CAPÍTULO SIETE

La prisión de Loyola en Alcalá y Salamanca es la base paródica de la estancia de don Quijote en su casa, al igual que la sentencia que obligaba a Loyola a no predicar (“le tapaban la puerta para aprovechar a las ánimas”) inspira el tapiado de la biblioteca de don Quijote, que una vez recuperado busca un escudero, en consonancia con los primeros compañeros que comienzan a seguir a Loyola.

“Si de puertas afuera el <<cordón sanitario>>, impuesto por las restricciones a la libertad de estudios y por el control del comercio librero, garantizaban la inmunidad de infección, de puertas  adentro la censura previa, la institucionalización de la denuncia y el sacro horror inspirado por el sigilo de los métodos del Santo Oficio, crearon un clima de inseguridad y de recelos mutuos que coartaron no ya la libre manifestación, sino la misma espontaneidad del pensamiento.  Marcel Bataillon ha resaltado las catastróficas repercusiones que tuvo en la evolución cultural española el Edicto de Fe, de cuyo peso opresivo sobre las conciencias da buena muestra lo que Blanco White cuenta de los escrúpulos maternos con respecto a su persona.  Con semejante instrumento policiaco  se hacía peligroso no sólo declarar las propias opiniones, sino prestar oído a las ajenas para verse en la obligación de delatar al amigo, al pariente o al vecino, so pena de hacerse encubridor y cómplice de heterodoxias.  El miedo a los roces con el Santo Oficio con sus secuelas de infamia hereditaria, ruina económica y riesgos físicos, lógicamente invitaba a rehuir el trato personal y el contacto con todo aquello de donde pudiera emanar el menor peligro de contagio.  La propaganda clerical venía encima a fomentar escrúpulos sobre el propio discurrir en materias opinables donde no constaba de manera fehaciente la posición oficial de la Iglesia.  Y de ahí la inseguridad con uno mismo y el desasosiego interior, tan sólo conciliados con el silencio o la renuncia a ejercer la actividad pensante” [1]
"Estando en esto, comenzó a dar voces don Quijote, diciendo
-¡Aquí, aquí, valerosos caballeros,  aquí es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos,  que los cortesanos llevan lo mejor del torneo!"

 


   El  capítulo 7 se inicia con estas disparatadas voces  de  don Quijote recién despertado. Cervantes juega con esa  dualidad dormido-despierto para recordar, como en el capítulo anterior, la situación de Loyola encarcelado, es decir, sin libertad de movimiento y además dormido, o sea, sin poder predicar ni ejercer su labor de apostolado.

   Las voces de don Quijote,  incoherentes o no  inteligibles, parecen  las  de un sonámbulo que se cree en medio de  un  torneo entre dos bandos de caballeros.  Él mismo se siente  paladín del partido de los "valerosos brazos" y exhorta a los suyos a la reunificación de fuerzas (“aquí, aquí") para la batalla,  pues el bando contrario, denominado según él los cortesanos,  ha  tomado ventaja al final del torneo.  En general, la arenga está inspirada en una frase de la Vida donde  encontramos atribuido a Loyola, además de varias palabras y conceptos como valor y esfuerzo (“valerosos” “fuerza”), el mismo sentido de estímulo y entusiasmo

“¿cómo un hombre sin letras, soldado y metido hasta los ojos en la vanidad del mundo, pudiera juntar gente y hacer compañía y fundar religión y extenderla en tan breve tiempo por todo el mundo con tanto espíritu, y gobernarla con tan grande prudencia y defenderla de tantos encuentros con tanto valor y con tanto fruto de la santa Iglesia y gloria de Dios, si el mismo Dios, no le hubiera trocado y dádole el espíritu, prudencia y esfuerzo que para ello era menester?” (Vida I, VII)

   Este fragmento se completa con otro perteneciente al momento en que Loyola está preso y es arteramente interrogado por los dominicos

“Detúvose aquí un poco nuestro Ignacio mirando en aquella sutil y para él nueva manera de argumentar. Y después de haber estado un rato en grave y recogido silencio, dijo: - Basta, padre; no es menester pasar más adelante” (Vida I, XV)

   La primera parte de esta expresión subrayada la ha colocado Cervantes en la intervención de don Quijote (“aquí es menester”) y la segunda en la inmediata del narrador

“Por  acudir a este ruido y estruendo, no se pasó adelante  con el escrutinio de los demás libros que quedaban, y así se cree que fueron  al fuego, sin ser vistos ni oídos, La Carolea y León de España, con los hechos del Emperador, compuestos por don Luis  de Ávila,  que sin duda debían de estar entre los que quedaban,  y quizá si el cura los viera no pasaran por tan rigurosa senten­cia"

   Al final los libros han sido condenados “sin ser vistos ni oídos”, es decir, tan injustamente como Loyola que, a pesar de negarse a responder al capcioso interrogatorio, fue injustamente condenado y retenido por los dominicos. El narrador califica de rigurosa esa decisión tomada con los libros, inspirándose en una expresión de la Vida

“allégase toda la gente y júntase en el general, que se había de ejecutar  esta rigurosa sentencia” (Vida II, III)

   Las voces de don Quijote, el ruido, atraen a su cuarto a todos los de la casa

“Cuando  llegaron a don Quijote, ya él estaba levantado  de  la cama y proseguía en sus voces y en sus desatinos, dando  cuchi­lladas  y reveses a todas partes, estando tan despierto como si nunca  hubiera  dormido. Abrazáronse con él y  por  fuerza  le volvieron  al lecho; y  después que  hubo  sosegado  un  poco, volviéndose a hablar con el cura le dijo"

   Recordemos que don Quijote se ha despertado reclamando, con ese insistente “Aquí, aquí... aquí”, la atención sobre algo que sólo él, como si estuviera alucinando, parece ver, pues es una especie de visión contra la que está “dando cuchilladas y reveses a todas partes”. Así lo encuentran sus familiares y amigos cuando, tras precipitar la quema de los libros, acuden a su dormitorio.

   Esa situación en que se encuentra, levantado y dando cuchilladas, es esencialmente simbólica, pues prácticamente todos sus gestos se corresponden con alguna de las circunstancias que, según Ribadeneyra, rodearon los encuentros de Loyola con la Inquisición.  La razón de ese extraordinario matiz según el cual don Quijote estaba “tan despierto como  si nunca  hubiera dormido” es que Ribadeneyra suele utilizar precisamente el verbo despertar [2] para explicar el trabajo de regeneración realizado por Loyola entre la gente, despertando  los corazones, etc. Esa es precisamente la expresión con la que se inicia el capítulo XV de la Vida, núcleo externo de la parodia de este capítulo 7

“Después que llegó a Salamanca, comenzó a ocuparse, como solía, en despertar los corazones de la gente al amor y temor de Dios” (Vida I, XV)

   Aunque don Quijote ha estado dormido en correspondencia simbólica con la prisión de Alcalá que le impedía despertar corazones, ahora vuelve a estar despierto con su llegada a Salamanca, donde inmediatamente reanuda su labor de apostolado, traducido por Cervantes como ese estar despierto “dando cuchilladas y reveses a todas partes”, o sea, predicando sin temor e indirectamente atacando la desidia del resto de los eclesiásticos.  La expresión está inspirada en ese mismo fragmento del capítulo XV de la Vida (“y  que a imitación de los apóstoles andáis por todas partes enseñando a los hombres el camino del cielo”) donde, según el interrogador dominico, Loyola enseña “por todas partes”, es decir, predica abiertamente su doctrina.

  Volviendo a los acontecimientos del Relato, sabemos que tras ese primer interrogatorio después de la comida,  los dominicos encerraron en una celda a Loyola y a su compañero Calixto, una nueva encerrona traducida por Cervantes como esa vuelta forzada de don Quijote a la cama (“Abrazáronse con él y por fuerza le volvieron al lecho”), repitiéndose  el abrazo como símbolo de la detención.

   Una vez en la cama y tras haberse sosegado un poco, don Quijote “volviéndose a hablar con el cura le dijo:

   -Por  cierto, señor arzobispo Turpín, que es gran  mengua  de los  que nos llamamos Doce Pares dejar tan sin más ni más  llevar la  vitoria deste torneo a los caballeros cortesanos, habiendo nosotros los aventureros ganado el prez en los tres día  antece­dentes"

   En su alucinación confunde ahora al cura con el  arzo­bispo  Turpín, ante  quien se lamenta del abandono  o  del  poco entusiasmo ("tan sin más ni más") con que su  bando, denominado ahora el de los Doce Pares o los aventureros, se deja "llevar  la vitoria".   Es  decir, don Quijote se queja de una  derrota  que considera injusta, pues   en los tres días antecedentes su bando había "ganado el prez" [3]

   Con los datos anteriores ya se puede reconstruir la esencia de la parodia y comprender el oscuro lenguaje de don Quijote, pues toda su alucinación es realmente una respuesta en clave al final de los  problemas inquisitoriales  de Loyola en Alcalá y Salamanca,  donde estando en la cárcel acudió para ayudarle su  compañero Calixto  

"En  aquel tiempo estaba Calixto en Segovia, y sabiendo de  su prisión, se vino luego,   aunque recién convalescido de una grande enfermedad, y se metió con él en la cárcel" (R, 62)

o, según Ribadeneyra

“Estaba en este tiempo en Segovia (y aún no bien convalecido de una gran enfermedad pasada) uno de sus compañeros que se llamaba Calisto  el cual, luego que supo que nuestro Ignacio estaba preso, se vino a Alcalá y se entró en la misma cárcel con él

   Este  acto de solidaridad realizado por Calixto para hacer  pre­sión,  este reagrupamiento,  es lo solicitado por don  Quijote cuando  nada más despertar llama a la unidad (“-¡Aquí, aquí, valerosos caballeros,  aquí es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos,  que los cortesanos llevan lo mejor del torneo!") de los aventureros contra el  bando de los cortesanos, una idea, esta de los bandos, sugerida por Ribadeneyra cuando se refiere a la división de opiniones existente en el convento de san Esteban tras la detención de Loyola

“Comía en refitorio con los frailes, y muchos dellos venían a visitarle y a oírle a su celda, que casi estaba llena de frailes; a los cuales él hablaba con mucha libertad y eficacia de las cosas divinas como era su costumbre; y muchos dellos aprobaban y defendían su manera de vivir y enseñar. Y así el monesterio se partió como en bandos, aprobando unos y reprobando otros lo que oían de su dotrina” (Vida I, XV)

  Según López Estrada en los combates  "Había  por una  parte  los <<mantenedores>>, que exponían el cartel  y  las condiciones   de  la  lucha  deportiva,  y  eran tenidos   por <<aventureros>>  los que se enfrentaban con dichos  mantenedores.  De un lado estaban los del lugar, los asentados (que Don Quijote, [en  QI,  7], identifica con los cortesanos), y, del  otro,  los <<aventureros>>.   El caballero imagina hallarse en un torneo,  y él anima a los suyos (<<nosotros, los aventureros>>) [4]

   Cervantes utiliza simbólicamente esas denominaciones para parodiar la actitud conservadora de la Iglesia en los  enfrentamientos con Loyola, pues mientras él y don Quijote representan primero  a los  "Doce Pares", es decir, al bando defensor  del  cristianismo apostólico (doce apóstoles), también  denominado de "los aventureros" [5] (ya  don Quijote  en el capítulo 2 fue denominado "nuestro  flamante aventurero" [6] ), o sea los nuevos religiosos   que se enfrentan al bando  de los  cortesanos [7] ,  símbolos evidentes del poder acomodaticio de la  ortodoxia católica.

