóse en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse”) que sirven como claros referentes del contenido interno. En fin, empujados por el viento de las murmuraciones los brazos de los molinos comienzan a moverse y don Quijote, en vez de amedrentarse, se envalentona evocando al gigante Briareo que, según la mitología, tenía más de cien brazos, o sea, tantos como esa Inquisición capaz de actuar en Alcalá, Salamanca o París.
El acto de encomendarse a Dulcinea ya se ha visto como forma paralela al socorro solicitado por Loyola a Dios o a la Virgen cuando se encuentra en situaciones problemáticas. En este caso, casi toda la intervención del narrador esta formada a base de fragmentos de las diversas ocasiones donde se repite esa acción en la Vida
Don Quijote embiste al molino con el mismo ímpetu de Loyola (“con tanta furia “) [15] , sin temor a las consecuencias y conociendo la enorme fuerza de la Inquisición.
Durante el encontronazo Sancho ha permanecido alejado, y sólo al final se acerca lentamente a su amo (“Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su asno”). Se trata de otra nueva alusión al lenguaje profundo, otro paralelo con el Relato y la Vida, pues los compañeros de Loyola, aunque están en París y sufren la pendencia, no intervienen, sino que se alejan de él y quedan, como Sancho, en oración. Cuando llega hasta donde don Quijote está tendido, pronuncia esa compleja reprimenda, cuya significación sólo se entiende aplicada al lenguaje profundo, es decir, si se toman como referencia los enfrentamientos entre Loyola y la Inquisición, y el temor de los seguidores frente al valor del líder e ideólogo. De ahí que Sancho, aparentemente ajeno al calado de la lucha, concluya sabiamente que tan locos están los unos como los otros (“no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza "), expresión claramente inspirada en otra, ya citada, de la Vida contra los luteranos
La frase de Sancho, asociada a la de Ribadeneyra, viene a hacer tabla rasa sobre la locura religiosa de la época.
En consonancia con la indiferencia y el agnosticismo sanchesco, don Quijote trata de explicar las constantes variaciones y criterios (“continua mudanza”) causantes de aquellas guerras religiosas, donde lo que pocos años antes se consideraba bueno, por ejemplo los libros de Erasmo, poco después es malo. Precisamente Ribadeneyra reniega de Erasmo en un fragmento donde aparecen juntas cuatro de las palabras empleadas por don Quijote
También “mudanza” aparece a su vez en el capítulo de la Vida que sirve de núcleo para este octavo, informando de la “mudanza” que algunos universitarios parisinos hicieron con las predicaciones y vida de Loyola
En definitiva, don Quijote viene a decir que las cosas del espíritu están (“más que otras”) sujetas a la “continúa mudanza” de los intereses personales y no a las justas causas (“la bondad de mi espada”) Y a continuación culpa al “sabio Frestón” de haber transformado en molinos los gigantes para quitarle la gloria. Ya vimos en el capítulo 7 que, tras el nombre de Frestón, se oculta el del bachiller Frías, celoso acusador de Loyola en Salamanca (“en estas cosas se había mostrado siempre más que los otros”) y probablemente, según lo dicho por don Quijote, el instigador de las persecuciones parisinas. Don Quijote, simbólicamente, está recordando que la persecución contra Loyola en París es fruto de la conexión entre la Inquisición española y la francesa. Por eso acusa a Frestón de “enemistad” y “malas artes”, expresión alusiva a las posibles irregularidades, a la inquina del bachiller Frías. Si en el capítulo 7 Frestón "sabe por sus artes y letras" que "andando los tiempos" será derrotado por don Quijote, aquí el caballero vuelve a pronosticar su futuro triunfo, “al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes” El encontronazo finaliza con una de las primeras sentencias religiosas de Sancho
Además de la frase hecha que va sugiriendo el componente religioso del personaje de Sancho, su acción de ayudar a don Quijote también forma parte de esa iniciación paródica pues, según ya se ha visto, en el Relato se explica que Loyola, al principio de su peregrinación, no quería llevar compañeros por varias razones [16] . Ahora que don Quijote va acompañado, Sancho le ayuda a levantarse, cumpliendo esa función especificada en el Relato y que, además, sirve de retornelo para el avance de los acontecimientos parisinos, pues la intención de don Quijote es seguir en "el camino del Puerto Lápice", en consonancia con la permanencia de Loyola en París, donde se produjeron otras nuevas persecuciones y amenazas, o sea, otras “muchas y diversas aventuras” Finalizado el episodio de los molinos y antes de iniciarse el segundo de los tres episodios de que consta este capítulo 8, don Quijote y Sancho comienzan un largo diálogo lleno de referencias a la Vida. Primero don Quijote cuenta la historia del caballero “Diego Pérez de Vargas” que, habiendo roto su espada en una batalla, “desgajó de una encina un pesado ramo o tronco” con el que machacó a tantos moros que le quedó el sobrenombre de “Vargas y Machuca”
Mientras Machuca creó con su hazañas una gloriosa genealogía, don Quijote quiere hacer algo semejante (“otro tronco, tal y tan bueno”), su intención es parodiar el momento de los orígenes de la Compañía, el gran tronco del que surgirá la nueva orden.
Sancho, tras usar otra expresión religiosa abundante en la Vida, piensa que don Quijote cabalga ladeado a causa del dolor que le ha producido el encontronazo con el molino de viento, y se lo comunica utilizando el mismo verbo empleado en el capítulo núcleo de los sucesos de París
Aparecen asociados el verbo enderezar con el vocablo dolor, de la misma manera que Sancho ha relacionado el torcimiento de don Quijote con su molimiento
La entereza de don Quijote se corresponde con la ya conocida de Loyola, imperturbable ante los sufrimientos
Para imitar la abnegación de Loyola, don Quijote no debe quejarse aunque le salgan las tripas, expresión similar a la “carnicería” con que resume Ribadeneyra las operaciones de Loyola.
Sancho va representando con su sencillez y simpleza la cara humana de la militancia, ajena a heroicidades y obediente a las reglas.
