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CAPÍTULO SIETE La prisión de Loyola en Alcalá y Salamanca es la base paródica de la estancia de don Quijote en su casa, al igual que la sentencia que obligaba a Loyola a no predicar (“le tapaban la puerta para aprovechar a las ánimas”) inspira el tapiado de la biblioteca de don Quijote, que una vez recuperado busca un escudero, en consonancia con los primeros compañeros que comienzan a seguir a Loyola.
El capítulo 7 se inicia con estas disparatadas voces de don Quijote recién despertado. Cervantes juega con esa dualidad dormido-despierto para recordar, como en el capítulo anterior, la situación de Loyola encarcelado, es decir, sin libertad de movimiento y además dormido, o sea, sin poder predicar ni ejercer su labor de apostolado. Las voces de don Quijote, incoherentes o no inteligibles, parecen las de un sonámbulo que se cree en medio de un torneo entre dos bandos de caballeros. Él mismo se siente paladín del partido de los "valerosos brazos" y exhorta a los suyos a la reunificación de fuerzas (“aquí, aquí") para la batalla, pues el bando contrario, denominado según él los cortesanos, ha tomado ventaja al final del torneo. En general, la arenga está inspirada en una frase de la Vida donde encontramos atribuido a Loyola, además de varias palabras y conceptos como valor y esfuerzo (“valerosos” “fuerza”), el mismo sentido de estímulo y entusiasmo
Este fragmento se completa con otro perteneciente al momento en que Loyola está preso y es arteramente interrogado por los dominicos
La primera parte de esta expresión subrayada la ha colocado Cervantes en la intervención de don Quijote (“aquí es menester”) y la segunda en la inmediata del narrador
Al final los libros han sido condenados “sin ser vistos ni oídos”, es decir, tan injustamente como Loyola que, a pesar de negarse a responder al capcioso interrogatorio, fue injustamente condenado y retenido por los dominicos. El narrador califica de rigurosa esa decisión tomada con los libros, inspirándose en una expresión de la Vida
Las voces de don Quijote, el ruido, atraen a su cuarto a todos los de la casa
Recordemos que don Quijote se ha despertado reclamando, con ese insistente “Aquí, aquí... aquí”, la atención sobre algo que sólo él, como si estuviera alucinando, parece ver, pues es una especie de visión contra la que está “dando cuchilladas y reveses a todas partes”. Así lo encuentran sus familiares y amigos cuando, tras precipitar la quema de los libros, acuden a su dormitorio. Esa situación en que se encuentra, levantado y dando cuchilladas, es esencialmente simbólica, pues prácticamente todos sus gestos se corresponden con alguna de las circunstancias que, según Ribadeneyra, rodearon los encuentros de Loyola con la Inquisición. La razón de ese extraordinario matiz según el cual don Quijote estaba “tan despierto como si nunca hubiera dormido” es que Ribadeneyra suele utilizar precisamente el verbo despertar [2] para explicar el trabajo de regeneración realizado por Loyola entre la gente, despertando los corazones, etc. Esa es precisamente la expresión con la que se inicia el capítulo XV de la Vida, núcleo externo de la parodia de este capítulo 7
Aunque don Quijote ha estado dormido en correspondencia simbólica con la prisión de Alcalá que le impedía despertar corazones, ahora vuelve a estar despierto con su llegada a Salamanca, donde inmediatamente reanuda su labor de apostolado, traducido por Cervantes como ese estar despierto “dando cuchilladas y reveses a todas partes”, o sea, predicando sin temor e indirectamente atacando la desidia del resto de los eclesiásticos. La expresión está inspirada en ese mismo fragmento del capítulo XV de la Vida (“y que a imitación de los apóstoles andáis por todas partes enseñando a los hombres el camino del cielo”) donde, según el interrogador dominico, Loyola enseña “por todas partes”, es decir, predica abiertamente su doctrina. Volviendo a los acontecimientos del Relato, sabemos que tras ese primer interrogatorio después de la comida, los dominicos encerraron en una celda a Loyola y a su compañero Calixto, una nueva encerrona traducida por Cervantes como esa vuelta forzada de don Quijote a la cama (“Abrazáronse con él y por fuerza le volvieron al lecho”), repitiéndose el abrazo como símbolo de la detención. Una vez en la cama y tras haberse sosegado un poco, don Quijote “volviéndose a hablar con el cura le dijo:
En su alucinación confunde ahora al cura con el arzobispo Turpín, ante quien se lamenta del abandono o del poco entusiasmo ("tan sin más ni más") con que su bando, denominado ahora el de los Doce Pares o los aventureros, se deja "llevar la vitoria". Es decir, don Quijote se queja de una derrota que considera injusta, pues en los tres días antecedentes su bando había "ganado el prez" [3] Con los datos anteriores ya se puede reconstruir la esencia de la parodia y comprender el oscuro lenguaje de don Quijote, pues toda su alucinación es realmente una respuesta en clave al final de los problemas inquisitoriales de Loyola en Alcalá y Salamanca, donde estando en la cárcel acudió para ayudarle su compañero Calixto
o, según Ribadeneyra
Este acto de solidaridad realizado por Calixto para hacer presión, este reagrupamiento, es lo solicitado por don Quijote cuando nada más despertar llama a la unidad (“-¡Aquí, aquí, valerosos caballeros, aquí es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos, que los cortesanos llevan lo mejor del torneo!") de los aventureros contra el bando de los cortesanos, una idea, esta de los bandos, sugerida por Ribadeneyra cuando se refiere a la división de opiniones existente en el convento de san Esteban tras la detención de Loyola
Según López Estrada en los combates "Había por una parte los <<mantenedores>>, que exponían el cartel y las condiciones de la lucha deportiva, y eran tenidos por <<aventureros>> los que se enfrentaban con dichos mantenedores. De un lado estaban los del lugar, los asentados (que Don Quijote, [en QI, 7], identifica con los cortesanos), y, del otro, los <<aventureros>>. El caballero imagina hallarse en un torneo, y él anima a los suyos (<<nosotros, los aventureros>>) [4] Cervantes utiliza simbólicamente esas denominaciones para parodiar la actitud conservadora de la Iglesia en los enfrentamientos con Loyola, pues mientras él y don Quijote representan primero a los "Doce Pares", es decir, al bando defensor del cristianismo apostólico (doce apóstoles), también denominado de "los aventureros" [5] (ya don Quijote en el capítulo 2 fue denominado "nuestro flamante aventurero" [6] ), o sea los nuevos religiosos que se enfrentan al bando de los cortesanos [7] , símbolos evidentes del poder acomodaticio de la ortodoxia católica. La idea de los bandos estaba muy presente en la sociedad española de finales del XVI, drásticamente dividida entre defensores y detractores de un cristianismo más o menos abierto, como señala González de Montes en su libro Artes de la Inquisición: “había en Sevilla, hacia 1540, dos clases de predicadores. Unos, místicos, rechazaban a Erasmo y recomendaban la lectura de Henrique Herpio, los opúsculos de San Buenaventura, el Abecedario [de Osuna], la Subida al Monte Sión [de Bernardino de Laredo], y otros tales, por los que aprendiesen a tener humildad. El otro bando se basaba más en el Evangelio, y en él germinó el llamado luteranismo sevillano” [8] Volviendo al proceso de Loyola y sus compañeros, tras 42 días en la cárcel de Alcalá fue el notario a leerles la sentencia
Loyola no sabe qué hacer, pues aunque su deseo es seguir estudiando, considera aún más importante su labor de apostolado, así que ante esta prohibición de no predicar en cuatro años, decide marcharse de Alcalá y recurrir "al arzobispo de Toledo, Fonseca, y poner la cosa en sus manos"
El resto de las enigmáticas frases de don Quijote toma por fin sentido con esta nueva información, pues el “arzobispo Turpín” ante quien el caballero se lamenta es, como indica la T y las seis letras de ambos nombres (T.O.L.E.D.O – T.U.R.P.I.N), un trasunto del “arzobispo de Toledo” escuchando las quejas de Loyola, su impotencia al tener que acatar "sin más ni más" la injusta sentencia prohibiéndole hablar. De ahí que don Quijote muestre su decepción
Otra frase con la que se completa esta fantástica parodia del procesamiento a Loyola y su situación en la cárcel