   La idea de los bandos estaba muy presente en la sociedad española de finales del XVI, drásticamente dividida entre defensores y detractores de un cristianismo más o menos abierto, como señala González de Montes en su libro Artes de la Inquisición: “había en Sevilla, hacia 1540, dos clases de predicadores.  Unos, místicos, rechazaban a Erasmo y recomendaban la lectura de Henrique Herpio, los opúsculos de San Buenaventura, el Abecedario [de Osuna], la Subida al Monte Sión [de Bernardino de Laredo], y otros tales, por los que aprendiesen a tener humildad.  El otro bando se basaba más en el Evangelio, y en él germinó el llamado luteranismo sevillano” [8]

    Volviendo al proceso de Loyola y sus compañeros, tras 42 días en la cárcel de Alcalá fue el notario a leerles la sentencia

"que fuese libre, y que se vistiesen como los otros  estudian­tes,  y que no hablasen de cosas de la fe dentro de 4  años  que hoviesen más estudiado, pues que no sabían letras"

   Loyola  no  sabe qué hacer, pues aunque su  deseo  es  seguir estudiando, considera aún más importante su labor de apostolado, así que ante esta prohibición de no predicar en cuatro años,  decide marcharse de Alcalá y recu­rrir  "al  arzobispo de Toledo, Fonseca, y poner la cosa  en  sus manos"

“Y así determinó de irse al arzobispo de Toledo don Alonso de Fonseca  que a la sazón estaba en Valladolid  y pasar por lo que él le mandase hacer. Partieron él y sus compañeros para Valladolid vestidos de estudiantes (como habemos dicho). Acogióle el arzobispo humanísimamente y viéndole inclinado a ir a la universidad de Salamanca, le dio dineros para el camino y le ofreció todo favor y amparo, si dél o de los suyos se quisiese valer en Salamanca” (Vida I, XIV)

   El resto de las enigmáticas frases de don Quijote toma por fin senti­do  con  esta nueva información, pues el  “arzobispo  Turpín”  ante quien  el caballero se lamenta es, como indica la T y  las  seis letras  de  ambos nombres (T.O.L.E.D.O – T.U.R.P.I.N),  un trasunto del “arzobispo  de  Toledo” escuchando  las  quejas  de Loyola, su impotencia  al  tener  que acatar "sin más ni más" la injusta sentencia prohibiéndole hablar.  De ahí que  don Quijote muestre su decepción

"habiendo  nosotros los aventureros ganado el prez en los  tres días antecedentes"

   Otra frase con la que se completa esta  fantástica  parodia del  procesamiento  a  Loyola y su situación en la cárcel

"venían  muchos  a visitalle; y hacía lo mismo que  libre,  de hacer doctrina y dar ejercicios" (R, 60)
“Era tiempo de estío y tenía una manera de carcelería algo libre, y así pudieron acudir a él   muchos para oírle, a los cuales él enseñaba la dotrina cristiana y cosas de nuestro Señor, y les daba los ejercicios espirituales, de la misma manera y con el mismo fervor de cuando estaba del todo libre” (Vida I, XIV)

   Aunque está en la cárcel, Loyola es visitado con libertad y prosigue con su labor de apostolado, es decir, no sólo cuenta con el apoyo popular,  sino con la aceptación tácita de la autoridad al permitirle visitas relacionadas con su religiosidad.  Esa permisividad y la falta de cargos le hicieron albergar la esperanza de que serían absueltos y todo seguiría igual,  sin embargo, la sentencia, aunque no les condena, sí les prohíbe ejercer su apostolado, de ahí que don Quijote se sienta decepcionado, pues a pesar de haber ganado "el prez",  ha sido realmente derrotado.  Esa es la razón de la respuesta alentadora del cura

"-Calle vuestra merced, señor compadre -dijo el cura-,  que Dios será servido que la suerte 
se  mude y que lo que hoy se pierde  se gane  mañana; y atienda vuestra merced a su salud por agora,  que me  parece que debe de estar demasiadamente cansado, si ya no  es que está malferido”

   El cura se comporta con don Quijote como un buen amigo (le llama compadre), animándole a que mire ante todo por su salud, una actitud muy en  consonancia con la del arzobispo de Toledo respecto a Loyola, pues lo animó y trató “humanísimamente” y “le dio dineros para el camino y le ofreció todo favor y amparo”.  El cura  pronuncia además una misteriosa y agorera frase  (“Dios será servido que la suerte  se  mude y que lo que hoy se pierde  se gane  mañana”) cuya inspiración también se encuentra en la Vida

“Y aunque es cosa muy probada y manifiesta en todo el mundo el fruto que ha traído por todas partes el uso destos sagrados Ejercicios a la república cristiana ir con todo eso tocaré algunas cosas de las muchas que se podrían decir de su provecho y utilidad. Primeramente, al  uso de los Ejercicios se debe la institución y fundación de nuestra Compañía, pues fue nuestro Señor servido que por ellos casi todos los padres que fueron los primeros compañeros de nuestro B. Padre y los que lo ayudaron a fundar la Compañía, los despertase él tanto  y convidase al deseo de la perfección y al menosprecio del mundo” (Vida I, VIII)

   El famoso libro de Ejercicios Espirituales de Loyola, que en la época de los procesos de Alcalá y Salamanca fue examinado y remirado con la intención de obtener alguna prueba de herejía, no sólo salió triunfante, sino que se convirtió, como dice Ribadeneyra, en un arma muy eficaz para la Compañía y para el resto de los católicos.  A ese triunfo (con el referente “Dios será servido”) alude la enigmática frase del cura cuando pronostica “que lo que hoy se pierde se gane mañana”. Han  ganado la libertad  e injustamente  perdido su derecho a ejercitarla, pero aquellas derrotas del Relato son ya, según la Vida, victorias que el tiempo ha favorecido.    El mismo sentido se deduce de la esperanzadora frase  de consuelo del cura que, para don Quijote, sigue siendo el arzobispo Turpín, parodia del de Toledo con Loyola,  interesado por su salud y aconsejándole  cuidarse.

   También es curioso que el cura llame “compadre” a don Quijote, pues según Covarrubias “Llamamos compadres a los que nos sacaron de pila”, algo difícilmente aceptable dentro de la novela externa, pues si el cura fuese  padrino de don Quijote debería tener una edad con la que no podría desarrollar algunas de las actividades que realizará en el resto de la novela.  Sin embargo, Covarrubias, en la definición de ahijado dice: “El que saca el compadre de pila [...] Ahijados en los torneos y justas y desafíos, que todos éstos toman padrinos”,  acepción esta última que sí explica la denominación del cura, pues es padrino de don Quijote no porque esté siguiéndole la corriente con el asunto del torneo, sino porque en su función de arzobispo de Toledo hizo el papel de padrino de Loyola

"El  arzobispo  de Toledo, Fonseca, mecenas del  erasmismo,  ha tomado a Íñigo bajo su protección y le manda venir a Salamanca" [9]

   En resumen, puede decirse que las dos incomprensibles frases de don Quijote consideradas absurdas y propias de un demente, son por el contrario muy lógicas dentro del lenguaje profundo.  Por un lado ha pedido, en consonancia con la llegada de Calixto a Alcalá, una reagrupación del bando de los aventureros con el objetivo de frenar la presión que sobre ellos estaba realizando la Inquisición (“los cortesanos llevan lo mejor del torneo”) y, por otro, comunica al cura, símbolo en esta ocasión del arzobispo de Toledo, su decepción por la victoria de los cortesanos y, por tanto, la derrota del bando de Loyola cuando a pesar de contar con el apoyo de la gente y lograr una sentencia absolutoria, se les condena a no predicar.  Por eso el cura-arzobispo le aconseja resignación y que atienda a su salud, pues además de cansado debe estar incluso “malferido”

-Ferido  no -dijo don Quijote-, pero molido y quebrantado,  no hay  duda  en ello, porque aquel bastardo de don  Roldán  me  ha molido  a palos con el tronco de una encina, y todo de  envidia, porque ve que yo solo soy el opuesto de sus valentías.  Mas no me llamaría  yo Reinaldos de Montalbán si  en levantándome deste lecho  no me lo pagare, a pesar de todos sus  encantamentos;  y por agora tráiganme de yantar, que sé que es lo que más me  hará al caso [10] , y quédese lo del vengarme a mi cargo"

   De nuevo esta respuesta sigue en la misma línea,  jugando ahora Cervantes con el sentido figurado de las heridas o secuelas de un encontronazo achacado a la envidia, que es, a fin de cuentas, la auténtica razón de las persecuciones contra Loyola, tal vez el único capaz de enfrentarse a la Iglesia,  según se deduce de la sabia respuesta de don Quijote: “porque ve que yo solo soy el opuesto de sus valentías”

   Don Quijote hace además en su intervención una solicitud de comida (“por agora tráiganme de yantar”), aunque añadiéndole un matiz (“es lo que más me  hará al caso “) que de nuevo conecta sutilmente con el lenguaje profundo, pues da la sensación, como en el capítulo 5, de que pide comida no porque tenga hambre, sino para cumplir, como en la venta, con todos los detalles históricos de la parodia (“Pues venid (dice el confesor) el domingo a comer con nosotros”), por eso comer es lo que ahora “más me hará al caso”

“Hiciéronlo ansí: diéronle de comer, y quedóse otra vez dormido, y ellos, admirados de su locura”

   Otra astuta frase del narrador para mantener intacta la doble lectura, pues ya sabemos que, tras la comida en el convento, Loyola y Calixto fueron encerrados e interrogados, y que la autenticidad de sus respuestas causaba admiración

 “A lo cual todo (protestando primero con modestia que era hombre sin letras) respondió tan sabia y gravemente, que más les daba materia de admiración que ocasión de reprehensión alguna”

   Don Quijote está, pues, otra vez dormido en consonancia con la nueva prisión de  Salamanca, donde, según el Relato, tras ser interrogados por el soprior, le retuvieron ilegalmente en el monasterio

“los frailes hicieron cerrar todas las puertas, y negociaron, según paresce, con los jueces.  Todavía los dos estuvieron en el monasterio 3 días sin que nada se les hablase de parte de la justicia [...] Al cabo de los 3 días vino un notario y llevóles a la cárcel [...]  El bachiller Frías les vino a examinar a cada uno por sí, y el peregrino le dio todos sus papeles, que eran los Ejercicios, para que los examinasen [...] Y algunos días después fue llamado delante de cuatro jueces, los tres doctores, Sanctisidoro, Paravinhas y Frías, y el cuarto el bachiller Frías, que ya todos habían visto los Ejercicios.  Y aquí le preguntaron muchas cosas [...]  El bachiller Frías, que en estas cosas se había mostrado siempre más que los otros, le preguntó también un caso de cánones [...]  Y a los 22 días que estaban presos les llamaron a oír la sentencia, la cual era que no se hallaba ningún error ni en vida ni en doctrina; y que así podrían hacer como antes hacían, enseñando  la  doctrina y hablando de cosas de Dios,  con  tanto  que nunca difiniesen: esto es pecado mortal, o esto es pecado venial, si  no fuese pasados 4º años, que huviesen más estudiado.   Leída esta sentencia, los jueces mostraron mucho amor, como que querían que  fuese aceptada.  El peregrino dijo que él haría todo lo  que la  sentencia  mandaba,  mas  que no  la  aceptaría;  pues, sin condenalle  en  ninguna cosa, le cerraban la boca  para  que  no ayudase los próximos en lo que pudiese.  Y por mucho que instó el doctor  Frías,  que se demostraba muy afectado, el  peregrino no dijo  más,  sino que, en cuanto estuviese en la  jurisdicción  de Salamanca haría lo que se le mandaba.  Luego fueron sacados de la cárcel,  y él empezó a encomendar a Dios y a pensar lo que debía de  hacer.   Y hallaba dificultad grande de estar  en  Salamanca; porque  para aprovechar las ánimas le parescía tener  cerrada  la puerta  con esta prohibición de no difinir de pecado mortal y de venial” (R, 68)

   Tras la detención en el monasterio, Loyola y su compañero fueron conducidos a la cárcel, interrogados y sometidos a un examen del libro de los Ejercicios.  Razón por la que Cervantes, tras volver a meter a don Quijote en la cama, prosigue con el escrutinio-quema de la biblioteca   

   "Aquella  noche quemó y abrasó el ama cuantos libros había  en el  corral y en toda la casa, y tales debieron de arder  que  me­recían  guardarse  en perpetuos archivos; mas no lo permitió  su suerte y la pereza del escrutiñador, y así se cumplió el  refrán en ellos de que pagan a las veces justos por pecadores"

   Una gran decepción se desprende de ese fragmento inspirado en la barbarie censora que asoló la vida cultural española. El fuego "quemó y abrasó" [11] trae a la memoria juicios y condenas no sólo a los libros, sino  también a sus autores o poseedores.  Intolerancias de  las  que Cervantes sólo acusa a la Iglesia ("no lo permitió su suerte y la pereza del escrutiñador") por haber  caído en ese abandono  inte­lectual   contrario al ideal cristiano.