Don Quijote está de acuerdo con que Sancho se queje porque “hasta entonces no había leído cosa en contrario en la orden de caballería”. Es un claro ejemplo del riguroso sometimiento de amo y criado a las reglas que se mantendrá a lo largo del libro, sugiriendo el constante paralelismo con las órdenes religiosas. Según el Relato, durante su estancia en París Loyola había mejorado sus frecuentes dolores de estómago, por lo que aprovechó para endurecer otra vez sus penitencias y abstinencias
La falta de apetito de don Quijote (“por entonces no le hacía menester”) responde, pues, al propósito de no comer mostrado por Loyola en ese momento histórico de la parodia
Este fragmento es una recreación en algunos aspectos del capítulo VI del libro I de la Vida, uno de los más destacados por la cantidad de paja divinizante con que Ribadeneyra adorna el camino ascético de Loyola, acosado de tentaciones y escrúpulos relacionados con su pasado. Vivía entonces como anacoreta en una cueva de Manresa
Loyola pasa las noches en el campo y sin dormir, angustiado por sus escrúpulos y pensamientos. Don Quijote también está en el campo (“aquella noche la pasaron entre unos árboles”) y tampoco duerme (“Toda aquella noche no durmió don Quijote, pensando”) Al final de ese mismo fragmento de la Vida aparecen otros dos vocablos (“afligido” y “remedio”) también utilizados por el narrador para comunicarnos la angustiosa situación de Sancho, afligido porque no hallará remedio para suplir la falta de vino (“afligiósele el corazón, por parecerle que no llevaban camino de remediar tan presto su falta”). Según el narrador, Sancho también está haciendo su penitencia, y sufre las mismas consecuencias que su señor, aunque a otros niveles. El narrador incluso especifica que la intención de don Quijote es “acomodarse a lo que había leído en sus libros, cuando los caballeros [18] pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, entretenidos con las memorias de sus señoras”. Eso es también lo que, según el Relato, hace Loyola, meditar sobre lo leído, perdiendo el poco tiempo que tenía para dormir
Ribadeneyra incluso especifica la costumbre de Loyola de dormir en el campo “donde le tomaba la noche”, tal como ha hecho don Quijote
Don Quijote, por imitar a sus héroes, ni come ni duerme, haciendo, en definitiva, una vida ascética similar a la de Loyola que, al llegar a París y encontrarse mejor de sus dolores de estómago, decide incrementar sus abstinencias y velas. Tanto el Relato como la Vida están llenos de referencias al camino de sacrificio en estos primeros años de aprendizaje. En cualquiera de esos fragmentos puede encontrarse la idea de no dormir asociada a la de pensar en “Nuestra Señora”
El narrador, aún siendo de noche, dice que don Quijote desgajó de un árbol “un ramo seco que casi le podía servir de lanza, y puso en él el hierro que quitó de la que se le había quebrado” Sutilísima alusión al giro que en la vida de Loyola supuso la herida de su pierna
La forma elíptica empleada por el narrador (“la que se le había quebrado”) se refiere obviamente a la lanza anterior de don Quijote, pero la utilización del verbo quebrar y el sentido simbólico ya visto en la comparación con Machuca, parece una fina precisión sicológica de Cervantes, cuya idea sería que Loyola, impedido para la vida militar por el quebranto de la pierna, había puesto el hierro, es decir, todo su ímpetu y energía, en esta nueva idea de fundar una Compañía que en los días de París se estaba fraguando. El último tramo de la intervención del narrador (“No quiso desayunarse don Quijote, porque, como está dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias”) vuelve a ser un cúmulo de referentes a la Vida, también imitada en el ayuno de don Quijote
El riguroso ayuno de Loyola, imitando a un santo, es también repetido por don Quijote, cuyo único sustento son las “sabrosas memorias”
Aunque la expresión “sabrosas memorias” se inspira en esa de Ribadeneyra, la idea parece referida a otra información del capítulo núcleo, donde Loyola sigue acosado por sus escrúpulos pasados
Esa memoria o recreación en las viejas llagas es lo que jocosamente ha traducido el narrador como “sabrosas memorias” La frase final (“Tornaron a su comenzado camino del Puerto Lápice, y a obra de las tres del día le descubrieron”) tiene un sentido de inicio y continuidad similar al existente en el capítulo núcleo, un ejemplo modélico del estilo hinchado de la Vida, donde encontramos esos mismos vocablos señalados más el verbo tornar
El punto de partida de don Quijote y Sancho es el mismo camino de antes, igual que Loyola debe continuar en el camino de la virtud ya emprendido, seguir en el mismo camino ascético. Eso parece sugerir la utilización, en ese mismo capítulo, del verbo “tornar”
Don Quijote y Sancho “Tornaron a su comenzado camino del Puerto Lápice, y a obra de las tres del día le descubrieron”, otra matización temporal (“las tres del día”) cuyo objetivo parece ser la analogía con la de la Vida (“al tercero día”) Como puede verse en los subrayados, las expresiones más afectadas de don Quijote están siempre construidas con retazos de la Vida, muy próxima a la irracionalidad de los libros pastoriles o de caballerías.
Por primera vez le ha llamado “hermano”, y no precisamente porque la convivencia haya propiciado ya esa expresión de cariño, sino por afinidad con el lenguaje interno, pues los compañeros de Loyola en esos momentos de París han sido considerados hermanos de una misma idea religiosa, según se aprecia en la Vida
Don Quijote también advierte a Sancho de que no debe intervenir en su defensa, salvo cuando sea atacado por “canalla y gente baja”. En general el fragmento se inspira en otro de la Vida donde no sólo aparecen conceptos similares, sino la idea de guerra total contra el común enemigo, la herejía
Don Quijote ha dicho “poner mano a tu espada para defenderme” y un poco más adelante añade “ayudarme”, completando prácticamente el contenido paródico del fragmento anterior.
El compromiso de obediencia de Sancho (“será muy bien obedecido en esto”) es también paralelo al de los jesuitas
Además de la expresión “no tendré mucha cuenta con”, frecuente en la Vida con diversas variantes [19] , Sancho utiliza con mucha sutileza ese “cada uno” que posibilita el juego con el lenguaje profundo, con la colectividad de la Compañía, tal como ha hecho Ribadeneyra al emplear la expresión “leyes ...divinas y humanas”
Esta información avala el sentido profundo de la frase de Sancho, pues cada uno de los jesuitas infamados tiene, como Sancho, derecho humano y divino a defenderse. Puede observarse que, en general, casi todas las expresiones de la Vida aparecidas en este diálogo entre don Quijote y Sancho proceden del capítulo señalado como núcleo, y del Libro II, base genérica del resto de los acontecimientos objetos de la parodia, continuada por Cervantes con la aventura de los frailes de san Benito, segundo episodio de este capítulo 8.