Aunque está en la cárcel, Loyola es visitado con libertad y prosigue con su labor de apostolado, es decir, no sólo cuenta con el apoyo popular, sino con la aceptación tácita de la autoridad al permitirle visitas relacionadas con su religiosidad. Esa permisividad y la falta de cargos le hicieron albergar la esperanza de que serían absueltos y todo seguiría igual, sin embargo, la sentencia, aunque no les condena, sí les prohíbe ejercer su apostolado, de ahí que don Quijote se sienta decepcionado, pues a pesar de haber ganado "el prez", ha sido realmente derrotado. Esa es la razón de la respuesta alentadora del cura
El cura se comporta con don Quijote como un buen amigo (le llama compadre), animándole a que mire ante todo por su salud, una actitud muy en consonancia con la del arzobispo de Toledo respecto a Loyola, pues lo animó y trató “humanísimamente” y “le dio dineros para el camino y le ofreció todo favor y amparo”. El cura pronuncia además una misteriosa y agorera frase (“Dios será servido que la suerte se mude y que lo que hoy se pierde se gane mañana”) cuya inspiración también se encuentra en la Vida
El famoso libro de Ejercicios Espirituales de Loyola, que en la época de los procesos de Alcalá y Salamanca fue examinado y remirado con la intención de obtener alguna prueba de herejía, no sólo salió triunfante, sino que se convirtió, como dice Ribadeneyra, en un arma muy eficaz para la Compañía y para el resto de los católicos. A ese triunfo (con el referente “Dios será servido”) alude la enigmática frase del cura cuando pronostica “que lo que hoy se pierde se gane mañana”. Han ganado la libertad e injustamente perdido su derecho a ejercitarla, pero aquellas derrotas del Relato son ya, según la Vida, victorias que el tiempo ha favorecido. El mismo sentido se deduce de la esperanzadora frase de consuelo del cura que, para don Quijote, sigue siendo el arzobispo Turpín, parodia del de Toledo con Loyola, interesado por su salud y aconsejándole cuidarse. También es curioso que el cura llame “compadre” a don Quijote, pues según Covarrubias “Llamamos compadres a los que nos sacaron de pila”, algo difícilmente aceptable dentro de la novela externa, pues si el cura fuese padrino de don Quijote debería tener una edad con la que no podría desarrollar algunas de las actividades que realizará en el resto de la novela. Sin embargo, Covarrubias, en la definición de ahijado dice: “El que saca el compadre de pila [...] Ahijados en los torneos y justas y desafíos, que todos éstos toman padrinos”, acepción esta última que sí explica la denominación del cura, pues es padrino de don Quijote no porque esté siguiéndole la corriente con el asunto del torneo, sino porque en su función de arzobispo de Toledo hizo el papel de padrino de Loyola
En resumen, puede decirse que las dos incomprensibles frases de don Quijote consideradas absurdas y propias de un demente, son por el contrario muy lógicas dentro del lenguaje profundo. Por un lado ha pedido, en consonancia con la llegada de Calixto a Alcalá, una reagrupación del bando de los aventureros con el objetivo de frenar la presión que sobre ellos estaba realizando la Inquisición (“los cortesanos llevan lo mejor del torneo”) y, por otro, comunica al cura, símbolo en esta ocasión del arzobispo de Toledo, su decepción por la victoria de los cortesanos y, por tanto, la derrota del bando de Loyola cuando a pesar de contar con el apoyo de la gente y lograr una sentencia absolutoria, se les condena a no predicar. Por eso el cura-arzobispo le aconseja resignación y que atienda a su salud, pues además de cansado debe estar incluso “malferido”
De nuevo esta respuesta sigue en la misma línea, jugando ahora Cervantes con el sentido figurado de las heridas o secuelas de un encontronazo achacado a la envidia, que es, a fin de cuentas, la auténtica razón de las persecuciones contra Loyola, tal vez el único capaz de enfrentarse a la Iglesia, según se deduce de la sabia respuesta de don Quijote: “porque ve que yo solo soy el opuesto de sus valentías” Don Quijote hace además en su intervención una solicitud de comida (“por agora tráiganme de yantar”), aunque añadiéndole un matiz (“es lo que más me hará al caso “) que de nuevo conecta sutilmente con el lenguaje profundo, pues da la sensación, como en el capítulo 5, de que pide comida no porque tenga hambre, sino para cumplir, como en la venta, con todos los detalles históricos de la parodia (“Pues venid (dice el confesor) el domingo a comer con nosotros”), por eso comer es lo que ahora “más me hará al caso”