    Finaliza el párrafo  con el dicho "justos por pecadores" que además del sentido religio­so, adquiere el del injusto proceder contra Loyola como cabeza de turco  de  otros  movimientos heterodoxos,  pues "en  ellos"  se "cumplió el refrán"

   "Uno  de  los remedios que el cura y el  barbero  dieron  por entonces  para el mal de su  
amigo fue que le murasen y tapiasen el aposento de los libros, porque cuando se  levantase no  los hallase (quizá  quitando la causa cesaría el  efeto),  y  que dijesen  que un encantador se los había llevado, y el aposento  y todo;  y así fue hecho con mucha presteza. De allí a dos días  se levantó  don  Quijote,  y lo primero que hizo fue ir  a  ver  sus libros;  y  como no hallaba el aposento donde  le  había  dejado, andaba  de una en otra parte buscándole.  Llegaba  adonde  solía tener  la puerta, y tentábala con las manos, y volvía y  revolvía los ojos por todo, sin decir palabra; pero al cabo de una  buena pieza preguntó a su ama que hacia qué parte estaba el  aposento de  sus libros.  El ama, que ya estaba bien advertida de lo que debía responder, le dijo:
   -Qué  aposento o qué nada busca vuestra merced? Ya  no  hay aposento ni libros en esta casa, porque todo se lo llevó el mesmo diablo.

   La  estrategia urdida entre el cura y el barbero consistió  en tapiar  la  puerta de la biblioteca de don Quijote ("murasen  y tapiasen  el aposento de los libros") y acusar de ello a  uno  de sus enemigos. La idea está de nuevo inspirada en los procesos  a Loyola,  pues  la sentencia de Alcalá, que le condenaba a no predicar, está explicada en el Relato y la Vida con la misma metáfora de la puerta

"Con esta sentencia estuvo un poco dubdoso lo que haría, porque parece  que le tapaban la 
puerta para aprovechar a las ánimas,  no le dando causa ninguna, sino porque no había  
estudiado"(R, 63)
“Mas después que el padre advirtió que con la tercera parte desta sentencia se cerraba la 
puerta para tratar del aprovechamiento del prójimo, no dejó de poner duda en la ejecución 
della”

   También en Salamanca la Inquisición  vuelve a  prohibirle  predicar, y el Relato repite el símbolo de  la puerta

"Y hallaba dificultad grande de estar en Salamanca; porque  para aprovechar  las ánimas le 
parescía tener  cerrada la  puerta  con esta  prohibición  de no difinir de pecado mortal  y    
de  venial" (R, 70)

   Así  como a Loyola se le prohíbe predicar "no le  dando  causa ninguna",  a don Quijote tampoco se  le explican  las  verdaderas razones  de la desaparición de su biblioteca, aunque el  narrador aclara que "quizá quitando la causa cesaría el efeto", el mismo razonamiento  que  debieron hacerse los inquisidores  para desactivar a Loyola, pues quitándole la posibilidad de  predicar, cesarían las agitaciones de su doctrina. 

   Dos días después se levanta don Quijote (“De allí a dos días  se levantó”), una forma simbólica de referir los 22 días de Loyola encarcelado (“Y a los 22 días que estaban presos les llamaron a oír la sentencia”) y, al no encontrar la puerta, mira y remira “sin decir palabra”, también en respuesta al silencio de Loyola ante el bachiller (“Y por mucho que instó el doctor  Frías,  que se demostraba muy afectado, el  peregrino no dijo  más”)

   Pero además, el cura y el barbero han aleccionado al ama y a la sobrina para que sepan responder a don Quijote (“dijesen que un encantador se los había llevado”), una artimaña inspirada en el pacto que, según el Relato, los dominicos hicieron con los jueces ("negociaron, según  paresce,  con los jueces") instruidos previamente igual que el ama, según se  vuelve a confirmar (“El  ama,  que  ya estaba bien advertida de lo  que  había  de responder")

   El ama, supersticiosa y aleccionada por el cura, acusa al diablo de la pérdida de la biblioteca, pero la sobrina la corrige con una versión diferente

   -No  era el diablo -replicó la sobrina-,  sino  un  encantador que  vino sobre una nube una noche, después del día  que  vuestra merced de aquí se partió, y apeándose de una sierpe en que  venía caballero,  entró en el aposento, y no sé lo que se hizo  dentro, que  a cabo de poca pieza salió volando por el tejado y dejó  la casa  llena  de humo; y cuando acordamos a mirar  lo  que  dejaba hecho, no vimos libro ni aposento alguno; sólo se nos acuerda muy bien  a mí y al ama que al tiempo del partirse aquel mal  viejo dijo en altas voces que por enemistad secreta que tenía al  dueño de  aquellos libros y aposento dejaba hecho el daño en aquella casa que después se vería.  Dijo también que se llamaba el  sabio Muñatón.
   -Frestón diría -dijo don Quijote.
   -No sé -respondió el ama- si se llamaba Frestón o Fritón, sólo sé que acabó en tón su nombre”

   La sobrina proporciona una fantástica e imaginativa versión cargada de literatura y, especialmente, de detalles sobre la Vida

“Con esta resolución y determinada voluntad se levantó una noche de la cama (como  muchas veces solía) a hacer oración y ofrecerle al señor en suave y perpetuo sacrificio, acabadas ya las luchas y dudas congojosas de su corazón. Y estando puesto de rodillas delante de una imagen de Nuestra Señora, y ofreciéndose con humilde y fervorosa confianza, por medio de la gloriosa Madre, al piadoso y amoroso Hijo por soldado y siervo fiel, y prometiéndole de seguir su estandarte real y dar de coces al mundo, se sintió en toda la casa un estallido muy grande, y el aposento en que estaba tembló y parece que así como el Señor con el terremoto del lugar donde estaban juntos los sagrados Apóstoles, cuando hicieron oración, y con el temblor de la cárcel en que estaban aherrojados san Pablo y Silas , quiso dar a entender la fuerza y poder de sus siervos, y que había oído la oración dellos; así, con otro semejante estallido del aposento en que estaba su siervo Ignacio, manifestó cuán agradable y acepta le era aquella oración y ofrenda que hacía de sí. O, por ventura, el demonio ya vencido huyó, y dio señales de su enojo y crueldad, como leemos de otros santos” (Vida I, II)

   Ribadeneyra, según había leído en las vidas de otros santos, se inventa este suceso (nada se dice de él en el Relato ni en otra fuente aceptable) no menos fantástico que la versión de la sobrina sobre el encantador que se llevó los libros.  El referente común es el aposento y, además, la milagrosa o quimérica irrupción con presencia sobrenatural en ambos casos pues, según Ribadeneyra, “se sintió en toda la casa un estallido muy grande, y el aposento en que estaba tembló [...] O, por ventura, el demonio ya vencido huyó, y dio señales de su enojo y crueldad” y, según la sobrina el encantador “apeándose de una sierpe en que  venía caballero,  entró en el aposento, y no sé lo que se hizo dentro, que  a cabo de poca pieza salió volando por el tejado y dejó  la casa  llena  de humo” 

    También informa la sobrina a su tío de que el propio encantador les dijo que actuaba “por enemistad secreta que tenía al dueño de aquellos libros” y que su nombre era Muñatón, algo con lo que no está de acuerdo don Quijote, pues es su opinión debió decir Frestón. Entonces interviene el ama para rematar la discusión, aunque con su respuesta añade otra nueva posibilidad al nombre del encantador

“-Frestón diría -dijo don Quijote.
-No sé -respondió el ama- si se llamaba Frestón o Fritón, sólo sé que acabó en tón su nombre”

   Se trata de una divertidísima parodia sobre la especial animadversión mostrada, según el Relato, por el bachiller Frías contra Loyola.  Recordemos que estando preso en Salamanca  

"El  bachiller Frías les vino a examinar a cada uno por sí,  y el  peregrino le dio todos sus papeles, que eran los  Ejercicios, para que los examinasen.  Y preguntándolos si tenían compañeros, dijeron que sí y adonde estaban, y luego fueron allí por  mandado del bachiller, y trajeron a la cárcel Cáceres y Artiaga, y deja­ron a Juanico, el cual después se hizo fraile [...]   El  bachiller  Frías, que en estas cosas  se  había  mostrado siempre más que los otros, le preguntó también un caso de  cáno­nes.  Y a todo fue obligado a responder" (R, 67-68)

   Hay una evidente acusación de ensañamiento o tirria del bachiller Frías (“más que los otros”) que está perfectamente definida por la sobrina como “enemistad secreta”, pues Loyola ignoraba las razones de este odio personal. 

   El juego con el nombre resulta evidente, pues Frías se ha convertido en "Frestón o Fritón", conservando,  en contra de lo que dice el ama, no el "tón", sino el Fri, que es el principio del nombre del inquisidor, acusado también por don Quijote de  ser un "grande enemigo mío" que me tiene "ojeriza"

   “Así  es  -dijo don Quijote-, que ese es un  sabio  encantador, grande  enemigo mío, que me tiene ojeriza, porque sabe   por  sus artes y letras que tengo de venir, andando los tiempos, a pelear en  singular batalla con un caballero a quien él favorece  y  le tengo de vencer sin que él lo pueda estorbar, y por esto procura hacerme  todos  los sinsabores que puede; y mándole yo  que  mal podrá él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado

   De nuevo don Quijote acierta con su calificativo, pues el encantador es definido como sabio, según corresponde a la función de acusador culto y experto en cánones ejercida por el bachiller Frías, para el que se emplea otra palabra “ojeriza” que de nuevo nos remite a la Vida y a un pasaje ya visto y comentado (por lo que aquí se resume) y muy relacionado con la censura de libros que realiza el bachiller

“Y como echase de ver esto algunas veces, a la fin echó el libro de sí, y cobró con él y con las demás obras deste autor tan grande ojeriza y aborrecimiento, que después jamás quiso leerlas él, ni consintió que en nuestra Compañía se leyesen sino con mucho delecto y mucha cautela” (Vida I, XIII)

   Con muchísimo humor Cervantes vuelve una y otra vez a los mismos párrafos para jugar con las palabras empleadas por Ribadeneyra en sus astutos galimatías pues, recuérdese, en ese fragmento niega la influencia erasmista de Loyola.

   Por otro lado, la respuesta de don Quijote es otra vez profética, al hablar de un futuro incierto (“andando los tiempos”) donde va “a pelear en  singular batalla con un caballero a quien él favorece  y  le tengo de vencer sin que él lo pueda estorbar”.  Lo extraordinario es que está hablando del porvenir con absoluta rotundidad, con la certeza de quien ha regresado del futuro, pues se está refiriendo a una batalla de la que él ya conoce su final, según está escrito en la Vida

“El dicho Paulo III nuestro antecesor, para que se conservase en estos compañeros, y otros que quisiesen, seguir su instituto, el vínculo de la caridad, y la unión y paz, les aprobó, confirmó y bendijo su instituto, hicieron conforme a la verdad evangélica y a las determinaciones de los santos Padres; y recibió debajo de su protección y amparo de la Sede apostólica los mismos compañeros, cuyo número no quiso por entonces que  pasase de sesenta; y les concedió por sus letras apostólicas licencia de hacer constituciones y cualesquier estatutos para la conservación y buen progreso de la Compañía confirmada. Y como después andando el tiempo, favoreciéndolos el Espíritu santo entendiese el dicho nuestro predecesor, que el fruto espiritual de las almas iba creciendo; y que ya muchos que deseaban seguir este instituto, estudiaban en París y en otras universidades y estudios generales. Y considerando atentamente la religiosa vida y doctrina de Ignacio, y de los otros compañeros, concedió facultad a la misma Compañía, para que libremente pudiese admitir todos los que fuesen aptos a su instituto, y aprobados conforme a sus constituciones; y que fuera desto pudiesen admitir coadjutores, así sacerdotes que ayudasen en las cosas espirituales, como legos que ayuden en los oficios temporales y domésticos; los cuales coadjutores, acabadas su probaciones, como lo ordenan las constituciones de la Compañía, puedan para su mayor devoción y mérito, hacer sus tres votos de pobreza, castidad y obediencia; los cuales votos no sean solenes, sino que los obliguen todo el tiempo que el prepósito general de la dicha Compañía juzgare que conviene tenerlos en los misterios espirituales o temporales. Y que estos tales coadjutores participen de todas las buenas obras que en la Compañía se hicieren, y de todos los méritos, ni más menos que los que hubiesen en la misma Compañía hecho solemne profesión. Y concedió con la benignidad apostólica a la misma Compañía otras gracias y privilegios, con que fuese favorecida y ayudada en las cosas pertenecientes a la hora de Dios y salud de las almas” (Vida III, XXI)