Tanto este episodio de los frailes como el siguiente del vizcaíno son un trasunto del final de los acontecimientos de Loyola en París, y guardan una estructura paralela. Su base es la acusación de "seductor de los escolares" recaída sobre Loyola y la decisión oficial de darle un escarmiento público, dos episodios separados pero directamente relacionados entre sí en cuanto el segundo es consecuencia del primero. El narrador nos ofrece en primer lugar una panorámica de dos frailes montados sobre dos mulas. Detrás de ellos aparece un coche y gente a pie y a caballo. Matiza además que se trata del coche de una señora vizcaína camino de Sevilla con su séquito, y también que los frailes no van con ella, sino que llevan el mismo camino. En cuanto don Quijote divisa a los que vienen expone su punto de vista
Don Quijote ve la realidad de forma totalmente distinta a Sancho. Igual que en el caso de los mercaderes toledanos, aquí necesita un nuevo pretexto para imitar el comportamiento de Loyola en París, su enfrentamiento con la universidad y, por lo tanto, con la Iglesia. Por eso los amorfos bultos negros no le parecen frailes, aunque su color lo sugiere, sino encantadores que han raptado a una princesa que, por lo tanto, necesita ayuda. Sancho acierta en su papel de hombre prudente, y avisa a su señor de que con quien realmente va a enfrentarse es con la Iglesia (“aquellos son frailes”), de ahí esa sutil matización de “no sea el diablo que le engañe”, con la que sugiere la posible procedencia diabólica de la visión, es decir, lo mismo que opinan quienes persiguen a Loyola por su labor proselitista y le temen por miedo a la herejía. En ese sentido, la expresión “mire bien lo que hace” vuelve a ser un referente a la ya comentada intervención del hermano mayor haciendo, como Sancho, de consejero, tal como certifica esa otra coincidencia burlesca (“achaque”) existente también en la inmediata respuesta de don Quijote
Por otra parte, el consejo de Sancho se inspira en las muchas veces que Loyola es tentado con engaños del diablo
La respuesta de don Quijote (“Ya te he dicho, Sancho –respondió don Quijote-, que sabes poco de achaque de aventuras; lo que yo digo es verdad, y ahora lo verás”) parece claramente inspirada en una de las muchas intervenciones que en la Vida se le atribuyen a Loyola en estilo directo
Como experto en la materia, don Quijote desacredita la opinión de Sancho y se refuerza en la suya (“lo que yo digo es verdad”) remitiéndonos al momento histórico. Hay, desde luego, un juego evidente entre la respuesta de Loyola a los jueces, exigiéndoles la aprobación de lo que dice, y la de don Quijote a Sancho, donde se exige lo mismo.
La imprecación, en voz alta y en medio del camino, tiene su razón de ser en un pasaje de la Vida que veremos inmediatamente, además de los grandes improperios ya conocidos contra los herejes, y la referencia a “las altas princesas”
o al ejército, descomunal gigante forzador de doncellas
¿Existe alguna diferencia entre el ímpetu de Loyola al enfrentarse a todo un ejercito, y el de don Quijote? Incluso la pedante y retórica expresión “aparejaos a recibir” es frecuente en la Vida, y relacionada con gente tan endiablada como los herejes, en última instancia el eco de fondo de todos estos capítulos
Parece ser que don Quijote, con la expresión “Gente endiablada”, ha resumido esa ristra de insultos proferidos por Ribadeneyra a los herejes. El resto de la alocución (“aparejaos a recibir presta muerte, por justo castigo de vuestras malas obras") está claramente inspirada en otro fragmento donde Loyola también habla a grandes voces (“en alta voz dijo”)
Se repiten no sólo el verbo aparejar y las expresiones “justo castigo” y “malas obras”, sino que hay además un paralelo entre la amenaza de muerte de don Quijote (“recibir presta muerte”) y la de Loyola (“el infierno que tiene su boca abierta para tragarte”) Vida Quijote
Don Quijote habla a voces y con el mismo ímpetu de Loyola, que también reprocha al hombre su comportamiento y provoca en él un espanto parecido (“Espantóse el hombre”)
La figura y razones de don Quijote causan en los frailes una admiración semejante a la de Loyola
Tras identificarse, los frailes muestran, por el tono de su conversación, un claro deseo de rehusar cualquier enfrentamiento, incluso niegan alguna relación con el coche objeto de la discordia. Por eso don Quijote, viendo esa intencionalidad evasiva, les responde insultándoles, y utilizando la misma expresión (“Para conmigo no hay palabras blandas”) empleada por los jueces cuando, según Ribadeneyra, intentaban congratularse con Loyola
Don Quijote no desea que las cosas queden como están, su actitud es igual que la de Loyola, en ambos casos se prevén las consecuencias y se actúa sin temor a ellas.
Aquí finaliza lo que podría considerarse primera parte de este episodio, cuya puesta en escena se ajusta a los cánones más usuales del género de la caballería. Don Quijote, en medio del camino y ataviado como un anacrónico caballero, se ha puesto a vociferar e insultar a unos frailes a los que acusa de llevar cautiva a una dama y, además, y prácticamente sin dejar que se expliquen ni se defiendan, se precipita contra ellos con muy malas intenciones. Se trata, claramente, de la actuación de un loco o de un personaje de ficción caballeresca, aunque el episodio vuelve a estar inspirado en un fragmento bastante inverosímil de la Vida y, quizás por ello, muy frecuentado por Cervantes
Tan extraordinaria historieta (con esa frase latina e interrogaciones de claro acento evangélico) sirve claramente de inspiración para el encuentro de don Quijote, como ratifica la enorme relación entre ambos fragmentos
Además de los vocablos y expresiones repetidas, hay en ambas escenas un paralelismo basado en la inesperada intromisión y amenaza de un hombre armado que, sin herir ni tocar a sus contrincantes, los pone en fuga. Ribadeneyra califica el suceso de representación (“Con esta representación”) También Cervantes ha realizado una representación, una escenificación simbólica con una doble intencionalidad. De un lado, y gracias a los exteriores de la narración, remitirnos a esta dudosa historia cuya veracidad o aceptación supone, a su vez, la admisión de un extraordinario milagro o poder inevitablemente atribuido a Loyola. De otro, Cervantes ha utilizado dichos exteriores como elementos de la parodia interna, pues esos frailes de san Benito que encabezan el cortejo de la señora, aunque niegan ir con ella, son vistos por don Quijote como sus auténticos raptores pues, en el fondo, ellos representan el poder eclesiástico de la universidad que ha separado por la fuerza a Loyola de sus discípulos. Por eso don Quijote ataca en primer lugar no a la gran comitiva de la señora, sino a esos frailes que vienen delante de ella, simbolizando el poder eclesiástico que dirige la acción de los estudiantes parisinos. Recordemos que en cuanto Loyola comenzó con su vida y doctrina a dar ejemplo y consejo a los estudiantes para que imitaran a Cristo, algunos “mozos” nobles (“los mejores que en aquel tiempo había en la Universidad de París”) “se desapropiaron de todo cuanto en el mundo tenían”. Esto provocó la envidia de muchos y “se levantaron en París grandes borrascas contra él” Recordemos también que el núcleo del conflicto se fragua entre españoles, pues los mancebos que renuncian a todo cuanto tenían eran “españoles nobles” [20] , y quienes alborotaron y fueron a sacarlos del hospital eran “ciertos caballeros españoles, amigos y deudos de aquellos mancebos”, que al no poder convencerlos con ruegos y preguntas, usaron de la fuerza (“Y como no lo pudiesen acabar con ellos, usaron de ruegos, halagos, promesas y amenazas, valiéndose de las armas que les daba su afecto y de todo el artificio que sabían. Pero, como todo él no bastase, dejando las palabras vinieron a las manos, y con grande ímpetu y enojo, por fuerza de armas, medio arrastrando los sacaron de donde estaban y los llevaron a aquella parte de la ciudad donde está la Universidad. Y tanto les supieron decir y hacer, que al fin les hicieron prometer que acabarían sus estudios primero, y después podrían poner por obra sus deseos”) Ese sentido de rapto, de violencia (“medio arrastrando”) es lo que denuncia don Quijote al acusar a los frailes. En ambos casos se especifica la utilización de la fuerza (“por fuerza de armas” / “en ese coche lleváis forzadas”) y el alto rango de los forzados (“los mejores que en aquel tiempo había en la Universidad” / “las altas princesas”). Don Quijote hace, pues, responsable del rapto a los religiosos de san Benito, trasunto de los religiosos que, solapadamente, capitanean la acción parisina. Dicho simbolismo está reforzado por la matización sobre el origen de la señora raptada (“Venía en el coche, como después se supo, una señora vizcaína”), pues el detonante de la persecución contra Loyola fue precisamente un estudiante vizcaíno
