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CAPÍTULO DOSLoyola abandona su domicilio por la mañana y sin haber comunicado a nadie su intención de hacerse peregrino y viajar hasta Jerusalén. Su primer destino es el monasterio de Montserrat, donde llega con la idea de velar sus armas ante el altar de la Virgen durante toda la noche y cambiar su vestido civil por el de peregrino. Don Quijote abandona su hogar muy de mañana y con el mismo secretismo. Su idea es viajar por todo el mundo y su primera parada una venta, que él imagina castillo, y en la que espera velar toda la noche sus armas para, después, ser armado caballero. El capítulo I del Relato finaliza con Loyola decidido a poner en práctica sus nuevos propósitos religiosos
Don Quijote, al inicio del capítulo segundo, tras poner nombre a todas sus cosas, tampoco "quiso aguardar más tiempo a poner en efeto su pensamiento" En ambos casos, la influencia de los libros ha producido un cambio que los dos anhelan llevar a cabo
La causa del impetuoso deseo de don Quijote es "la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza", es decir, actúa "no porque su destino lo fuerce sino porque él mismo se lo propone" [1] . Su acción surge de una intención continuada ("él pensaba") de imitar a Loyola, que durante su convalecencia piensa en imitar a los antiguos santos
Igualmente, la idea de la imitación como fruto de un continuo pensamiento está, según vimos, muy clara al principio del capítulo II de la Vida, donde Ribadeneyra insiste machaconamente en la idea de imitar a Cristo como fruto de un proceso de meditación, para lo que repite hasta seis veces seguidas el vocablo “pensamiento” Tanto Loyola como don Quijote han meditado ampliamente su decisión, y ahora desean “poner en efeto su pensamiento”. De nuevo se repite la expresión de la Vida (“ponerse en efeto lo que él tanto deseaba”) ya utilizada en el capítulo 1. Tantas ganas tenía Loyola que, como más adelante se verá, salió sin haberse curado del todo, pues según el Relato
y según Ribadeneyra
Don Quijote está espoleado por esta prisa (“no quiso aguardar...apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía en el mundo su tardanza”) característica del ánimo de la Compañía y de su fundador
Además de señalar la prisa, el narrador especifica los objetivos de la salida, los cuales coinciden claramente con los de Loyola -deshacer agravios
-tuertos que enderezar
-sinrazones que emendar, y abusos que mejorar
- deudas que satisfacer
Todos estos ejemplos podrían sustituirse por otros semejantes, pues Cervantes irá poco a poco atribuyéndole a su personaje casi todos los rasgos con que se caracteriza a Loyola en la Vida. El caso es que don Quijote desea poner en práctica todos esos propósitos y, en cuanto puede, realiza su primera salida
Destaca en este fragmento el secreteo (“sin dar parte a persona” “sin que nadie le viese” “por la puerta falsa”) en torno a la salida, de nuevo en paralelo a la de Loyola, pues tanto en el Relato como en la Vida se menciona expresamente que la primera persona en conocer su determinación de irse fue el confesor de Montserrat
Hasta varios días después de salir de su casa, Loyola ha ocultado “sus propósitos y intentos”, pues al primero en comunicárselo es a ese confesor que poco después encontrará en Montserrat. Don Quijote tampoco ha comunicado a nadie “su intención” y, además, ha salido muy temprano y por la puerta falsa, o sea, furtivamente, temeroso de la oposición de su familia, como le ocurre a Loyola cuando deja su casa sin dineros y en contra de la voluntad de los suyos, que se habían dado cuenta del cambio radical ocurrido en su persona en apenas seis meses
y le manifiestan su oposición
Su hermano sospecha lo que pretende hacer y le ruega “que no se eche a perder”, la misma expresión empleada por el ama de don Quijote cuando, en el capítulo 5, recuerda precisamente estos prolegómenos de su locura
El ama sospechaba algo, pues le había escuchado hablando solo (“hablando
entre sí”). Cosa que también se deduce del Relato pues, aunque Loyola
sabemos que no se lo dijo a nadie, su hermano sin embargo se lo temía,
probablemente por esa costumbre de hablar consigo mismo.