   Casi toda la intervención de don Quijote está extraída de este fragmento donde Ribadeneyra expone el gran triunfo que supuso para la Compañía, y por lo tanto para su fundador, la segunda confirmación de la orden por bula del papa Julio III en 1550. En cierta medida, esa confirmación supuso la derrota final de quienes se opusieron a las intenciones de Loyola. Toda la profética intervención de don Quijote es un juego verbal a base de expresiones de ese fragmento.  Cuando dice que el sabio Frestón “sabe por sus artes y letras que tengo de venir”, está ironizando sobre la expresión “les concedió por sus letras apostólicas licencia de hacer constituciones”, pues Frestón, trasunto del bachiller Frías, no tendrá más remedio que conocer, por sus estudios y ocupaciones, esa bula futura del papa con la que, al confirmar a la Compañía, el bachiller queda simbólicamente derrotado en sus persecuciones contra Loyola. Lo mismo ocurre con las restantes coincidencias

                    Vida                                                                            Quijote

            por sus letras                                                          por  sus artes y letras

            después andando el tiempo                                    andando los tiempos

            favoreciéndolos                                                      a quien él favorece

            ordenan las constituciones                                       por el cielo está ordenado       

   Por último, don Quijote le asegura o promete a Frestón que “mal podrá él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado”, otra sutil referencia al poder de las Constituciones de la Compañía (de inspiración divina) y la bula del papa, y al mismo tiempo una referencia a la especial protección, al favor de Dios con que contaba Loyola

“Salió con determinación de irse a la universidad de París, a donde Dios le guiaba para favorecerle, como le favoreció” (Vida I, XVI)

   Ese sentido de protección sobrenatural y de absoluta seguridad en sí mismo se trasluce en el coloquio mantenido por don Quijote y su sobrina.

“-¿Quién duda de eso? –dijo la sobrina-.  Pero ¿quién le mete a vuestra merced, señor tío, en esas pendencias?  ¿No será mejor estarse pacífico en su casa, y no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo, sin considerar que muchos van por lana y vuelven tresquilados?
-¡Oh sobrina mía –respondió don Quijote-, y cuán mal que estás en la cuenta!  Primero que a mí me tresquilen tendré peladas y quitadas las barbas a cuantos imaginaren tocarme en la punta de un solo cabello.
 No quisieron las dos replicarle más, porque vieron que se le encendía la cólera

   El coloquio en torno al valor y el triunfo del caballero no sólo contiene la simbología propia del lenguaje popular empleado por ambos, sino que don Quijote está a su vez recurriendo a la Vida, donde Ribadeneyra insiste en la protección divina de que gozaba Loyola como fundador de la Compañía

“No hace este gran Rey y señor cosa a caso, porque si no cae una hoja del árbol sin su sabiduría y consejo, si tiene contados todos los cabellos de nuestra cabeza  y su infinita providencia alcanza de fin a fin con fortaleza y dispone y encamina todas las cosas suavemente , bien se deja entender que en las cosas mayores y de más importancia, como son las fundaciones de las religiones, de razón ha de resplandecer más esta soberana e incompresible providencia. Pues, para que mejor podamos nosotros barruntar algo della, hase de considerar el fin para que envió Dios al mundo la Compañía, que es muy conforme al estado y necesidad en que él estaba, cuando Dios por su vicario la confirmó.
La Bula Apostólica de la confirmación de la Compañía dice que es instituida principalmente para defensa y dilatación de nuestra santa fe católica” (Vida II, XVIII)

   La tesis de Ribadeneyra es que si Dios tiene contados y controla cada uno de nuestros cabellos, ¿cómo no va a dedicar especial atención a cosa tan fundamental como la fundación de órdenes religiosas?  De ahí la rotunda seguridad de don Quijote en que nadie puede llegar a tocarle.

   Tras la respuesta de don Quijote a la sobrina, el narrador añade, a modo de nota, esa breve observación donde se vuelve a recordar el temperamento  inestable del caballero, capaz de pasar de una apacible charla a un estado de cólera en cuanto se le contradice.  Otra apreciación en consonancia con Ribadeneyra, que caracteriza a Loyola como colérico

“Y había llegado á tal punto, que con ser muy cálido de complexión y muy colérico, viendo los médicos la lenidad y blandura maravillosa que en sus palabras y en sus obras usaba, les parecía que era de complexión flemático y frío; mas habiendo vencido de todo punto con la virtud y espíritu lo que en el interior afecto era vicioso de la cólera, se quedaba con el vigor y brío que ella suele dar, y que era menester para la ejecución de las cosas que trataba. De manera que la moderación y templaza del ánimo, no le hacía flojo ni remiso, ni  le quitaba nada de la eficacia y fuerza que la obra había de tener” (Vida V, V)

   También Unamuno y otros, basándose probablemente en ese fragmento anterior de la Vida, han apuntado  esa coincidencia entre Loyola y don Quijote: “por temperamento eran semejantes, ambos eran coléricos” [12]

   El verbo encender, en el sentido utilizado por el narrador (“se le encendía la cólera”), está también muy presente en la Vida [13] .

"Es,  pues,  el caso que él estuvo quince días  en  casa  muy sosegado,  sin  dar  muestras de querer segundar  sus  primeros devaneos;  en los cuales días pasó graciosísimos cuentos con sus dos compadres el cura y el barbero, sobre que él decía  que  la cosa de que más necesidad tenía el mundo era de caballeros andan­tes  y de que en él se resucitase la caballería andantesca.   El cura algunas veces le contradecía y otras concedía, porque si no guardaba este artificio no había poder averiguarse con él”

   Esos “quince días” de sosiego en su casa sirven como referente preciso para mantener el paralelismo meticuloso con el Relato, donde al final del capítulo VII se especifica que tras salir de la cárcel, Loyola permaneció “15 ó 20 días” en Salamanca, se supone que muy sosegado, pues le habían prohibido predicar, precisamente lo que Cervantes suele traducir como lucha de los caballeros andantes

“Y ansí se determinó de ir a París a estudiar.
Cuando el peregrino en Barcelona consultaba si estudiaría y cuánto, toda su cosa era si, después que hubiese estudiado, si entraría en religión, o si andaría ansí por el mundo.  Y cuando le venían pensamientos de entrar en religión, luego le venía deseo de entrar en una estragada y poco reformada, habiendo de entrar en religión, para poder más padescer en ella;  y también pensando que quizá Dios les ayudaría a ellos;  y dábale Dios una grande confianza que sufriría bien todas las afrentas y injurias que le hiciesen.
Pues como a este tiempo de la prisión de Salamanca a él no le faltasen los mismos deseos que tenía de aprovechar a las ánimas, y para el efecto estudiar primero y ajuntar algunos del mismo propósito, y conservar los que tenía;  determinado de ir para París, concertóse con ellos que ellos esperasen por allí, y que él iría para poder ver si podría hallar modo para que ellos pudiesen estudiar.
Muchas personas principales le hicieron grandes instancias que no se fuese, mas nunca lo pudieron acabar con él; antes 15 ó 20 días después de haber salido de la prisión, se partió solo, llevando algunos libros en un asnillo: y llegado a Barcelona, todos los que le conoscían le desuadieron la pasada a Francia por las grandes guerras que había, contándole ejemplos muy particulares, hasta decirle que en asadores metían los hespañoles; mas nunca tuvo ningún modo de temor” (R, 71,72)

   Durante esos 15 días Loyola conversa  con “personas principales” que tratan de impedir su marcha, y don Quijote hace lo mismo con “el cura y el barbero”, también interesados en que no vuelva a salir.  En ambos casos la conversación es semejante, pues don Quijote habla sobre la necesidad de que en el mundo se resucitase la comprometida “caballería andantesca”, símbolo del deseo de Loyola de entrar en una religión “estragada y poco reformada”.  En ambos textos “el mundo” sirve de referente. También el Relato transmite la enorme confianza que Dios daba a Loyola (“sufriría bien todas las afrentas y injurias que le hiciesen”) para soportar cualquier afrenta, es decir, lo que simbólicamente don Quijote resumió más arriba con esa metáfora de barbas y cabellos.

   A esos paralelismos temáticos y estructurales hay que añadirle las expresiones de la Vida, pues don Quijote “estuvo quince días en en casa muy sosegado” porque era también la forma de estar de Loyola

“Pero nuestro Padre no era hombre que se espantaba con voces ni con amenazas; y así sin turbarse punto, se estuvo muy sosegado” (Vida V, IV)

   Las conversaciones con sus dos compadres “sobre que él decía  que  la cosa de que más necesidad tenía el mundo era de caballeros andan­tes  y de que en él se resucitase la caballería andantesca”, se corresponden, igualmente, con la necesidad que, según Ribadeneyra, tiene el mundo de nuevas religiones

“Pues habemos llegado a este punto y visto la institución y confirmación de la Compañía creo que será acertado que escudriñemos algo del acuerdo e intento que Dios nuestro Señor tuvo en esta fundación y confirmación, y el consejo y particular providencia con que envió al padre Ignacio al mundo para que, como ministro fiel, sirviese a su Iglesia y le diese hijos y soldados que la defendiesen y amparasen. Para entender esto mejor, será razón que consideremos el estado en que ella estaba al tiempo que el padre nació y vivió, porque dél sacaremos la necesidad que había deste socorro divino y rastrearemos algo de los propósitos e intentos del Señor” (Vida II, XVIII)

   En el fragmento de los cabellos, citado un poco más arriba, también se encuentra ese mismo concepto de la necesidad del socorro divino, o caballeros andantes, para las religiones

“Pues, para que mejor podamos nosotros barruntar algo della, hase de considerar el fin para que envió Dios al mundo la Compañía, que es muy conforme al estado y necesidad en que él estaba, cuando Dios por su vicario la confirmó”

   En la Vida existen otros muchos ejemplos sobre este asunto, lo que explica que, también en el Quijote, sea un tema abundante, abordado una y otra vez por los distintos personajes de la novela.

    La astucia del cura sonsacando a don Quijote (“El cura algunas veces le contradecía y otras concedía, porque si no guardaba este artificio no había poder averiguarse con él”) sigue en la misma línea de crítica a las innobles actuaciones de los eclesiásticos con Loyola.  En ese aspecto el Relato da una idea muy concreta del cinismo de los dominicos en Salamanca

"Y  el vicario entonces, poniéndole la mano en el  hombro  con muestra  de alegría, le 
dijo: << Esta era la causa  porque  sois aquí venido >>"
"y el soprior con buena afabilidad empezó a decir cuán   buenas nuevas tenían de su vida 
y costumbres, que andaban predicando a la postólica; y que holgarían  de saber destas 
cosas más particu­larmente"(R,64)
"Leída esta sentencia, los jueces mostraron mucho amor, como que querían que fuese 
aceptada.  El peregrino dijo que él haría  todo lo que la sentencia mandaba, mas que no 
la aceptaría" (R,70)

   El adulador comportamiento del cura, que ya no es el arzobispo Turpín, sino el representante de la Iglesia que intenta conocer la intenciones de Loyola para "poder averiguarse", responde a  esa artificiosa intencionalidad aunque, como siempre, la nota distintiva procede de la Vida donde encontramos un fragmento paralelo (“si no guardaba este artificio no había poder averiguarse con él”)

 “Estos vinieron al hospital de Santiago a buscar a sus   amigos, y comenzaron  con muy buenas palabras a persuadirles que dejasen aquella vida, tomada por antojo y persuasión de un hombre vano, y que se volviesen a sus casas. Y como no lo pudiesen acabar con ellos, usaron de ruegos, halagos, promesas y amenazas, valiéndose de las armas que les daba su afecto y de todo el artificio que sabían” (Vida II, II)

     Con esas triquiñuelas y artificios usados por el cura, finaliza la  inactividad   de don  Quijote  y la parodia de los procesos seguidos a  Loyola  en Alcalá y Salamanca que, libre de sus prisiones y sin poder predi­car, decide cambiar de aires y marcharse a París.  