En definitiva, las altas princesas imaginadas por don Quijote son una metáfora de los estudiantes sacados por la fuerza del hospital y obligados a renunciar a la doctrina de Loyola. Los sucesos de París no finalizaron con la capitulación de los universitarios, pues Loyola fue poco después denunciado ante el inquisidor Maestro Ori, fraile dominico, por el doctor e “insigne letrado” Pedro Ortiz. Tras la denuncia, Loyola se presenta voluntariamente ante el inquisidor y solicita aclarar la situación. Es en el transcurso de la narración de esos sucesos donde se encuentra un claro referente al fragmento del narrador cuyo comienzo es “Y sin esperar más respuesta picó a Rocinante”
Tras ser acusado ante el inquisidor, Loyola “sin esperar más, se presentó ante él”, así que don Quijote lo que está representando ahora con su escaramuza ante los frailes de san Benito es la valiente decisión de hacer frente a las acusaciones ante el inquisidor. Incluso la huida de los frailes perseguidos por don Quijote (el primero cae de la mula al suelo, mientras el segundo sale directamente corriendo) se corresponde con el relativo triunfo de Loyola al conseguir salir indemne de dicha acusación (“no había de qué tener recelo ninguno ni pena”) Cervantes va además añadiendo otros datos más generales, pues la impresión causada por don Quijote a los frailes (“Detuvieron los frailes las riendas, y quedaron admirados así de la figura de don Quijote como de sus razones”) vuelve a recrearse en la que deja Loyola a los soldados (“Y como algunos soldados y centinela le vieron en aquel traje y figura”). La figura de Loyola, su anacronismo, sorprende a la gente tanto como la de don Quijote, un dato relevante de la personalidad de ambos. También la huida del segundo fraile (“puso piernas al castillo de su buena mula, y comenzó a correr por aquella campaña, más ligero que el mesmo viento”) está inspirada en otro fragmento ya conocido
El narrador lo sugiere utilizando una expresión paralela, e ironizando con el símil gamo-viento, tal como interesadamente ha hecho Ribadeneyra al afirmar que a Loyola “le llevaban”. De nuevo Cervantes nos ha remitido a ese fragmento de dudosa autenticidad, pues ¿cómo Loyola, con su pierna coja, iba a correr más ligero que un gamo?
El propósito de Sancho de tomar los despojos de la batalla y la oposición de los dos mozos de los frailes, vuelve a ser otra metáfora sobre la situación de Loyola que, al presentarse ante el inquisidor y salir sin cargos, obtuvo una victoria de la que se beneficiarían sus discípulos, pues quedaron libres para hacer lo que quisieran, es decir, para seguir la doctrina de su compañero y beneficiarse espiritualmente. Pero sabemos que ocurrió lo contrario, ya que algunos mozos dirigidos por los eclesiásticos (Ribadeneyra les llama “mozos nobles e ingeniosos”) fueron al hospital y los sacaron por la fuerza, obligándoles, además, a renunciar a seguir a Loyola mientras fueran estudiantes.
A pesar de la victoria de Loyola los universitarios no han recogido su beneficio, igual que los mozos de los frailes impiden a Sancho beneficiarse de los despojos de la batalla. Son los mozos de los frailes, en representación de los "muchos con mano armada", quienes movidos por la afrenta al clero, vapulean a Sancho, pues no entienden un lenguaje (“aquello le tocaba a él ligítimamente, como despojos de la batalla”) que les suena a burla ("Los mozos, que no sabían de burlas, ni entendían aquello de despojos ni batallas") De nuevo Cervantes ironiza sobre otro fragmento ridículo y ,en parte, inexplicable de la Vida
Estas palabras, atribuidas por Ribadeneyra al hermano mayor de Loyola, tratando de convencerle de que no se vaya de casa y deje a la familia sin los trofeos que, presumiblemente, conseguirá en sus campañas militares, son, al parecer, las que, en lenguaje profundo, no “entendían” los mozos, quienes al comprobar que don Quijote se había alejado de Sancho, arremetieron contra él y le dieron una buena paliza o, según el narrador, “le molieron a coces”, expresión despectiva con la que, indirectamente, Cervantes está acusando a los agresores de Sancho de bestias, de animales. Aunque, en realidad, todo es, como siempre, una referencia al lenguaje de la Vida
Lo curioso es que, además, esas “puñadas y coces” parecen inciertas, pues no figuran en el Relato (“Y el capitán le tuvo por loco, y ansí lo dijo a los que lo trajeron: «este hombre no tiene seso; dalde lo suyo y echaldo fuera».), tal vez por eso las resalta Cervantes. Pero además vemos cómo el mismo Loyola cuenta que el capitán “le tuvo por loco” y por hombre sin “seso”, cosa que Ribadeneyra no cree oportuno recordar, y lo sustituye por una especie de reproche cariñoso (“Enojóse el capitán con los soldados ásperamente, riñéndoles y diciéndoles que harto locos eran ellos, pues le habían traído allí un loco”) que al hacerlo extensivo a todos los soldados, mitiga su fuerza insultante. Hay una evidente intención de desvirtuar el sentido de la expresión para no dañar en lo más mínimo la imagen de Loyola. Sancho queda en el suelo “sin aliento ni sentido”, momento aprovechado por el fraile vapuleado para salir corriendo y seguir su camino “haciéndose más cruces que si llevaran al diablo a las espaldas". Otra alusión a la superchería seudoreligiosa, capaz de ver en cualquier movimiento espiritual la presencia del diablo y que es, a fin de cuentas, remedo de la desbandada y alejamiento que provocan las murmuraciones y acusaciones heréticas contra Loyola, pues de esa manera finaliza Ribadeneyra el comentado capítulo II
Los acusadores, escandalizados y a pesar del fracaso de su denuncia ante el inquisidor, siguieron no obstante creyendo en el sentido herético (“como hereje se había huido”) de la doctrina de Loyola y, por lo tanto, huían de él como los dos frailes ante don Quijote, “haciéndose más cruces que si llevaran al diablo a las espaldas”
El estilo arcaizante y ripioso de don Quijote vuelve a inspirarse en los prolegómenos de la Vida, tanto en la dedicatoria al inquisidor Baltasar de Quiroga, como en la segunda dedicatoria “A los hermanos”. Ya hemos visto que, en esos escritos, Ribadeneyra abusa de tópicos y servilismo hasta puntos de ridiculez semejantes a esos de don Quijote con los que Cervantes le parodia. Prácticamente todas las negritas y subrayados se encuentran en la dedicatoria A los hermanos, y especialmente en un fragmento, ya comentado, donde se concentran el tono general y las expresiones más significativas
Vida Quijote beneficios
que él les hace los recibe por servicios, y quiere
/ “beneficio que de
mí habéis recebido,
no quiero”
“derribados
por el suelo” /
“yace por el suelo, derribada”