Otra astuta frase del narrador para mantener intacta la doble lectura, pues ya sabemos que, tras la comida en el convento, Loyola y Calixto fueron encerrados e interrogados, y que la autenticidad de sus respuestas causaba admiración
Don Quijote está, pues, otra vez dormido en consonancia con la nueva prisión de Salamanca, donde, según el Relato, tras ser interrogados por el soprior, le retuvieron ilegalmente en el monasterio
Tras la detención en el monasterio, Loyola y su compañero fueron conducidos a la cárcel, interrogados y sometidos a un examen del libro de los Ejercicios. Razón por la que Cervantes, tras volver a meter a don Quijote en la cama, prosigue con el escrutinio-quema de la biblioteca
Una gran decepción se desprende de ese fragmento inspirado en la barbarie censora que asoló la vida cultural española. El fuego "quemó y abrasó" [11] trae a la memoria juicios y condenas no sólo a los libros, sino también a sus autores o poseedores. Intolerancias de las que Cervantes sólo acusa a la Iglesia ("no lo permitió su suerte y la pereza del escrutiñador") por haber caído en ese abandono intelectual contrario al ideal cristiano. Finaliza el párrafo con el dicho "justos por pecadores" que además del sentido religioso, adquiere el del injusto proceder contra Loyola como cabeza de turco de otros movimientos heterodoxos, pues "en ellos" se "cumplió el refrán"
La estrategia urdida entre el cura y el barbero consistió en tapiar la puerta de la biblioteca de don Quijote ("murasen y tapiasen el aposento de los libros") y acusar de ello a uno de sus enemigos. La idea está de nuevo inspirada en los procesos a Loyola, pues la sentencia de Alcalá, que le condenaba a no predicar, está explicada en el Relato y la Vida con la misma metáfora de la puerta
También en Salamanca la Inquisición vuelve a prohibirle predicar, y el Relato repite el símbolo de la puerta
Así como a Loyola se le prohíbe predicar "no le dando causa ninguna", a don Quijote tampoco se le explican las verdaderas razones de la desaparición de su biblioteca, aunque el narrador aclara que "quizá quitando la causa cesaría el efeto", el mismo razonamiento que debieron hacerse los inquisidores para desactivar a Loyola, pues quitándole la posibilidad de predicar, cesarían las agitaciones de su doctrina. Dos días después se levanta don Quijote (“De allí a dos días se levantó”), una forma simbólica de referir los 22 días de Loyola encarcelado (“Y a los 22 días que estaban presos les llamaron a oír la sentencia”) y, al no encontrar la puerta, mira y remira “sin decir palabra”, también en respuesta al silencio de Loyola ante el bachiller (“Y por mucho que instó el doctor Frías, que se demostraba muy afectado, el peregrino no dijo más”) Pero además, el cura y el barbero han aleccionado al ama y a la sobrina para que sepan responder a don Quijote (“dijesen que un encantador se los había llevado”), una artimaña inspirada en el pacto que, según el Relato, los dominicos hicieron con los jueces ("negociaron, según paresce, con los jueces") instruidos previamente igual que el ama, según se vuelve a confirmar (“El ama, que ya estaba bien advertida de lo que había de responder") El ama, supersticiosa y aleccionada por el cura, acusa al diablo de la pérdida de la biblioteca, pero la sobrina la corrige con una versión diferente
La sobrina proporciona una fantástica e imaginativa versión cargada de literatura y, especialmente, de detalles sobre la Vida