   La inactividad de don Quijote, su convalecencia, ha servido  a Cervantes para parodiar las prisiones de Loyola, su inmovili­dad.  Desde que el labrador Pedro Alonso lo ha llevado a su casa, sólo  se ha levantado de la cama para dar continuidad al  Relato, aprovechando  los breves momentos que entre sueño y sueño,  mien­tras escudriñan su biblioteca, le permiten hablar. 

   APARICIÓN DE SANCHO

   Una vez recuperado don Quijote, lo primero que hizo, siguiendo los conse­jos del ventero,  fue  buscar un escudero

   "En  este  tiempo solicitó don Quijote a  un  labrador  vecino suyo,  hombre de bien (si es 
que este título se puede dar al  que es  pobre), pero de muy poca sal en la mollera.   En resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió que el pobre villa­no se determinó  de  salirse con él y servirle de escudero.  Decía­le entre otras cosas don Quijote que se dispusiese a ir con  él de  buena  gana [14] , porque tal vez le podía  suceder  aventura  que ganase, en  quítame allá esas pajas, alguna ínsula, y le dejase a él por  gobernador della.  
Con estas  promesas y otras tales,  Sancho Panza, que así se llamaba el labrador,  dejó su 
mujer y hijos,  y asentó por escudero de su vecino"

   La aparición de Sancho Panza responde al acompañamiento que, según el Relato, comenzó a requerir Loyola, cuya intención, hasta ahora, ha sido no tener compañeros fijos, sino peregrinar en solitario.  Sin embargo, después de los sucesos de Alcalá y Salamanca cambió de idea y, como se especifica en el Relato, empezó a pensar en conservar los compañeros que ya tenía y en reunir a otros con el mismo propósito (“ajuntar algunos  del  mismo propósito”).  Esa es la razón por la que don Quijote, cumpliendo a su vez con la tradición de la caballería andante, decide seguir los consejos del ventero, buscándose un  escudero que cumpla las funciones señaladas por Loyola

            "Y  así un día a unos que le mucho instaban, porque  no  sabía lengua italiana ni latina, para que tomase una compañía, dicién­dole cuánto le ayudaría, y loándosela mucho, él dijo que, aunque fuese  hijo  o hermano del duque de Cardona, no iría en  su  com­pañía;  porque  él deseaba tener tres virtudes; caridad  y  fe  y esperanza; y llevando un compañero, cuando tuviese hambre  espe­raría  ayuda dél; y cuando cayese, que le ayudaría a levantar;  y así también se confiara dél y le tendría  afición  por  estos respectos;  y que esta confianza y afición y esperanza la  quería tener en solo Dios"(R,35)

   Sancho,  además de acompañar a don Quijote, le ayudará a  levan­tarse cuando caiga y se convertirá en la única persona en la  que deposite  su  afectividad y confianza. También  la intención de Loyola de que sus compañeros estudien es objeto de parodia, pues Sancho, durante toda la Primera parte de 1605, es a fin de cuentas un estudiante o principiante de la nueva orden de caballerías que su amo profesa.

   El inicio del fragmento (“En este tiempo”) es un importante referente para comprender la asociación Sancho-compañeros, pues nos remite a un pasaje de la Vida donde se habla de ellos con un primer sentido de comunidad

    “Tenía en este tiempo Ignacio tres compañeros que, movidos de su ejemplo, se le habían allegado como imitadores de su vida, y otro mozo francés también lo seguía  y todos andaban vestidos de la misma manera que él andaba y con el mismo hábito, que era una túnica de sayal, y así los llamaban en Alcalá, como por burla, los del sayal” (Vida I, XIV)

   Mientras  la mayoría de los nombres fundamentales del  Quijote guardan relación con otros del Relato, la figura de Sancho es  la suma  paródica  de todos los hombres de bien que  en  estos años siguen al peregrino.  Personas buenas e incultas,  según Loyola confiesa durante el interrogatorio ante los dominicos

"Y  el peregrino respondió: <<Entre todos nosotros el que más ha  estu­diado  soy yo>>, y le dio claramente cuenta de lo poco que  había estudiado, y con cuán poco fundamento" (R,64)

   Gente, pues, sencilla a las que Loyola convence gracias a su enorme capacidad persuasiva

“Había persuadido nuestro B. Padre a muchos de sus condiscípulos que dejasen las malas compañías y las amistades fundadas más en sensuales  deleites que en virtuosos ejercicios” (Vida II, III)

   Don  Quijote ha utilizado para convencer a Sancho  los  mismos recursos que Loyola para captar a sus compañeros,  persuadiéndoles, hablándoles  mucho y prometiéndoles la salvación eterna y el reino de  Dios. Sancho, hombre  "de  muy poca sal en la mollera", no  se  deja  convencer fácilmente, pero "tanto le dijo, tanto le persuadió y  prometió" que  termina aceptando la proposición y rompiendo con  todos sus lazos  familiares y sociales, tal como había hecho Loyola y exigía a todos sus seguidores.  La frase está claramente inspirada en otra de la Vida relacionada con el momento de captación de compañeros

“Y  tanto les supieron decir y hacer, que al fin les hicieron prometer que acabarían sus estudios primero, y después podrían poner por obra sus deseos” (Vida II, II)

   También emplea el narrador la expresión “se determinó de salirse con él”, claro referente a otro fragmento de la Vida dedicado al proceso de captación de compañeros

“Desde el principio que el B. P se determinó de seguir los estudios, tuvo siempre inclinación de juntar compañeros que tuviesen el mismo deseo que él, de ayudar a la salvación de las ánimas” (Vida II, IV)

y, especialmente, como alusión al primer compañero que, de forma definitiva, decide seguirle

“fue el primero de los compañeros que se determinó de seguirle e imitarle en toda pobreza y perfeción” (Vida III, XI)

   Don Quijote ha convencido a Sancho prometiéndole, entre otras cosas, el gobierno de un ínsula, una promesa que se convierte desde ahora en otro de los recursos centrales de la novela, en consonancia con el lugar primordial que, en la Vida, ocupa el objetivo de la Compañía de ampliar el reino de Dios, renovando su doctrina y difundiéndola por las partes más remotas del mundo.  Por eso Sancho ha sido convencido con “estas promesas y otras tales” que irán apareciendo en los próximos capítulos, a medida que en la Vida van mencionándose esos objetivos de la Compañía transformados por Cervantes en la meta de esa simbólica codicia del escudero. 

   La figura de Sancho es la menos vinculada al Relato, pues en el libro de Gonçalves no hay ningún compañero de Loyola, entre los pocos citados, que llegue a tener personalidad, aparecen simplemente nombrados y actúan como una colectividad: compañeros.

   Cervantes crea un escudero similar al de los libros de caballerías y le otorga funcio­nes ambivalentes de escudero y acólito, pues don Quijote, en este capítulo 7,  le llama amigo, pero en el siguiente ya  le llama "hermano Sancho Panza"

   Sancho es, pues,  copia de escuderos de la literatura y paro­dia de los humildes e ignorantes muchachos que, seducidos por  las promesas de gloria eterna, se lanzan a la aventura religiosa  y abandonan  su vida anterior.  De ahí que Cervantes, en el  Quijote de 1615, haga que Sancho, tras cumplir el noviciado en la Primera parte, realice su camino ascético como religioso, repitiendo,  en una nueva parodia,  los mismos sucesos  que don Quijote  ha  imitado  de  Loyola: cae en  una sima,  es armado caballero,  tiene  que azotarse, etc.  La  culminación  de  esta ascética,  su máximo paralelo con Loyola, se  encuentra  en  su renuncia  al  gobierno, pues Sancho saldrá de la  ínsula  y volverá a su casa con  las manos vacías, o sea, con la misma pobreza con que Loyola y don Quijote iniciaron sus peregri­naciones tras renunciar a sus derechos de hidalgo y a todos los bienes terrenales.   De vuelta de su gobierno  es  precisamente cuando Sancho cae en la sima y tiene una especie de visión místi­ca que enlaza con la llamada ilustración del Cardoner vivida  por Loyola  y su correspondiente parodia quijotesca de la  cueva  de Montesinos.  Ese paralelismo espiritual entre los dos personajes fue ya apreciado por la crítica

"Sancho  es, en cierto modo, una transposición de Don  Quijote en  una  clave distinta [...] Y así, como Don Quijote  tiene  que creer  en Dulcinea, a fin de creer en sí mismo, Sancho tiene  que creer en Don Quijote para creer en la ínsula.  De este modo la fe del caballero va a nutrir el espíritu del criado después de haber sostenido el espíritu propio" [15]

   Sancho es, pues, una representación de los novicios que, subyugados por la personalidad de un líder, lo abandonan todo para seguirle. El mismo Cervantes sugiere en el prólogo I esa representatividad colectiva otorgada a Sancho

   "en  quien, a mi parecer, te doy cifradas todas  las  gracias escuderiles que en la caterva de los libros vanos de  caballerías están esparcidas"

   Por "cifradas todas", según el contexto, debe entenderse compendiadas,  pero también puede leerse como que todas las  gracias escuderiles de Sancho  están transcritas en clave, cifradas y  compendiadas de todos los libros religiosos.

    Don Quijote  es, desde el momento que abandona su casa, la búsqueda  de un ideal, un entusiasmo siempre en marcha que crea a su alrededor admiración  o  desprecio.  Entre quienes le admiran, Sancho  es quien más le conoce por estar junto a él, y su proceder se enca­mina a aproximarse a esa perfección, de ahí que en  su  camino represente la suma de virtudes y defectos de todos los compañeros imantados por Loyola:  "El crecimiento del escudero, tan evidente desde las  primeras páginas de 1615, empieza a manifestarse por medio de una serie de alusiones  a  lo que  podríamos  llamar  <<las enseñanzas del púlpito>>, complementadas por el folklore" [16]

   En general, el desarrollo de Sancho, como el resto de la obra, carece  de  un esquema previo definitivo, y  su  personalidad  va forjándose  por acumulación a medida que Cervantes avanza  en la interpretación y profundización del Relato y la burla de la Vida.  Cuando Sancho, por ejemplo, comience a engarzar refranes, estará parodiando a Ribadeneyra y su gusto por anudar sentencias o seudocitas

“Porque para que prenda y eche raíces el árbol que se planta ha de ser tierno. Y un sabio aunque Gentil dijo, tanto va en el acostumbrarse a una cosa desde niño.  Y otro que el vaso sabe a la pega, y toma siempre el sabor del primer licor, que se echó en él.  Y Aristóteles dijo no va poco, sino mucho en acostumbrarse de una manera, o de otra, desde la mocedad.  Pero mucho mejor lo dijo el Espíritu Santo por Salomón, en aquellas palabras.  Proverbium est adolescens iuxta viam suam ambulans, etiam cum senverit, non recedet ab ea.  Que es Proverbio ya y común dicho de todos, que el mozo acostumbrado a andar por un camino, aunque se haga viejo no le dejará” (Vida III, XXIV)

   Ese abuso descontrolado será utilizado tan hábil y jocosamente por Cervantes que se transformará en uno de los rasgos más universales de la personalidad del escudero, cuyas ocurrencias van a ser siempre el lado más divertido de la crítica cervantina a la falsa erudición de Ribadeneyra.

   Lo más destacado, por ahora, es el momento exacto de su aparición, la perfecta sincronía en el seguimiento paralelo de los acontecimientos históricos, pues Sancho surge en el preciso momento en que se inicia la parodia de la llegada de Loyola a París, o sea, cuando aparecen los primeros compañeros dispuestos a seguirle.