La reafirmación de don Quijote, "sabed que yo me llamo don Quijote de la Mancha, caballero andante y aventurero, y cautivo de la sin par y hermosa doña Dulcinea del Toboso", se corresponde con el liderazgo asumido por Loyola en esos momentos sobre el grupo. Y todos los atributos que se añade (“caballero andante y aventurero, y cautivo”) son aplicables a Loyola, un religioso peregrino, un caminante o andante perteneciente al bando de los caballeros o religiosos, y cautivo de la Virgen, a la que se ha entregado con voto de castidad. La pretensión de don Quijote de hacer viajar al Toboso a la señora liberada, encuentra la oposición de un escudero vizcaíno
Este es el tercer enfrentamiento de don Quijote en el capítulo octavo, y se produce con ese escudero vizcaíno que le ha cogido de la lanza y le ha dicho: “<<Vete, caballero, en hora mala, que, por el Dios que me crió, si no dejas el coche, es tan cierto que te matará este vizcaíno como estás ahí>>” [23] . Además de una clara amenaza, las palabras del vizcaíno están cargadas de ironía en el lenguaje profundo pues, la repetición del verbo andar y la matización de mal andar, vuelve a sugerir la referencia a la cojera de Loyola. No obstante, la respuesta del vizcaíno (“Anda, caballero que mal andes; por el Dios que crióme, que, si no dejas coche, así te matas como estás ahí vizcaíno”) se inspira en otra, ya comentada, atribuida por Ribadeneyra a Loyola durante su estancia en París, y en las que se repite el verbo andar dentro de un contexto semejante
A la reiteración del verbo andar y las otras coincidencias, debe añadirse el vocablo “cautivo”, también empleado por don Quijote un poco más abajo para referirse al vizcaíno, “cautiva criatura”. Además la primera pretensión del vizcaíno es que don Quijote deje pasar el coche (“no quería dejar pasar el coche [...] si no dejas coche”), en correspondencia con la negativa de Loyola a dejar su trabajo apostólico (“no por eso dejó de llevar adelante su empresa”) con los estudiantes parisinos, tal como puede verse en el capítulo III de la Vida, al que ya se ha recurrido con anterioridad y que a partir de ahora pasa a ser el núcleo central del final de los acontecimientos parodiados en el capítulo 8.
Tanto Loyola como don Quijote han sido amenazados para que dejen de hacer algo, y ambos responden valerosamente sin hacer caso [24] . El primero se ha marcado unos objetivos espirituales a los que no renuncia, algo muy semejante a la idea de don Quijote al tratar de imponer a la señora la vuelta al Toboso en acción de gracias. En resumen, esta primera frase amenazante se corresponde paródicamente con la también advertencia o amenaza dada a Loyola en el colegio.
Don Quijote responde “con mucho sosiego”, un claro referente al fragmento de la Vida que está siendo parodiado, ya que en él se encuentra el mismo vocablo en forma verbal (“no le desasosegase los estudiantes”) y una simpática respuesta al porqué don Quijote no quiere enfrentarse al vizcaíno
Como puede verse en lo subrayado, Loyola fue amenazado a través de un intermediario del maestro (“de su parte”), pero sólo amenazado, pues el castigo que va a recibir después se lo impone y ejecuta el mismo Govea, “que gobernaba el colegio”. Por esa razón don Quijote no desea enfrentarse con el vizcaíno, pues por ahora sólo representa a uno de los maestros del colegio, no al “principal”, que es con quien deberá hacerlo para cumplir con la imitación.
He querido resaltar ese gran número de negritas y subrayados para señalar el procedimiento de intenso acarreo que cada vez con mayor profusión irá realizando Cervantes sobre un solo capítulo, es decir, el trabajo de absorción total al que somete el capítulo de la Vida núcleo de cada parodia. En este caso es el III del libro II de la Vida, es decir, la continuación de los sucesos parisinos. Su contenido, de forma resumida, es el siguiente. Las continúas faltas a clase de los universitarios los días de fiesta, dedicados por consejo de Loyola a virtuosos ejercicios, provoca la indignación del maestro del colegio y el consiguiente aviso para que deje de desasosegar a los estudiantes. Como no hace caso, el maestro lo pone en conocimiento del rector del colegio, Diego de Govea, el cual le amenaza a través del mismo maestro con darle un castigo ejemplar. Loyola tampoco hace caso y el maestro sigue quejándose, porque “en son de santidad” le tenía revuelto todo el colegio. Según Ribadeneyra, el detonante del castigo fue la influencia que ejerció sobre Amador, de quien se sabe por el Relato que era vizcaíno. Por fin Govea decide castigar a Loyola con una “sala” o vapuleo público con varas en el que participan los estudiantes. Aunque el castigo se organizó en secreto, Loyola llegó a enterarse poco antes de su ejecución y, en vez de huir, se presentó ante Govea mostrándole su deseo de sufrir el castigo para así padecer más por Cristo, pero rogándole al mismo tiempo que, por amor a los más jóvenes, no diera tan mal ejemplo en un colegio cristiano. Ante una respuesta tan inesperada, Govea cambia de parecer repentinamente y acompañado de Loyola se presenta en el aula donde se les espera para el castigo, y en presencia de todos los estudiantes se arrodilla ante Loyola, le pide perdón y promulga a voces su santidad. De forma muy resumida ese es el contenido sobre el que recae la parodia del final de este capítulo 8 y una parte importante del 9, pues en él será donde Cervantes ponga fin al episodio del vizcaíno. Tanto en el Relato como en la Vida aparece casi la misma información, aunque con la gran diferencia, aparte del estilo, de que Ribadeneyra recoge íntegro el final del suceso, y en el Relato aparece incompleto. Volvamos a don Quijote y recordemos que su lanza se la había fabricado él mismo de la rama de un árbol a la que añadió el hierro de su vieja lanza destrozada, y que todo era un símbolo de la nueva lucha espiritual de Loyola, de la creación de un movimiento basado en la tradición humanista y la regeneración de la Iglesia. Por eso el vizcaíno le ha pedido ante todo a don Quijote que se aparte del camino, en paralelo a la orden de los maestros exigiendo a Loyola que deje de embaucar a los estudiantes (”Si lanza arrojas”) si no quiere verse castigado. Ribadeneyra recoge el ambiente y la expectación a partir del momento en que Loyola entra en el colegio y se le cierra la puerta
Una expectación semejante despiertan don Quijote y el vizcaíno
La firme determinación del vizcaíno se corresponde con la de Govea, que ya tenía preparada toda la parafernalia del castigo: ha sonado la campana, han llegado los discípulos y los maestros con sus varas, y toda la gente está preparada para contemplar el cumplimiento de la “rigurosa sentencia”, o sea, la misma curiosidad de las señoras del coche, dispuestas a contemplar la “rigurosa contienda”
Dos veces ha aparecido el vocablo riguroso más su sustantivo, como referentes a ese momento en que, según Ribadeneyra, se está produciendo el encuentro. Un momento en que Loyola ya es una persona espiritualmente fuerte y por lo tanto con defensas, como don Quijote, al que la cuchillada del vizcaíno apenas le hace daño, pues el “desaforado golpe “ es también un símbolo utilizado de forma semejante a como lo hace Ribadeneyra en el fragmento que está sirviendo de fuente para los recursos externos
Además del simbolismo del golpe, hay un paralelismo total entre las frases informativas de las grandes voces de ambos caballeros, e incluso el ambiente de contienda y la furia de los contrincantes. La invocación a Dulcinea está, como en otras ocasiones, en la línea de las de Loyola
Incluso la expresión “riguroso trance” deriva a su vez de otra
Acto seguido, y tras cumplir con todos sus formalismos, don Quijote inicia su ataque
Ha decidido jugárselo todo a un golpe, también por analogía con la actitud de Loyola al presentarse voluntariamente en el aposento de Govea
Los referentes son “todo” y “determinación”, es decir, un solo golpe, en consonancia con el golpe de efecto logrado por Loyola al entregarse a quien le busca para castigarle.