Ribadeneyra, según había leído en las vidas de otros santos, se inventa este suceso (nada se dice de él en el Relato ni en otra fuente aceptable) no menos fantástico que la versión de la sobrina sobre el encantador que se llevó los libros. El referente común es el aposento y, además, la milagrosa o quimérica irrupción con presencia sobrenatural en ambos casos pues, según Ribadeneyra, “se sintió en toda la casa un estallido muy grande, y el aposento en que estaba tembló [...] O, por ventura, el demonio ya vencido huyó, y dio señales de su enojo y crueldad” y, según la sobrina el encantador “apeándose de una sierpe en que venía caballero, entró en el aposento, y no sé lo que se hizo dentro, que a cabo de poca pieza salió volando por el tejado y dejó la casa llena de humo” También informa la sobrina a su tío de que el propio encantador les dijo que actuaba “por enemistad secreta que tenía al dueño de aquellos libros” y que su nombre era Muñatón, algo con lo que no está de acuerdo don Quijote, pues es su opinión debió decir Frestón. Entonces interviene el ama para rematar la discusión, aunque con su respuesta añade otra nueva posibilidad al nombre del encantador
Se trata de una divertidísima parodia sobre la especial animadversión mostrada, según el Relato, por el bachiller Frías contra Loyola. Recordemos que estando preso en Salamanca
Hay una evidente acusación de ensañamiento o tirria del bachiller Frías (“más que los otros”) que está perfectamente definida por la sobrina como “enemistad secreta”, pues Loyola ignoraba las razones de este odio personal. El juego con el nombre resulta evidente, pues Frías se ha convertido en "Frestón o Fritón", conservando, en contra de lo que dice el ama, no el "tón", sino el Fri, que es el principio del nombre del inquisidor, acusado también por don Quijote de ser un "grande enemigo mío" que me tiene "ojeriza"
De nuevo don Quijote acierta con su calificativo, pues el encantador es definido como sabio, según corresponde a la función de acusador culto y experto en cánones ejercida por el bachiller Frías, para el que se emplea otra palabra “ojeriza” que de nuevo nos remite a la Vida y a un pasaje ya visto y comentado (por lo que aquí se resume) y muy relacionado con la censura de libros que realiza el bachiller
Con muchísimo humor Cervantes vuelve una y otra vez a los mismos párrafos para jugar con las palabras empleadas por Ribadeneyra en sus astutos galimatías pues, recuérdese, en ese fragmento niega la influencia erasmista de Loyola. Por otro lado, la respuesta de don Quijote es otra vez profética, al hablar de un futuro incierto (“andando los tiempos”) donde va “a pelear en singular batalla con un caballero a quien él favorece y le tengo de vencer sin que él lo pueda estorbar”. Lo extraordinario es que está hablando del porvenir con absoluta rotundidad, con la certeza de quien ha regresado del futuro, pues se está refiriendo a una batalla de la que él ya conoce su final, según está escrito en la Vida
Casi toda la intervención de don Quijote está extraída de este fragmento donde Ribadeneyra expone el gran triunfo que supuso para la Compañía, y por lo tanto para su fundador, la segunda confirmación de la orden por bula del papa Julio III en 1550. En cierta medida, esa confirmación supuso la derrota final de quienes se opusieron a las intenciones de Loyola. Toda la profética intervención de don Quijote es un juego verbal a base de expresiones de ese fragmento. Cuando dice que el sabio Frestón “sabe por sus artes y letras que tengo de venir”, está ironizando sobre la expresión “les concedió por sus letras apostólicas licencia de hacer constituciones”, pues Frestón, trasunto del bachiller Frías, no tendrá más remedio que conocer, por sus estudios y ocupaciones, esa bula futura del papa con la que, al confirmar a la Compañía, el bachiller queda simbólicamente derrotado en sus persecuciones contra Loyola. Lo mismo ocurre con las restantes coincidencias Vida Quijote por sus letras por sus artes y letras después andando el tiempo andando los tiempos favoreciéndolos a quien él favorece ordenan las constituciones por el cielo está ordenado Por último, don Quijote le asegura o promete a Frestón que “mal podrá él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado”, otra sutil referencia al poder de las Constituciones de la Compañía (de inspiración divina) y la bula del papa, y al mismo tiempo una referencia a la especial protección, al favor de Dios con que contaba Loyola
Ese sentido de protección sobrenatural y de absoluta seguridad en sí mismo se trasluce en el coloquio mantenido por don Quijote y su sobrina.