Dio luego don Quijote orden en buscar dineros, y, vendiendo una cosa y empeñando otra y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad” 

   La expresión utilizada por el narrador (Dio...orden en) la encontramos en la Vida en un contexto paralelo

“De allí pasó a Almazán y Sigüenza y Toledo, porque en todos estos lugares había de dar orden en las cosas que de sus compañeros traía encargadas” (Vida II, V)

   Y la búsqueda de dineros, se corresponde con los escudos  conseguidos por Loyola a su llegada a París, pues ese es el momento parodiado, y aunque en el Relato no se dice cómo Loyola se hace con dicho dinero, en la Vida sí se especifica que procedía de limosnas. Cervantes inventa esa forma de vender posesiones, o sea, recibir algo sin trabajar, aunque ya sabemos, por los primeros capítulos, que don Quijote prácticamente  había consumido su hacienda

“Por una cédula de Barcelona le dio un mercader, luego que llegó a París, veinte y cinco escudos” (R, 73)
“Habíanle enviado de España cierta suma de dineros en limosna” (Vida II, I)

   El caso es que Loyola llegó a París con dinero, por eso don Quijote hace lo mismo e inicia esta segunda salida con ciertas provisiones

            “Acomodóse asimesmo de una rodela que pidió prestada a un su amigo y, pertrechando su rota celada lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase de lo que viese que más le era menester”

   En su primera salida don Quijote llevaba una adarga de la que nada se dice y que ahora ha sido  sustituida por esta rodela [17] prestada por un amigo del que no volveremos a saber nada, pues se trata de una nueva metáfora extraída de la Vida y cuyo referente es la expresión ponerse en camino, que nos conduce a ese fragmento en el que Loyola lleva “a nuestro Señor por su escudo y su guía”

“Con esta provisión se puso en camino para España, y llegado a la ciudad de Ferrara, que está dos jornadas de Venecia, se fue a hacer oración a una iglesia. [...]     De Ferrara tomó el camino para Génova por Lombardía (la cual ardía toda de cruelísima guerra que entonces había entre los españoles y franceses) , y él enderezaba su camino de manera que había de pasar casi por los mismos ejércitos y reales de los unos y de los otros. A esta causa le aconsejaron que se desviase de aquel peligro y echase por otro camino más desembarazado y seguro. Pero él se determinó de seguir su camino derecho, llevando a nuestro Señor por su escudo y su guía” (Vida I, XII)

   Es, pues, “nuestro Señor” el “su amigo” que ha prestado a don Quijote el escudo con  que ahora se protege.  También el narrador informa de que don Quijote ha reparado “su rota celada”, remitiéndonos con el verbo pertrechar a un fragmento de la Vida al que se ha recurrido ya en varias ocasiones

“Y como Rey de todos los reyes, poderosísimo y sapientísimo, tiene cuenta de favorecer a su reino, que es la santa Iglesia Católica, con plazas inexpugnables y fuerzas, baluartes y reparos, que son las sagradas religiones, y de poner en ellas capitanes y soldados valerosos en presidio, para defensa y seguridad de todo el reino, y de bastecerlas y proveerlas de las armas, municiones, vituallas y pertrechos que son menester para que los enemigos, que son las maldades, herejías y errores, no corran el campo sin resistencia, y hagan guerra sin temor a la verdad y a la virtud” (Vida II, XVIII)

   Los muchos ataques ideológicos sufridos por  Loyola en Alcalá y Salamanca son la causa de esa dañada cabeza o, simbólicamente, rota celada que don Quijote se ha visto obligado a reparar.

   Don Quijote le recomienda a Sancho que se provea de lo necesario (“se acomodase de lo que viese que más le era menester”), es decir, de las mismas provisiones espirituales de que Loyola se proveyó en su primera salida: espíritu, prudencia y esfuerzo

“si el mismo Dios, no le hubiera trocado y dádole el espíritu, prudencia y esfuerzo que para ello era menester?” (Vida I, VII)

   Según Ribadeneyra, Dios dotó a Loyola, desde el principio, de todas esas virtudes imprescindibles para poder realizar una obra tan grande como la que hizo, por eso, don Quijote sugiere a Sancho que se provea de todo lo necesario.

“Sobre todo, le encargó que llevase alforjas.  Él dijo que sí llevaría y que ansimesmo pensaba llevar un asno que tenía muy bueno, porque él no estaba duecho a andar mucho a pie.  En lo del asno reparó un poco don Quijote, imaginando si se le acordaba si algún caballero andante había traído escudero caballero asnalmente, pero nunca le vino alguno a la memoria; mas, con todo esto, determinó que le llevase, con presupuesto de acomodarle de más honrada caballería en habiendo ocasión para ello, quitándole el caballo al primer descortés caballero que topase”

   La duda sobre la conveniencia de que Sancho lleve su asno nos remite también al Relato y la Vida, donde se da cuenta de la salida de Loyola a pie y con un asno

“Tratada, pues, y acordada la jornada con sus compañeros, se partió solo camino de  Barcelona a pie, llevando un asnillo delante cargado de libros” (Vida I, XVI)

   Esta información deshace la duda de don Quijote sobre si algún caballero tuvo escudero con asno, tal vez porque los santos nunca acostumbraban a tener caballerías pero, de todas formas, él determina que Sancho lo lleve, para lo que el narrador vuelve a utilizar otra expresión de la Vida con idéntico sentido

Pero, con todo esto, no se determinó de seguir particular manera de vida, sino de ir a Jerusalén después de bien convalecido” (Vida I, II)

   Don Quijote sigue los restantes consejos del ventero al pie de la letra

Proveyóse de camisas y de las demás cosas que él pudo, conforme al consejo que el ventero le había dado; todo lo cual hecho y cumplido, sin despedirse Panza de sus hijos y mujer, ni don Quijote de su ama y sobrina, una noche se salieron del lugar sin que persona los viese;  en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen"

   Consejos que coinciden en lo esencial con los del confesor de Loyola sobre la provisión

“Que la limosna y caridad que le pedía era solamente que tomase cargo de su conciencia, para regirla y para oir sus pecados y confesarle; que en lo demás él tendría cargo de proveerse de lo necesario, sin darles pesadumbre” (Vida I, XI)

   Loyola está pidiendo al confesor que le escuche y le dirija espiritualmente, porque de lo demás se encarga él. También el hermano de Loyola le aconsejó, en su segunda salida de casa, ir acompañado y provisto de lo necesario

“importunóle muy ahincadamente que quisiese ir a caballo, y proveído de dineros y acompañado” (Vida II, V)

SEGUNDA SALIDA

   A continuación, don Quijote y Sancho, salen de su casa con el mismo sigilo (“una noche se salieron del lugar sin que persona los viese”) que el caballero lo hiciera en su primera salida, sin avisar ni despedirse de nadie, y antes de que amanezca.

   Esta segunda salida se inspira en la hecha por Loyola desde Salamanca, pues ese es el momento histórico sobre el que recae ahora la parodia, es decir, el camino hacia París, donde Loyola y sus compañeros van a vivir los acontecimientos narrados en el capítulo VIII del Relato, y que serán parodiados por Cervantes en el octavo del Quijote.

“Y así se salió della con harta contradicción de muchos hombres principales, a los cuales dolía en el alma esta partida. Salió con determinación de irse a la universidad de París, a donde Dios le guiaba para favorecerle, como le favoreció [...] se sentía llevar del favorable viento del Espíritu Santo, y hallaba paz en la guerra, y en los peligros seguridad y en los trabajos descanso” (Vida I, XVI)

   Se repiten el verbo salir y la seguridad (“una noche se salieron del lugar sin que persona los viese;  en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían”), como referentes no sólo al texto de la salida, sino a su contenido, pues Loyola salía huyendo del peligro de la Inquisición española, razón por la que don Quijote se afana en que no les encuentren.

“Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le había prometido.  Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre [18] que la vez pasada, porque por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo los rayos del sol no les fatigaban”        

   La descripción de Sancho como un patriarca es doblemente irónica.  Por un lado se compara su imagen bonachona y hedonista con la de un patriarca, palabra con muchos significados, aunque todos en torno al de una persona de dignidad y prestigio y, en sentido popular, como un hombre sencillo, feliz y satisfecho. Por otro, en la Vida se repite muchas veces esta palabra, casi siempre con su acepción de título otorgado a los fundadores de algunas órdenes religiosas

“Y habíale nuestro Señor escogido para capitán y caudillo de uno de los escuadrones de su Iglesia (que es como las haces bien ordenadas de los reales y puestas a punto de guerra) y para patriarca y padre de muchos, que, sin duda, es mayor merced y favor de Dios y a menos concedido que tener arrobamientos y revelaciones” (Vida I, VII)

   En su sentido profundo, y a pesar de la rústica estampa de Sancho, el narrador se atreve a llamarle como lo que también es junto a Loyola, un patriarca o fundador, pues él representa al primero y a todos los discípulos de la Compañía.

    Una vez lejos de su casa don Quijote toma el mismo camino de su primera salida, “Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje”, frase con la que Ribadeneyra explica el acierto del religioso al encaminarse a Dios

“Mas, aunque el fruto destos espirituales Ejercicios se extienda universalmente a todos, pero particularmente se vee y se experimenta más su fuerza en los que tratan de tomar estado y desean acertar a escogerle conforme al beneplácito y voluntad de Dios. Porque no todos los estados arman a todos, ni son a propósito de cada uno, sino que uno es mejor para uno y otro para otro, y cuál sea el más conveniente para cada uno y más acertado y seguro, sólo el Señor lo sabe perfetamente que nos crió a todos y que, sin nosotros merecerlo, nos aparejó y mereció con su sangre tan grande bien como es la comunicación de su gloria y de su bienaventurada presencia. Y así, el escoger estado y tomar manera de vida habíase de hacer con mucha oración y consideración y deseo de agradar a Dios y de acertar cada uno a tomar lo que  el Señor quiere que cada uno tome, y lo que mejor le está para alcanzar su último fin” (Vida I, VIII)

   Cervantes completa la frase con otra expresión procedente de la  primera carta de Luis de Granada al frente de la Vida, tal como viene repitiendo en estos capítulos para demostrar la importancia de un texto tan trascendente para la historia que nos ocupa

“Sea nuestro Señor bendito que guió a V. P. en esta derrota por camino tan derecho, que sin envidia alabó su Orden y sin querella engrandeció las otras” (Vida, Granada I)

   La mención de los “Ejercicios” en el fragmento anterior de la Vida, provoca una lectura complementaria de esa idea del camino, pues Loyola, a su llegada a París, comenzó a dar sus famosos ejercicios espirituales a quienes poco tiempo después serían sus primeros discípulos.  También Sancho, antes de salir, ha sido adoctrinado (“tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió”), imitando la iniciación de Loyola en Manresa, de forma que aquella primera salida espiritual se está ahora repitiendo con el discípulo por “la misma derrota y camino”

   Tras esa última intervención del narrador se escucha por primera vez a Sancho

“-Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido, que yo la sabré gobernar, por grande que sea”

   En estas palabras se aprecia un evidente interés en resaltar el sentido mercantilista de su acompañamiento, aunque, en el lenguaje profundo, ya hemos visto que ese materialismo es sólo una metáfora de las conquistas espirituales prometidas por Loyola, tal como apunta Helena Percas de Ponseti:  Esta "primera caracterización de Sancho  irá desmintiéndose a lo largo de la primera parte, por la imagen  del hombre  de suprema sabiduría capaz de reconocimiento propio y de la renuncia a los engañosos bienes materiales que codiciaba  al principio" [19]

“-Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban, y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza, antes pienso aventajarme en ella:  porque ellos algunas veces, y quizás las más, esperaban a que sus escuderos fuesen viejos, y ya después de hartos de servir y de llevar malos días y peores noches, les daban algún título de conde, o por lo mucho de marqués, de algún valle o provincia de poco más a menos;  pero si tú vives y yo vivo bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino, que tuviese otros a él adherentes que viniesen de molde para coronarte por rey de uno dellos.  Y no lo tengas a mucho, que cosas y casos acontecen a los tales caballeros por modos tan nunca vistos ni pensados, que con facilidad te podría dar aun más de lo que te prometo”

   La intención de don Quijote es renovar las antiguas costumbres de los caballeros andantes, igual que, según Ribadeneyra, Loyola y sus compañeros pretendían implantar el uso frecuente de la comunión y las formas de vida de los cristianos primitivos.  El referente “fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos” señala su fragmento paralelo en la Vida

Fue grande el fruto que se cogió destos sermones, porque por ellos se movió la gente a recebir con devoción los santos sacramentos de la Confesión y Comunión algunas veces entre año. Y desde entonces se vino a refrescar y a renovar aquella tan saludable costumbre de los antiguos tiempos de la Iglesia primitiva, de hacerlo más a menudo, la cual tantos años atrás estaba puesta en olvido, con menoscabo de la religión cristiana y grave detrimento de las ánimas” (Vida II, XIII)