Podría parecer lógica la primera excusa del narrador al justificar la inmovilidad de la mula por su cansancio, sin embargo la segunda sólo es aceptable como cómica, pues le atribuye a la mula capacidad de raciocinio (“no hecha a semejantes niñerías”) y determinación, con el único objetivo, como siempre, de remitirnos a un fragmento de la Vida, ya utilizado con anterioridad, donde Ribadeneyra, para quitarle gravedad al comportamiento infamante de los inquisidores, habla de niñerías en un asunto donde los acusados se jugaban la vida
En el Relato se dice, sobre este asunto, que el inquisidor se excusó ante Loyola (“excusándose el inquisidor” R, 86), y Ribadeneyra ha novelado esa información, inventándose, además del calificativo “buen”, esas “niñerías” cuyo objetivo vuelve a ser descargar de tensión el suceso.
Don Quijote y el vizcaíno con los brazos levantados dispuestos a golpearse son la parodia de la amenaza a Loyola, con los estudiantes preparados para azotarle. Sin embargo, en los aspectos formales, el narrador ha recurrido de nuevo a la fantástica persecución del religioso por el hombre armado
A los evidentes subrayados hay que añadir el temor latente en ambos textos, o esa analogía entre presentes y circunstantes, refrendada por la expresión “de lo que había” Vida Quijote
El resto de la intervención del narrador está construida a base de retales extraídos de distintos fragmentos de la Vida, caracterizados, como siempre, por su falta de raciocinio (“la señora del coche y las demás criadas suyas estaban haciendo mil votos y ofrecimientos a todas las imágenes y casas de devoción de España, porque Dios librase a su escudero y a ellas de aquel tan grande peligro en que se hallaban”)
Lo mismo ocurre con el final del fragmento (“haciendo mil votos y ofrecimientos ... porque Dios librase a su escudero y a ellas de aquel tan grande peligro en que se hallaban”) también tomado casi en su integridad de la Vida
Lo mismo es dar gracias a nuestro Señor que hacer votos y ofrecimientos a Dios, con el objetivo, en ambos casos, de librar a alguien de un grave peligro. En definitiva, la actitud aniquiladora en que quedan como paralizados don Quijote y el vizcaíno o, lo que es lo mismo, la batalla entre el humanismo y la Inquisición, puede leerse como una metáfora de la lucha fratricida que dos siglos más tarde, aún vigente el combate, retrató Goya en su “Riña a garrotazos”
Esta especie de coda final sobre la que tanto se ha escrito, resulta esencial para ratificar el paralelismo existente entre el Quijote y sus fuentes, y el sentido paródico de la división estructural de esta primera parte en ocho capítulos. En primer lugar el narrador informa de que sobre el enfrentamiento entre don Quijote y el vizcaíno (ambos quedaron con las espadas levantadas amenazándose con un terrible golpe) no puede, por ahora, ofrecernos la continuación, porque “en este punto y término deja pendiente el autor desta historia esta batalla, disculpándose que no halló más escrito destas hazañas”. O sea que, el resultado final de dicho enfrentamiento, queda pendiente por falta de fuentes informativas del autor, con lo que, indirectamente, se vuelve a sugerir el carácter histórico de los escritos sobre don Quijote. Pero además, como dicho enfrentamiento es una parodia del de Loyola y Govea, la expresión “en este punto y término deja pendiente el autor” es una clarísima referencia a la forma en que, repentinamente, se resuelven en el Relato esos acontecimientos
En el texto subrayado termina cualquier referencia a Govea y, en el siguiente párrafo, con la frase “se entregase del todo al servicio de Dios”, finaliza el primer manuscrito en castellano del Relato. “El resto tuvo que dictarlo Câmara en italiano por no disponer en aquel momento de amanuense español" [26] Sabemos que de ese primer Relato incompleto circularon copias por Roma desde mediados de 1555, es decir que, durante más de diez años, pudo copiarse con absoluta libertad este manuscrito incompleto formado por ocho capítulos, el último de los cuales quedaba de pronto interrumpido y sin dar explicaciones sobre el final de la amenaza de “sala” que pesaba sobre Loyola. La intención de Cervantes, deteniendo el encontronazo entre don Quijote y el vizcaíno es, pues, parodiar esa interrupción del Relato, resaltar ese detalle como pista innegable para su futura identificación pues, cuando Cervantes escribe esto, ya poseía hace tiempo el libro de la Vida, y esa es precisamente la fuente que utilizará en el capítulo siguiente para dar fin al encuentro entre don Quijote y el vizcaíno. Toda la información del narrador está subrepticiamente encaminada a especificar las características bibliográficas de sus fuentes, a señalar que la primera parte del Quijote de 1605 está estructurada formalmente como una perfecta imitación del Relato, ambos divididos en ocho capítulos y con un mismo final interrumpido en el momento en que los dos protagonistas están siendo amenazados, o por los estudiantes con sus varas levantadas o por el vizcaíno “ansimesmo levantada la espada”
Completa el narrador sus alusiones a las fuentes históricas presentándonos a un primer autor indefinido (“el autor desta historia”) e identificable con Gonçalves, creador de las primeras fuentes fidedignas sobre Loyola, es decir, primer autor del texto histórico utilizado como fuente principal de las hazañas de don Quijote. Añade además el narrador que ese primer autor se disculpa por haber dejado la historia sin terminar (disculpándose que no halló más escrito”), otra sutil información que vuelve a encontrar su respuesta en el Relato, pues en el prólogo escrito por Gonçalves en Génova, él mismo explica el porqué de la interrupción