El coloquio en torno al valor y el triunfo del caballero no sólo contiene la simbología propia del lenguaje popular empleado por ambos, sino que don Quijote está a su vez recurriendo a la Vida, donde Ribadeneyra insiste en la protección divina de que gozaba Loyola como fundador de la Compañía
La tesis de Ribadeneyra es que si Dios tiene contados y controla cada uno de nuestros cabellos, ¿cómo no va a dedicar especial atención a cosa tan fundamental como la fundación de órdenes religiosas? De ahí la rotunda seguridad de don Quijote en que nadie puede llegar a tocarle. Tras la respuesta de don Quijote a la sobrina, el narrador añade, a modo de nota, esa breve observación donde se vuelve a recordar el temperamento inestable del caballero, capaz de pasar de una apacible charla a un estado de cólera en cuanto se le contradice. Otra apreciación en consonancia con Ribadeneyra, que caracteriza a Loyola como colérico
También Unamuno y otros, basándose probablemente en ese fragmento anterior de la Vida, han apuntado esa coincidencia entre Loyola y don Quijote: “por temperamento eran semejantes, ambos eran coléricos” [12] El verbo encender, en el sentido utilizado por el narrador (“se le encendía la cólera”), está también muy presente en la Vida [13] .
Esos “quince días” de sosiego en su casa sirven como referente preciso para mantener el paralelismo meticuloso con el Relato, donde al final del capítulo VII se especifica que tras salir de la cárcel, Loyola permaneció “15 ó 20 días” en Salamanca, se supone que muy sosegado, pues le habían prohibido predicar, precisamente lo que Cervantes suele traducir como lucha de los caballeros andantes
Durante esos 15 días Loyola conversa con “personas principales” que tratan de impedir su marcha, y don Quijote hace lo mismo con “el cura y el barbero”, también interesados en que no vuelva a salir. En ambos casos la conversación es semejante, pues don Quijote habla sobre la necesidad de que en el mundo se resucitase la comprometida “caballería andantesca”, símbolo del deseo de Loyola de entrar en una religión “estragada y poco reformada”. En ambos textos “el mundo” sirve de referente. También el Relato transmite la enorme confianza que Dios daba a Loyola (“sufriría bien todas las afrentas y injurias que le hiciesen”) para soportar cualquier afrenta, es decir, lo que simbólicamente don Quijote resumió más arriba con esa metáfora de barbas y cabellos. A esos paralelismos temáticos y estructurales hay que añadirle las expresiones de la Vida, pues don Quijote “estuvo quince días en en casa muy sosegado” porque era también la forma de estar de Loyola
Las conversaciones con sus dos compadres “sobre que él decía que la cosa de que más necesidad tenía el mundo era de caballeros andantes y de que en él se resucitase la caballería andantesca”, se corresponden, igualmente, con la necesidad que, según Ribadeneyra, tiene el mundo de nuevas religiones
En el fragmento de los cabellos, citado un poco más arriba, también se encuentra ese mismo concepto de la necesidad del socorro divino, o caballeros andantes, para las religiones
En la Vida existen otros muchos ejemplos sobre este asunto, lo que explica que, también en el Quijote, sea un tema abundante, abordado una y otra vez por los distintos personajes de la novela. La astucia del cura sonsacando a don Quijote (“El cura algunas veces le contradecía y otras concedía, porque si no guardaba este artificio no había poder averiguarse con él”) sigue en la misma línea de crítica a las innobles actuaciones de los eclesiásticos con Loyola. En ese aspecto el Relato da una idea muy concreta del cinismo de los dominicos en Salamanca
El adulador comportamiento del cura, que ya no es el arzobispo Turpín, sino el representante de la Iglesia que intenta conocer la intenciones de Loyola para "poder averiguarse", responde a esa artificiosa intencionalidad aunque, como siempre, la nota distintiva procede de la Vida donde encontramos un fragmento paralelo (“si no guardaba este artificio no había poder averiguarse con él”)