   Don Quijote, como Ribadeneyra, está prometiendo grandes recompensas.  La expresión es prácticamente la misma,  incluso se añade “tan agradecida usanza”, en paralelo al “tan saludable costumbre” de la Vida, donde también está muy presente la idea militar de conquistar y ganar reinos y provincias en nombre de la fe.  Don Quijote promete incluso beneficios inmediatos (“si tú vives y yo vivo bien podría ser”), un generoso reparto semejante al obtenido por el maestro Claudio Yayo y otros de los primeros compañeros de Loyola

“El Maestro Claudio Yayo fue enviado a Bresa, el cual ganó las voluntades de toda aquella ciudad con la suavidad de su condición y santidad de sus costumbres, y despertó las gentes a buscar de veras el camino del cielo. Partieron para Parma y Placencia de Lombardia, en compañía de Enio Filonardo, verulano, cardenal de S. Ángel, legado Apostólico,  los padres maestros Pedro, Fabro y Diego Laínez, los cuales cogieron maravillosos frutos de sus trabajos en aquellas ciudades y ganaron para la Compañía un buen número de personas de diversas edades” (Vida II, XV)
“Después que nuestro padre Ignacio comenzó a gozar de la luz deste mundo, se ha escurecido la de nuestra religión en gran parte de Hungría, con la muerte y pérdida de su rey Ludovico , y de la Transilvania y de la Dalmacia y Esclavonia, habemos perdido la isla de Rodas, que era defensa de la cristiandad , y la de Chío y el reino de Chipre y las fuerzas de Corón y Modón, Nápoles de Romanía, Malvasía, Lepanto la Goleta, Trípoli de Bervería, y Bugía y otras que se habían ganado a costa de nuestra sangre, para que Cristo nuestro Señor fuese en ellas conocido y reverenciado . Pues ¿qué diré de las herejías que por nuestros pecados se han levantado en nuestros tiempos? Las cuales, como fuego infernal y pestilencia pegajosa han abrasado e inficionado tantos reinos y provincias que no se pueden contar sin lágrimas de corazón” (Vida II, XVIII)

   Casi todos estos últimos fragmentos del capítulo 7 están inspirados y relacionados con el XVIII del libro segundo de la Vida, tal vez por su contenido especialmente partidista y demagógico;  su objetivo es infundir miedo con una versión integrista y beligerante del luteranismo y sus consecuencias. Hay en toda la conversación entre amo y escudero una enorme ironía surgida precisamente de las asociaciones expresivas con la Vida, pues  con la expresión “coronarte por rey de uno dellos” don Quijote parece remitirnos a un fragmento ya conocido

 “Y pasó tan adelante la desvergüeza y rebelión, que los hugonotes coronaron por rey a Ludovico Borbón” (Vida II, XVIII)

   Al mismo capítulo pertenece otro fragmento donde también se recogen expresiones similares y cuya lectura resulta necesaria para conocer la orientación burlesca de la prosa cervantina

 “No quiero hablar de las otras provincias que están perdidas y asoladas con esta plaga y langosta roedora e infernal que ha consumido y atalado la hermosura de los campos y la fruta de los árboles y la devoción y fe que había en los reinos de Hungría, de Bohemia, de Polonia, de Dania, Suecia, Noruegia, Transilvania, Hibernia y otras regiones y tierras setentrionales, porque sería nunca acabar; sólo quiero añadir aquí (para que lo que en general habemos dicho mejor se entienda) una cosa particular. En la ciudad de Monesterio, cabeza y metrópoli de la provincia de Wesfalia, después que los herejes echaron de la ciudad a los clérigos y religiosos y caballeros y toda la gente honrada y cuerda que los contradecía, y saqueádoles sus casas y robádoles sus haciendas, coronaron a un sastre por rey, con todo el aparato y cerimonias que se suelen usar en las coronaciones de los verdaderos reyes.  Este se llamó: « Rex iutitiae super terram », Rey de la justicia sobre la tierra; el cual se casó con muchas mujeres y tomó por mujer principal y por reina a la que más era a su gusto” (Vida II, XVIII)

   La información sobre el sastre hecho rey que tomó “por reina” a una mujer de su gusto provocará la graciosa pregunta de Sancho sobre la posibilidad de hacer reina a su mujer.  Incluso él mismo sólo puede imaginarse ser rey gracias a algún milagro

“-De esa manera –respondió Sancho Panza-, si yo fuese rey por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos Juana Gutiérrez, mi oíslo, vendría a ser reina, y mis hijos infantes.
-Pues ¿quién lo duda? –respondió don Quijote.
-Yo lo dudo –replicó Sancho-, porque tengo para mí que, aunque lloviese Dios reinos sobre la tierra, ninguno asentería bien sobre la cabeza de Mari Gutiérrez.  Sepa, señor, que no vale dos maravedís para reina;  condesa le caerá mejor, y aun Dios y ayuda.
-Encomiéndalo tú a Dios, Sancho –respondió don Quijote-, que Él dará lo que más le convenga;  pero no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar con menos que con ser adelantado.
-No haré, señor mío –respondió Sancho-, y más teniendo tan principal amo en vuestra merced, que me sabrá dar todo aquello que me esté bien y yo pueda llevar”

   Como acólito en formación, la posibilidad de reinar es un imposible sólo alcanzable por un milagro, de la misma manera que para un novicio ser coronado santo, reinar, sólo es posible con la ayuda divina.  Sancho cree que gracias a esa ayuda puede lograrlo, pero se niega a aceptar que su mujer, como la del sastre, también pueda serlo, pues eso supondría, como según Ribadeneyra hacen los herejes, una perversión de las costumbres. 

   A las alusiones religiosas de Sancho responde su amo con otra expresión coloquial (“Encomiéndaloa Dios”) asociable al lenguaje de Loyola

 “Nunca pudo hallar tal amo, aunque con gran diligencia y por medio de muchas personas le buscó . Y así, por consejo de un amigo suyo religioso , después de haberlo encomendado a nuestro Señor, tomó otro camino que le sucedió mejor” (Vida II, I)

   Don Quijote, por último, ruega a Sancho que no se conforme  con ser menos de adelantado [20] .  Se trata de una nueva referencia a otro fragmento de la Vida que, prácticamente, nos sitúa ya en los capítulos cuyos sucesos serán objeto de la próxima parodia

“antes que comenzase el curso de la Filosofía, movió tanto a algunos mozos nobles ingeniosos y bien enseñados,  que desde luego se desapropiaron de todo cuanto en el mundo tenían, siguiendo el consejo del Evangelio. Y, aunque en el mismo curso de las artes no se daba tanto a esta ocupación, por los respetos que en capítulo precedente dijimos, pero acabado el curso, en tanta manera inflamó los ánimos de muchos estudiantes, los mejores que en aquel tiempo  había en la Universidad de París, a seguir la perfeción evangélica, que cuando partió de París, casi todos sus conocidos y devotos, dando de mano al mundo y a todo cuanto dél podían esperar, se acogieron al puerto seguro de la sagrada religión. Porque estaba tan encendido y abrasado con el fuego del amor divino su ánimo, que, doquiera que llegaba, fácilmente se emprendía en los corazones de los otros el mismo fuego que en el suyo ardía” (Vida II, II)

    Loyola anima a sus discípulos a seguir la perfección, don Quijote exhorta a Sancho a no conformarse con poco (“no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar con menos”)

   El capítulo se cierra con una intervención de Sancho (“No haré, señor mío –respondió Sancho-”)  semejantes a las atribuidas a Loyola tanto en el Relato como en la Vida

“tornaba a  gri­tar: << Señor, no haré cosa que te ofenda >>” (R, 24)
“mas él respondía: No haré tal, no tentaré a mi Dios” (Vida I, VI)

   En las últimas palabras de Sancho (“me sabrá dar todo aquello que me esté bien y yo pueda llevar”)  se aprecia la gran confianza y entrega depositada en don Quijote, paralela a la de los estudiantes parisinos en Loyola.

   En general, estos capítulos seis y siete, dedicados especialmente a la denuncia del clima de censura y represión existente en España,  son además un astuto seguro de vida para Cervantes, pues el estudio concienzudo que  supone la parodia de los capítulos seis y siete del Relato, sólo podían entenderlo los jesuitas, en esos momentos muy interesados en hacer olvidar a los dominicos y a la Inquisición esos dos capítulos. Los jesuitas no estaban en disposición de hacer una denuncia que, por un lado, demostraba la ineficacia del secuestro del Relato y, por otro, la evidencia de que todo el mundo veía en Loyola a un librepensador contrario a las instituciones represivas con las que ahora intentaban asociarlo.

 

 

CAPÍTULO SIETE

 

RELATO

VIDA

QUIJOTE

 

“y defenderla de tantos encuentros con tanto valor y con tanto fruto de la santa Iglesia y gloria de Dios, si el mismo Dios, no le hubiera trocado y dádole el espíritu, prudencia y esfuerzo que para ello era menester

“-¡Aquí, aquí, valerosos caballeros,  aquí es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos,  que los cortesanos llevan lo mejor del torneo!

 

“Detúvose aquí un poco nuestro Ignacio mirando en aquella sutil y para él nueva manera de argumentar. Y después de haber estado un rato en grave y recogido silencio, dijo: - Basta, padre; no es menester pasar más adelante / allégase toda la gente y júntase en el general, que se había de ejecutar  esta rigurosa sentencia

“no se pasó adelante  con el escrutinio de los demás libros que quedaban, y así se cree que fueron  al fuego, sin ser vistos ni oídos, La Carolea y León de España, con los hechos del Emperador, compuestos por don Luis  de Ávila,  que sin duda debían de estar entre los que quedaban,  y quizá si el cura los viera no pasaran por tan rigurosa senten­cia”

 

“comenzó a ocuparse, como solía, en despertar los corazones de la gente al amor y temor de Dios”

“estando tan despierto como  si nunca  hubiera  dormido”

 

“y  que a imitación de los apóstoles andáis por todas partes enseñando a los hombres el camino del cielo”

“dando cuchilladas y reveses a todas partes

 

“dejando las palabras vinieron a las manos, y con grande ímpetu y enojo, por fuerza de armas, medio arrastrando los sacaron de donde estaban y los llevaron a aquella parte de la ciudad donde está la Universidad”

“Abrazáronse con él y por fuerza le volvieron al lecho”

 

“determinó de irse al arzobispo de Toledo”

“Por  cierto, señor arzobispo  Turpín”

 

“al  uso de los Ejercicios se debe la institución y fundación de nuestra Compañía, pues fue nuestro Señor servido que por ellos casi todos los padres que fueron los primeros”

“Calle vuestra merced, señor compadre -dijo el cura-,  que Dios será servido que la suerte  se  mude y que lo que hoy se pierde  se gane mañana”

“Será bueno que os vengáis acá a comer el domingo”

“Pues venid (dice el confesor) el domingo a comer con nosotros”

“Hiciéronlo ansí: diéronle de comer”

 

“más les daba materia de admiración que ocasión de reprehensión alguna”

“Quedóse otra vez dormido, y ellos, admirados de su locura”

“Con esta sentencia estuvo un poco dubdoso lo que haría, porque parece  que le tapaban la puerta para aprovechar a las ánimas,  no le dando causa ninguna, sino porque no había  estudiado / Y hallaba dificultad grande de estar en Salamanca; porque  para aprovechar  las ánimas le  parescía tener  cerrada la  puerta  con esta  prohibición de no difinir de pecado mortal y de  venial”

“Mas después que el padre advirtió que con la tercera parte desta sentencia se cerraba la  puerta para tratar del aprovechamiento del prójimo, no dejó de poner duda en la ejecución della”

“Uno  de  los remedios que el cura y el  barbero  dieron  por entonces  para el mal de su  

amigo fue que le murasen y tapiasen el aposento de los libros [...] Llegaba  adonde solía tener  la puerta, y tentábala con las manos”

 

se sintió en toda la casa un estallido muy grande, y el aposento en que estaba tembló y parece que así como el Señor con el terremoto del lugar donde estaban juntos los sagrados Apóstoles, cuando hicieron oración, y con el temblor de la cárcel en que estaban aherrojados san Pablo y Silas , quiso dar a entender la fuerza y poder de sus siervos, y que había oído la oración dellos; así, con otro semejante estallido del aposento en que estaba su siervo Ignacio, manifestó cuán agradable y acepta le era aquella oración y ofrenda que hacía de sí. O, por ventura, el demonio ya vencido huyó, y dio señales de su enojo y crueldad, como leemos de otros santos