El ama personaliza los temores del hermano mayor e incluso la admiración femenina al heroico e imaginativo hermano pequeño, ya que ella califica a don Quijote como "el más delicado entendimiento que había en toda la Mancha", la misma opinión que según su hermano tiene la gente de Loyola: "y que mire cuánta esperanza tiene dél la gente, y cuánto puede valer, y otras palabras semejantes". Frases paralelas, resaltando la buena reputación de ambos personajes. Ribadeneyra también ofrece su versión de estos hechos
Ribadeneyra ha despojando la información del Relato de toda la tensión existente entre los hermanos, y ha convertido al mayor (gracias a ese párrafo novelado en estilo directo) en un hombre compresivo, preocupado y, sobre todo, gran admirador del pequeño, algo que, históricamente, parece absolutamente incierto. La comparación de ese texto con la breve información del Relato nos va desvelando poco a poco la tarea maquilladora y amplificadora de Ribadeneyra, obsesionado por crear una biografía de su fundador al estilo de las más modélicas existentes, aun faltando en muchos momentos a la verdad, pues es imposible aceptar esa parrafada entrecomillas que le atribuye al hermano, no sólo por el tiempo transcurrido, sino porque su estilo delata la autoría de Ribadeneyra, cuyo objetivo es edulcorar todas las escenas, novelando a su antojo el mundo familiar que él considera adecuado para un santo. La triple versión de estos acontecimientos ofrecida por los tres autores, Gonçalves, Ribadeneyra y Cervantes, resulta muy esclarecedora respecto a las tres formas distintas de trabajo. El primero se dedica a escribir lo que escucha con estilo preciso y sin añadir ni quitar, el segundo novela a su antojo, y según sus intereses, lo del primero más otras nuevas informaciones, y Cervantes, a modo de rapsodia, los maneja juntos, haciendo por un lado lo que el primero, es decir, tratando de transmitir a través de su personaje el espíritu del Loyola peregrino, y burlándose del segundo al novelar irónicamente a la manera caballeresca-realista lo que Ribadeneyra ha hecho a lo divino-caballeresco. La frase central de los tres autores es una muestra efectiva
En definitiva, Loyola salió de su casa en contra de la voluntad de los suyos, pues "se descabulló", y más adelante, cuando por fin se pone en camino, nos dice el Relato que lo hace muy de mañana
Lo mismo dice Ribadeneyra
Por eso don Quijote sale "una mañana, antes del día"
La expresión “se armó de todas sus armas” vuelve a estar inspirada en el capítulo primero de la Vida, es decir, en los prolegómenos a la salida de Loyola
Ya hemos visto cómo las armas de don Quijote (celada, adarga y lanza) son el símbolo empleado por Cervantes para representar la defensa espiritual de Loyola, cosa ratificada por Ribadeneyra al calificar metafóricamente a los “santos sacramentos” de “verdaderas armas” Muy sutil resulta ese matiz sobre la celada (“su mal compuesta celada”), con el que de nuevo nos vuelve a insinuar la relación existente entre la celada y la todavía frágil formación espiritual de Loyola. Además de salir por la puerta falsa, a hurtadillas, tanto Loyola como don Quijote se alegran de la facilidad con que han dado comienzo a sus deseos de aventuras
y don Quijote
frase donde aparecen otros dos vocablos que nos remiten a otro fragmento especialmente artificioso y absurdo, también en el capítulo primero de la Vida
Don Quijote sale al campo ornado de todos los elementos (celada, adarga, lanza) que lo definen como un caballero andante y, simbólicamente, como un peregrino, pues Loyola, al quitarse sus ropas de caballero, se viste o arma de las que le identifican con el nuevo caballero de Cristo
Mientras Loyola se despoja de sus ropas de caballero, don Quijote se viste con ellas
El referente común es “de todos sus”, al que se añaden otros elementos aparentemente contradictorios pero realmente paralelos, pues Loyola para ser peregrino se despoja de sus vestidos, mientras don Quijote para ser caballero se arma. Algo que también Ribadeneyra ha expresado utilizando la misma simbología caballeresca a lo divino, o sea que, metafóricamente, lo ha vestido, como don Quijote, de caballero andante