Con esas triquiñuelas y artificios usados por el cura, finaliza la inactividad de don Quijote y la parodia de los procesos seguidos a Loyola en Alcalá y Salamanca que, libre de sus prisiones y sin poder predicar, decide cambiar de aires y marcharse a París. La inactividad de don Quijote, su convalecencia, ha servido a Cervantes para parodiar las prisiones de Loyola, su inmovilidad. Desde que el labrador Pedro Alonso lo ha llevado a su casa, sólo se ha levantado de la cama para dar continuidad al Relato, aprovechando los breves momentos que entre sueño y sueño, mientras escudriñan su biblioteca, le permiten hablar. APARICIÓN DE SANCHO Una vez recuperado don Quijote, lo primero que hizo, siguiendo los consejos del ventero, fue buscar un escudero
La aparición de Sancho Panza responde al acompañamiento que, según el Relato, comenzó a requerir Loyola, cuya intención, hasta ahora, ha sido no tener compañeros fijos, sino peregrinar en solitario. Sin embargo, después de los sucesos de Alcalá y Salamanca cambió de idea y, como se especifica en el Relato, empezó a pensar en conservar los compañeros que ya tenía y en reunir a otros con el mismo propósito (“ajuntar algunos del mismo propósito”). Esa es la razón por la que don Quijote, cumpliendo a su vez con la tradición de la caballería andante, decide seguir los consejos del ventero, buscándose un escudero que cumpla las funciones señaladas por Loyola
Sancho, además de acompañar a don Quijote, le ayudará a levantarse cuando caiga y se convertirá en la única persona en la que deposite su afectividad y confianza. También la intención de Loyola de que sus compañeros estudien es objeto de parodia, pues Sancho, durante toda la Primera parte de 1605, es a fin de cuentas un estudiante o principiante de la nueva orden de caballerías que su amo profesa. El inicio del fragmento (“En este tiempo”) es un importante referente para comprender la asociación Sancho-compañeros, pues nos remite a un pasaje de la Vida donde se habla de ellos con un primer sentido de comunidad
Mientras la mayoría de los nombres fundamentales del Quijote guardan relación con otros del Relato, la figura de Sancho es la suma paródica de todos los hombres de bien que en estos años siguen al peregrino. Personas buenas e incultas, según Loyola confiesa durante el interrogatorio ante los dominicos
Gente, pues, sencilla a las que Loyola convence gracias a su enorme capacidad persuasiva
Don Quijote ha utilizado para convencer a Sancho los mismos recursos que Loyola para captar a sus compañeros, persuadiéndoles, hablándoles mucho y prometiéndoles la salvación eterna y el reino de Dios. Sancho, hombre "de muy poca sal en la mollera", no se deja convencer fácilmente, pero "tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió" que termina aceptando la proposición y rompiendo con todos sus lazos familiares y sociales, tal como había hecho Loyola y exigía a todos sus seguidores. La frase está claramente inspirada en otra de la Vida relacionada con el momento de captación de compañeros
También emplea el narrador la expresión “se determinó de salirse con él”, claro referente a otro fragmento de la Vida dedicado al proceso de captación de compañeros
y, especialmente, como alusión al primer compañero que, de forma definitiva, decide seguirle
Don Quijote ha convencido a Sancho prometiéndole, entre otras cosas, el gobierno de un ínsula, una promesa que se convierte desde ahora en otro de los recursos centrales de la novela, en consonancia con el lugar primordial que, en la Vida, ocupa el objetivo de la Compañía de ampliar el reino de Dios, renovando su doctrina y difundiéndola por las partes más remotas del mundo. Por eso Sancho ha sido convencido con “estas promesas y otras tales” que irán apareciendo en los próximos capítulos, a medida que en la Vida van mencionándose esos objetivos de la Compañía transformados por Cervantes en la meta de esa simbólica codicia del escudero. La figura de Sancho es la menos vinculada al Relato, pues en el libro de Gonçalves no hay ningún compañero de Loyola, entre los pocos citados, que llegue a tener personalidad, aparecen simplemente nombrados y actúan como una colectividad: compañeros. Cervantes crea un escudero similar al de los libros de caballerías y le otorga funciones ambivalentes de escudero y acólito, pues don Quijote, en este capítulo 7, le llama amigo, pero en el siguiente ya le llama "hermano Sancho Panza" Sancho es, pues, copia de escuderos de la literatura y parodia de los humildes e ignorantes muchachos que, seducidos por las promesas de gloria eterna, se lanzan a la aventura religiosa y abandonan su vida anterior. De ahí que Cervantes, en el Quijote de 1615, haga que Sancho, tras cumplir el noviciado en la Primera parte, realice su camino ascético como religioso, repitiendo, en una nueva parodia, los mismos sucesos que don Quijote ha imitado de Loyola: cae en una sima, es armado caballero, tiene que azotarse, etc. La culminación de esta ascética, su máximo paralelo con Loyola, se encuentra en su renuncia al gobierno, pues Sancho saldrá de la ínsula y volverá a su casa con las manos vacías, o sea, con la misma pobreza con que Loyola y don Quijote iniciaron sus peregrinaciones tras renunciar a sus derechos de hidalgo y a todos los bienes terrenales. De vuelta de su gobierno es precisamente cuando Sancho cae en la sima y tiene una especie de visión mística que enlaza con la llamada ilustración del Cardoner vivida por Loyola y su correspondiente parodia quijotesca de la cueva de Montesinos. Ese paralelismo espiritual entre los dos personajes fue ya apreciado por la crítica
Sancho es, pues, una representación de los novicios que, subyugados por la personalidad de un líder, lo abandonan todo para seguirle. El mismo Cervantes sugiere en el prólogo I esa representatividad colectiva otorgada a Sancho
Por "cifradas todas", según el contexto, debe entenderse compendiadas, pero también puede leerse como que todas las gracias escuderiles de Sancho están transcritas en clave, cifradas y compendiadas de todos los libros religiosos. Don Quijote es, desde el momento que abandona su casa, la búsqueda de un ideal, un entusiasmo siempre en marcha que crea a su alrededor admiración o desprecio. Entre quienes le admiran, Sancho es quien más le conoce por estar junto a él, y su proceder se encamina a aproximarse a esa perfección, de ahí que en su camino represente la suma de virtudes y defectos de todos los compañeros imantados por Loyola: "El crecimiento del escudero, tan evidente desde las primeras páginas de 1615, empieza a manifestarse por medio de una serie de alusiones a lo que podríamos llamar <<las enseñanzas del púlpito>>, complementadas por el folklore" [16] En general, el desarrollo de Sancho, como el resto de la obra, carece de un esquema previo definitivo, y su personalidad va forjándose por acumulación a medida que Cervantes avanza en la interpretación y profundización del Relato y la burla de la Vida. Cuando Sancho, por ejemplo, comience a engarzar refranes, estará parodiando a Ribadeneyra y su gusto por anudar sentencias o seudocitas
Ese abuso descontrolado será utilizado tan hábil y jocosamente por Cervantes que se transformará en uno de los rasgos más universales de la personalidad del escudero, cuyas ocurrencias van a ser siempre el lado más divertido de la crítica cervantina a la falsa erudición de Ribadeneyra. Lo más destacado, por ahora, es el momento exacto de su aparición, la perfecta sincronía en el seguimiento paralelo de los acontecimientos históricos, pues Sancho surge en el preciso momento en que se inicia la parodia de la llegada de Loyola a París, o sea, cuando aparecen los primeros compañeros dispuestos a seguirle.
La expresión utilizada por el narrador (Dio...orden en) la encontramos en la Vida en un contexto paralelo
Y la búsqueda de dineros, se corresponde con los escudos conseguidos por Loyola a su llegada a París, pues ese es el momento parodiado, y aunque en el Relato no se dice cómo Loyola se hace con dicho dinero, en la Vida sí se especifica que procedía de limosnas. Cervantes inventa esa forma de vender posesiones, o sea, recibir algo sin trabajar, aunque ya sabemos, por los primeros capítulos, que don Quijote prácticamente había consumido su hacienda | ||||||||||