“Apeándose de una sierpe en que  venía caballero,  entró en el aposento, y no sé lo que se hizo  dentro, que  a cabo de poca pieza salió volando por el tejado y dejó  la casa  llena  de humo

“El  bachiller  Frías, que en estas cosas  se  había mostrado siempre más que los otros, le preguntó también un caso de  cáno­nes.  Y a todo fue obligado a responder”

 

Frestón diría -dijo don Quijote [...]ese es un  sabio  encantador, grande  enemigo mío

 

“a la fin echó el libro de sí, y cobró con él y con las demás obras deste autor tan grande ojeriza y aborrecimiento, que después jamás quiso leerlas él”

“ese es un  sabio  encantador, grande  enemigo mío, que me tiene ojeriza

 

“y les concedió por sus letras apostólicas licencia de hacer constituciones y cualesquier estatutos para la conservación y buen progreso de la Compañía confirmada. Y como después andando el tiempo, favoreciéndolos el Espíritu santo entendiese el dicho nuestro predecesor, que el fruto espiritual de las almas iba creciendo [...] como lo ordenan las constituciones de la Compañía […] Y concedió con la benignidad apostólica a la misma Compañía otras gracias y privilegios, con que fuese favorecida y ayudada en las cosas pertenecientes a la hora de Dios y salud de las almas”

“porque sabe   por  sus artes y letras que tengo de venir, andando los tiempos, a pelear en  singular batalla con un caballero a quien él favorece  y  le tengo de vencer sin que él lo pueda estorbar, y por esto procura hacerme  todos  los sinsabores que puede; y mándole yo  que  mal podrá él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado

“antes 15 ó 20 días después de haber salido de la prisión, se partió solo”

 

“Es,  pues,  el caso que él estuvo quince días  en  casa muy sosegado”

 

nuestro Padre no era hombre que se espantaba con voces ni con amenazas; y así sin turbarse punto, se estuvo muy sosegado

estuvo quince días en en casa muy sosegado

 

“el consejo y particular providencia con que envió al padre Ignacio al mundo para que, como ministro fiel, sirviese a su Iglesia y le diese hijos y soldados que la defendiesen y amparasen. Para entender esto mejor, será razón que consideremos el estado en que ella estaba al tiempo que el padre nació y vivió, porque dél sacaremos la necesidad que había deste socorro divino y rastrearemos algo de los propósitos e intentos del Señor”

“sobre que él decía  que  la cosa de que más necesidad tenía el mundo era de caballeros andan­tes  y de que en él se resucitase la caballería andantesca

 

“usaron de ruegos, halagos, promesas y amenazas, valiéndose de las armas que les daba su afecto y de todo el artificio que sabían”

“si no guardaba este artificio no había poder averiguarse con él”

 

“Tenía en este tiempo Ignacio tres compañeros que, movidos de su ejemplo, se le habían allegado como imitadores de su vida, y otro mozo francés también lo seguía  y todos andaban vestidos de la misma manera que él andaba / Había persuadido nuestro B. Padre a muchos de sus condiscípulos / fue el primero de los compañeros que se determinó de seguirle e imitarle en toda pobreza y perfección

En  este  tiempo solicitó don Quijote a  un  labrador  vecino suyo,  hombre de bien (si es que este título se puede dar al  que es  pobre), pero de muy poca sal en la mollera.  En   resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y prometió que el pobre villa­no se determinó  de  salirse con él y servirle de escudero”

 

“De allí pasó a Almazán y Sigüenza y Toledo, porque en todos estos lugares había de dar orden en las cosas que de sus compañeros traía encargadas”

Dio luego don Quijote orden en buscar dineros”

 

“Con esta provisión se puso en camino para España [...] llevando a nuestro Señor por su escudo y su guía

“Acomodóse asimismo de una rodela que pidió prestada a un su amigo y, pertrechando su rota celada lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho del día y la hora que pensaba ponerse en camino

 

“llegó a un pueblo  donde compró el vestido y traje que pensaba llevar /  Tratada, pues, y acordada la jornada con sus compañeros, se partió solo camino de Barcelona a pie, llevando un asnillo delante cargado de libros”

“Sobre todo, le encargó que llevase alforjas.  Él dijo que sí llevaría y que ansimesmo pensaba llevar un asno que tenía muy bueno, porque él no estaba duecho a andar mucho a pie

 

Pero, con todo esto, no se determinó de seguir particular manera de vida, sino de ir a Jerusalén después de bien convalecido”

mas, con todo esto, determinó que le llevase, con presupuesto de acomodarle de más honrada caballería en habiendo ocasión para ello”

 

“Que la limosna y caridad que le pedía era solamente que tomase cargo de su conciencia, para regirla y para oír sus pecados y confesarle; que en lo demás él tendría cargo de proveerse de lo necesario, sin darles pesadumbre”

Proveyóse de camisas y de las demás cosas que él pudo, conforme al consejo que el ventero le había dado”

 

“Y así se salió della con harta contradicción de muchos hombres principales, a los cuales dolía en el alma esta partida. Salió con determinación de irse a la universidad de París, a donde Dios le guiaba para favorecerle, como le favoreció [...] se sentía llevar del favorable viento del Espíritu Santo, y hallaba paz en la guerra, y en los peligros seguridad y en los trabajos descanso”

“una noche se salieron del lugar sin que persona los viese;  en la cual caminaron tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían aunque los buscasen”

 

“pero particularmente se ve y se experimenta más su fuerza en los que tratan de tomar estado y desean acertar a escogerle conforme al beneplácito y voluntad de Dios. Porque no todos los estados arman a todos, ni son a propósito de cada uno […] Y así, el escoger estado y tomar manera de vida habíase de hacer con mucha oración y consideración y deseo de agradar a Dios y de acertar cada uno a tomar

Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje”

 

“Y desde entonces se vino a refrescar y a renovar aquella tan saludable costumbre de los antiguos tiempos de la Iglesia primitiva”

“Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos

 

“y otras que se habían ganado a costa de nuestra sangre, [...] tantos reinos y provincias que no se pueden contar / los hugonotes coronaron por rey

“les daban algún título de conde, o por lo mucho de marqués, de algún valle o provincia de poco más a menos;  pero si tú vives y yo vivo bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino, que tuviese otros a él adherentes que viniesen de molde para coronarte por rey de uno dellos”

 

“No hace este gran Rey y señor cosa a caso

“Y no lo tengas a mucho, que cosas y casos acontecen a los tales caballeros”

 

encomendándose a Dios de corazón”

Encomiéndalo a Dios, Sancho”

Señor, no haré cosa que te ofenda”

No haré tal, no tentaré a mi Dios”

“No haré, señor mío –respondió Sancho”

 


[1] Panorama social, o.c., p. 449.

[2] “Mas la divina misericordia,que ya había escogido a Ignacio por su soldado no le desamparaba, antes le despertaba de cuando en cuando, y avivaba aquella centella de luz,  y con la fresca lición refrescaba y esforzaba sus buenos propósitos” (Vida I, II)

[3] Opinión  del público de la excelencia de alguien en su  profe­sión, trabajo, arte, etc. Diccionario de la lengua española, RAE.

[4] "Francisco López Estrada, Anales cervantinos 3, 1953, p.176.

[5] "aventurero es el caballero, escudero, hidalgo, paje que  acude a las empresas por propia voluntad, y en ellas se empeña y aven­tura su persona"   López Estrada, Ibid., p. 212.

[6] "En  <<El triunfo de don Quijote>>, cuatro años después de  las fiestas vallisoletanas descritas por Pinheiro da Vega, se alude a la  salida de don Quijote en un entremés público como  aventurero (<<Acompañaron la máscara de don Quixote otros muchos caballeros auentureros>>)". C. Buezo, o.c.

[7] "Los cortesanos figurarán frecuentemente en la novela de  1615".  Sentido y forma del <<Quijote>>, J. Casalduero, Madrid 1966.

[8] Aspectos del vivir hispánico, Américo Castro, Ed. Alianza, Madrid 1987, p. 72.

[9] Erasmo y España, Bataillon, o.c., p. 214.

[10] “Y aunque le preguntaron quién era, de dónde venía, y cómo se llamaba, a nada desto respondió, pareciéndole que no hacía al caso para librar al innocente” (Vida I, IV)

[11] “A partir de marzo de 1552, la Inquisición dispuso que los libros heréticos fueran quemados en público.  Se ordenó quemar unos 27 libros en una ceremonia que tuvo lugar en Valladolid en enero de 1558.  A mediados de siglo los españoles recurrieron a la quema de libros porque era el método más sencillo de librarse del material infractor.  Una enorme cantidad de obras fue así destruida.  <<Por siete o ocho vezes hemos quemado aquí en casa montones de libros>>, informó un jesuita que actuaba en el Santo Oficio de Barcelona en 1559.  En 1561 un oficial en Sevilla preguntó qué se debía hacer con los numerosos libros que había reunido.  Entre ellos había un buen número de libros de horas, dijo, que podían se fácilmente expurgados.  <<Quemarlos>>, respondió la Inquisición.  ¿Y las Biblias?  <<Quemarlas.>>  ¿Y los libros de medicina, muchos con contenido supersticioso?  <<Quemarlos.>>  No siempre se aplicaba esta drástica solución.  Posteriormente, cuando el tribunal había confeccionado un nuevo sistema de expurgación que sustituía a la condena, los libros se guardaban en un almacén y, por lo general, no se destruían [...]El mayor daño, como en cualquier otro sistema de censura, era el que sufría el libro mismo.  Algunos libros desaparecieron del todo y no siempre por culpa de los inquisidores.  En un informe redactado para ellos al final del siglo XVI se afirma que: <<muchos por no llevar sus libros a los inquisidores o queman no sólo los prohibidos y que se mandan expurgar pero aun los buenos y muy seguros, o los dan de balde o los venden por muy poco precio.  Y de esta manera infinitos ni se examinan ni corrigen, sino se pierden con el tiempo sin aprovecharse nadie de ellos, de lo que se sigue gran daño a sus dueños y, lo que es de más estima, el daño de la pérdida de tantos buenos libros>> [...]    Un capellán de Felipe II, Bartolomé de Valverde, criticaba la poca calidad de los censores: “la mayor parte son hombres de nada, que no saben una palabra ni de griego ni de hebreo, y que no tienen ni juicio ni capacidad.  Lo peor es que no reciben nada por leer innumerables libros, de suerte que para descargarse de una labor que no les apetece, toman el partido más fácil y que les confiere un aire de profundidad:  declaran que hay que suprimirlos” H, Kamen, o.c., p. 113-122.

[12] Don Quijote de la Mancha e Íñigo de Loyola en Unamuno, Rogelio García Mateo, Actas del VIII coloquio internacional de la Asociación de Cervantistas, Ayuntamiento de El Toboso, 1999, p. 131. Mi agradecimiento a Jaime Fernández  S. J.

[13] “le vino un encendido deseo” (Vida I, XI)

[14] “Después que llegó a Salamanca, comenzó a ocuparse, como solía, en despertar los corazones de la gente al amor y temor de Dios. Íbase a confesar a menudo con un padre religioso de Santo Domingo de aquel insigne monesterio de San Esteban , y a pocos días díjole una vez su confesor que le hacía saber que los frailes de aquella casa tenían gran deseo de oírle y hablarle; al cual nuestro Ignacio respondió que iría de buena gana, cada y cuando que se lo mandase” (Vida I, XV)

[15] Guía del lector del Quijote, o.c., ps. 112 y 125.

[16] La invención de Sansón Carrasco, Carlos Romero Muñoz, Actas del II  Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas,  Ed. Anthropos, Barcelona 1991, p.28.

[17] “Rodela.  Escudo redondo que cubre el pecho” Covarrubias, o.c.

[18] “Que la limosna y caridad que le pedía era solamente que tomase cargo de su conciencia, para regirla y para oír sus pecados y confesarle; que en lo demás él tendría cargo de proveerse de lo necesario, sin darles pesadumbre” (Vida I, XI)

[19] Cervantes y su concepto del arte, Helena Percas de Ponseti, Ed. Gredos, Madrid 1975, p. 73.

[20] “Gobernador militar y político de una provincia”,  Murillo, o.c., p.128.


El triunfo de don Quijote. Cervantes y la Compañía de Jesús: un mensaje cifrado, Federico Ortés. Copyright © 2002.