Ese "no pude escribir todo por extenso en Roma" es lo que el narrador interpreta como disculpas del autor, no porque lo sean, sino porque él lo utiliza como forma de transmitirnos, solapadamente, una pista más para la identificación con el Relato, para que no quede la menor duda de que el Relato es la fuente principal del Quijote, y Gonçalves su autor, pues a continuación el narrador nos habla de un segundo autor (“Bien es verdad que el segundo autor desta obra”), conocedor de todas las fuentes y artífice de la nueva historia, al que debe identificarse con Cervantes, ya que es él quien no pierde la esperanza de encontrar el resto del Relato o más información sobre la vida del famoso Loyola (“famoso caballero”), que por ser español (la Mancha es la parte por el todo) debía haber generado una preocupación especial entre sus paisanos, cuyos resultados se encontrarían en los archivos y bibliotecas o en los distintos colegios existentes de la Compañía. La apreciación “en sus archivos o en sus escritorios” es significativa dado el carácter oficial, o público, del archivo y privado del escritorio. Lógicamente el Relato, dada la prohibición a que estaba sometido, no podía encontrarse sino entre quienes mantuvieran sus propias copias ocultas. Aparecen también los vocablos “batalla” [27] (“esta batalla”), tal como en el Relato se denomina simbólicamente a estos enfrentamientos, y hazañas [28] (“destas hazañas de don Quijote”), según Ribadeneyra suele denominar los actos de Loyola. También el llamar a la historia “curiosa (“tan curiosa historia”) enriquece ampliamente su sentido, pues lo mismo puede entenderse como forma de exaltar el valor intrínseco del Relato, o como referido a la rocambolesca historia creada por la Compañía en torno al libro, lo cual encierra en el fondo una alabanza a la rebeldía de quienes se niegan a que dicha historia se olvide, pues el segundo autor, Cervantes, “no quiso creer”, es decir, se niega a aceptar que un asunto tan relevante se hubiera olvidado, o dicho de otra forma, que no queden religiosos capaces de revelarse contra el injusto secuestro del Relato y su suplantación por un libro tan falso como la Vida. Ese mismo sentido se aprecia en la siguiente frase, donde vuelve a emplearse el mismo vocablo (“tan poco curiosos”) ahora aplicado a “los ingenios de la Mancha”, y de nuevo con ambiguo sentido, pues además del más común de personas que tratan “alguna cosa con particular cuydado y diligencia” [29] , también puede entenderse casi como un reproche, pues la frase continúa dominada por la influencia de la negativa del segundo autor a aceptar que nadie haya sido tan poco curioso, o tan poco escrutador, como para ignorar el valor y no atreverse a guardar los escritos o papeles [30] (el Relato nunca circuló impreso) de Loyola. El final del capítulo (“y así, con esta imaginación, no se desesperó de hallar el fin desta apacible historia, el cual, siéndole el cielo favorable, le halló del modo que se contará en la segunda parte”) nos habla del interés y constancia en la búsqueda de la continuación de la historia (“no se desesperó”) y el logro final (“le halló”), conseguida gracias a la ayuda o al favor del cielo, una de las fórmulas usuales de Ribadeneyra [31] incluso para finalizar sus capítulos
Dada la ambigüedad permanente del lenguaje cervantino, esa ayuda del cielo permite imaginar la posibilidad de que sea algún religioso, representante del cielo, quien ayude a Cervantes a encontrar el resto de la verdadera historia. También parece contradictorio el calificativo “apacible” ("apacible historia"), pues sirve para reforzar la idea de que Cervantes está refiriéndose en todo momento al Relato, ya que ni los libros de caballerías ni las primeras aventuras de don Quijote pueden considerarse como tales, aunque sí la personalidad de Loyola, según Ribadeneyra
En realidad, todo este último fragmento del capítulo octavo sirve de eslabón con el noveno y, supuestamente, se añade una vez que Cervantes había encontrado el resto del manuscrito que buscaba, de ahí que el "segundo autor" sirva también de pista para la identificación del nuevo texto, es decir, un manuscrito (Co2) íntegro en latín y único que contiene el prólogo del Padre Nadal, donde se dice
Cuando Cervantes coloca el último párrafo explicativo del capítulo 8, ya posee una copia íntegra del Relato, y se inspira en los prólogos de Gonçalves y Nadal para desarrollar la idea del autor y traductor. Refuerza esta teoría el hecho de que el fragmento anteriormente citado del prólogo de Gonçalves (“no pude escribir todo por extenso en Roma”) sólo existía en las versiones latinas del Relato, lo que lleva a la conclusión de que, en principio, Cervantes utilizó, o conocía, un texto castellano de los que sólo contenían los ocho primeros capítulos con el octavo incompleto y posteriormente, como insinúa en el capítulo 9, se hizo con una de las versiones latinas. En definitiva, Cervantes se identifica como segundo autor con el mismo sentido dado por Nadal. En ambos casos un primer autor, Gonçalves, y un segundo autor o traductor (de las dos formas se autodenomina Cervantes en distintas ocasiones) cuya función es transmitir en un lenguaje cifrado la historia escrita de Loyola. Pero, ¿qué ocurre con Ribadeneyra? ¿por qué, a pesar de haber sido tan utilizado, no se le menciona de ninguna manera? Porque en estos ocho capítulos la Vida ha servido solamente como aderezo, ya que la existencia de las fuentes verdaderas del Relato la han hecho innecesaria para lo esencial. Por eso ahora, al final del episodio entre don Quijote y el vizcaíno del que nada se dice en el Relato, el narrador se verá obligado a recurrir al único autor que informa de ese final, es decir, Ribadeneyra, identificado como Cide Hamete Benengeli, un falso autor situado entre la verdadera historia (Relato) y el segundo autor (Cervantes), y que “en gran parte, supera y aglutina a las fuentes indefinidas que antes nos transmitían la historia, sin que esto signifique que las fuentes indefinidas dejen de tener vigencia” [32]
| PRÓLOGO
| INTRODUCCIÓN | PRIMERA
PARTE: Don Quijote peregrino | Cápitulo
I | Cápitulo II | Cápitulo
III | Cápitulo IV | Cápitulo
V | Cápitulo VI | Cápitulo
VII | Cápitulo VIII | SEGUNDA
PARTE: DON QUIJOTE Y COMPAÑÍA | Cápitulo
IX | Cápitulo X | Cápitulo
XI | Cápitulo XII | Cápitulo
XIII | Cápitulo XIV | GENERALIDADES
| CONCLUSIÓN.AGRADECIMIENTOS
|
[1] DIPLOMATARIO, francisco de goya, edición ángel canellas lópez, Institución "Fernando el Católico", Zaragoza, 1981, p. 253 [2] “Y para mejor alcanzar esta vitoria de mano del Señor le ofreció de hacer decir algunos millares de Misas por el felice suceso de tan arduo negocio, el cual acabado y confirmada ya la Compañía, en algunos años se dijeron todas, repartiéndose por los padres della, que estaban ya en diversas partes del mundo derramados” (Vida II, XVII) [3] “era brioso y de grande ánimo, dióse mucho a todos los ejercicios de armas, procurando de aventajarse sobre todos sus iguales, y de alcanzar nombre de hombre valeroso, y honra y gloria militar” (Vida I, I) “Mas, como los enemigos no aflojasen punto de su cerco, y continuamente con cañones reforzados batiesen el castillo, sucedió que una bala de una pieza dio en aquella parte del muro donde Ignacio valerosamente” (Vida I, I)
“al mismo tiempo envió Dios nuestro Señor de socorro otro varón y capitán a su Iglesia, en todo contrario a Lutero, para que con su espíritu invencible y armas poderosas y divinas valerosamente le resistiese y pelease las batallas del Señor” (Vida II, XVIII) [4] “Porque, después que ella se plantó y fundó, y Dios nuestro Señor fue descubriendo los resplandores de sus dones y virtudes con que había enriquecido y hermoseado el ánima de su siervo Ignacio, tuvimos todos sus hijos grandísimo deseo de entender muy particularmente los caminos por donde el Señor le había guiado” (Vida, A los hermanos) [5] “aunque no tenía conocimiento de cosas espirituales, todavía en su hablar mostraba mucho hervor y mucha voluntad de ir adelante en el servicio de Dios” (R, 21) [6] “movido con la novedad y admirado, decía: - ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué camino es éste por donde entramos? ¿Qué nueva empresa es esta que acometemos? ¿Qué manera de guerra es esta en que andamos?” (Vida I, VI) [7] “Estábase todavía nuestro Ignacio tendido en una cama, herido de Dios, que por esta vía le quería sanar, y cojo como otro Jacob, que quiere decir batallador, para que le mudase el nombre y le llamase Israel y viniese a decir: Vi a Dios cara a cara y ni ánima ha sido salva. Pero veamos por qué camino le llevó el Señor, y cómo antes que viese a Dios fue menester que luchase y batallase” (Vida I, II) “y con los vivos deseos de agradar a Dios, que el mismo Señor le daba, se hallaba ya mucho más alentado y animado para resistir y batallar” (Vida I, III) “fue gravísimo el tormento que sintió, y mucho mayor la fatiga que daba a su alma la lucha de esta espiritual batalla” (Vida I, IX) [8] Don Quijote I, estudio preliminar de Américo Castro, Ed. Novelas y Cuentos, Madrid 1980, p. 20 [9] Erasmo y España, o.c., p. 490-491. [10] Historia del mundo moderno, t. III, La Contrarreforma y la revolución económica 1559-1610, Ed. Cambridge university press-Sopena, Barcelona 1974, p. 47. De Angelita y Luis. [11] “en Francia, las virulentas pasiones religiosas que bullían alrededor del trono [...] se fueron extendiendo cada vez más a la burguesía y al bajo pueblo parisino”. La diplomacia del Renacimiento, Garret Mattingly, Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1970 p. 314. De Nacho. [12] “Y como iba tan adelante, tuvo tiempo para apartarse un poco del camino, y por un rato estuvo puesto en oración” (Vida II, IX) [13] “mas, al fin, el remate desta dura pelea (que le había puesto en tan peligroso trance)” (Vida I, VI) [14] “Apenas tomaba el arte de gramática con la mano para decorar las declinaciones de los nombres y conjugaciones de los verbos, cuando embestían con él muchas inteligencias de cosas altísimas, y le atropellaban y turbaban la memoria” (Vida I, XIII) [15] ¿No vees el golpe que viene sobre ti de la ira de Dios? ¿No te espanta el infierno que tiene su boca abierta para tragarte?¿ni el azote que te aguarda, y a toda furia va a descargar sobre ti?” (Vida V, II) [16] “Y así un día a unos que le mucho instaban, porque no sabía lengua italiana ni latina, para que tomase una compañía, diciéndole quánto le ayudaría, y loándosela mucho, él dixo que, aunque fuese hijo o hermano del duque de Cardona, no iría en su compañía; porque él deseaba tener tres virtudes; caridad y fe y esperança; y llevando un compañero, quando tuviese hambre esperaría ayuda dél; y quando cayese, que le ayudaría a levantar; y así también se confiara dél y le ternía afición por estos respectos; y que esta confiança y afición y esperança la quería tener en solo Dios” (R, 35) [17] “Estos dos encuentros solos fueron los que tuvo al descubierto para volver atrás del camino comenzado” (Vida I, VI) [18] “El cual, como hubiese leído en sus libros de caballerías, que los caballeros noveles solían velar sus armas, por imitar él como caballero novel de Cristo” (Vida I, IV) [19] “Y diciendo a voces que aquel hombre era un santo, pues no tenía cuenta con su dolor y afrenta” (Vida II, III) [20] Algo lógico, pues Loyola sólo podía realizar su labor proselitista en castellano. [21] “Este le halló que ya volvía, lleno de gozo y consuelo, y arremetió a él con un palo en la mano, y con rostro severo y con un semblante enojado y espantoso le asió del brazo, riñéndole ásperamente y amenazándole porque se había metido en tan manifiesto peligro” (Vida I, XI) [22] “Y váse por las calles, y llegado a la plaza de San Marcos, halló a nuestro peregrino tendido en el suelo” (Vida I, X) [23] Murillo, o.c., nota 26, p. 135. [24] nótese cómo Ribadeneyra, para eliminar cualquier atisbo herético sobre Loyola, resume su labor apostólica en una doctrina tan incontrovertible como convidar a la frecuencia de los sacramentos [25] Es muy frecuente en la Vida la expresión determinó de + infinitivo [26] Carmen Artal, o.c. [27] “Y luego los hespañoles comenzaron a dar batalla a los dos maestros” R, 77 [28] “los vivos ejemplos y gloriosas hazañas de su vida” [29] Covarrubias, o.c., p. 388 [30] “El bachiller Frías les vino a examinar a cada uno por sí, y el peregrino le dió todos sus papeles” (R, 67) [31] “con el favor divino”, “con este favor de Dios”, “con aquel favor celestial que tuvo, “y con este favor celestial pasó con más alegría su trabajo”, etc [32] La ficción autorial en el Quijote y en sus continuaciones e imitaciones, Santiago Alfonso López Navia, Universidad Europea de Madrid-CEES, Madrid 1996, p. 97.
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