Volvamos al principio, al momento en que Loyola sale de su casa ricamente ataviado, como corresponde a su rango de caballero, y camina hasta su primer destino, el monasterio de Montserrat. Allí dejó sus ropas, se vistió una nueva indumentaria y veló las armas ante “el altar de nuestra Señora”. Es decir, el momento de la investidura como peregrino coincide prácticamente con el de la vela de armas, una forma oficiosa de hacerse religioso. Sin embargo, don Quijote ya sale vestido de su casa como caballero, aunque él sabe que aún no lo es, pues no ha cumplido con los requisitos previos hechos por Loyola, de ahí que le venga a la memoria un pensamiento terrible
El pensamiento que acucia a don Quijote procede sin lugar a dudas de esa falta de sincronía respecto al Relato. El adjetivo “terrible” sostiene el tono de parodia, la confabulación lector-escritor en torno a la locura caballeresca de don Quijote y su ansiedad. También Loyola, camino de Montserrat y en el mismo apartado donde se arma caballero, va espoleado por sus pensamientos
Si se prescinde del "terrible", los paralelismos entre este párrafo del Relato y su correspondiente del Quijote son casi totales, pues es el pensamiento continuado en los libros ("pensamiento...memoria...pensamientos...pensaba") el que traza tanto su camino como el de Loyola ("pensando...entendimiento...pensamiento") A pesar de estas analogías formales y de contenido, de nuevo es la versión de Ribadeneyra la que nos acerca a Cervantes con su simbolismo sobre la caballería
Cervantes abusa, se arriesga con este párrafo a la evidencia, pues no sólo toma de él, distribuyéndolo en el suyo, todas esas palabras que aparecen en el cuadro siguiente, sino que además, en la vela de armas del próximo capítulo, utilizará otras partes muy llamativas de este mismo fragmento
Don Quijote se "propuso de hacerse armar caballero del primero que topase, a imitación de otros muchos que así lo hicieron, según él había leído en los libros que tal le tenían". Con ese "primero que topase" Cervantes vuelve a ironizar sobre los textos de Gonçalves y Ribadeneyra. El primero informa de que Loyola llega a Montserrat y en apenas tiempo se confiesa
La indeterminación del texto hace suponer que Loyola se ha confesado con el primer sacerdote que encuentra, pues acaba de llegar y, lógicamente, no ha tenido tiempo de congeniar con alguno. Sin embargo, Ribadeneyra ofrece otra versión
Hay un evidente deseo de resaltar la elección del confesor, al que llama “escogido confesor” y “religioso principal”, tal vez con la intención no sólo de alabar la madurez de Loyola, sino con el objetivo didáctico de que se le imite a la hora de buscar un buen confesor. Por eso Cervantes vuelve a restablecer irónicamente la verdad de la historia, diciendo que don Quijote pensaba armarse caballero del primero que topase, tal como realmente hizo Loyola.
Ya se ha visto que Cervantes suele utilizar el vocablo empresa (“Mas, apenas se vio en el campo, cuando le asaltó un pensamiento terrible, y tal, que por poco le hiciera dejar la comenzada empresa”) para definir los objetivos de don Quijote, también parodiando las múltiples ocasiones en que lo hace Ribadeneyra
Lo mismo ocurre con el concepto de imitación, tan presente en la Vida como en el Quijote, pues Ribadeneyra insiste en la imitación de los santos hecha por Loyola, y en la que todos debemos hacer de él como persona a imitar por sus virtudes. En un fragmento anterior de la Vida ya se ha comentado no sólo el concepto de lectura e imitación (“imitar y obrar lo que leía”) utilizado por Cervantes (“imitación... según él había leído”), sino la constante presencia del pensamiento que los dirige, los propósitos, en la Vida mencionados como “buenos propósitos”. Tanto Loyola como don Quijote han llenado su imaginación con historias de libros y salen al mundo llenos de buenos propósitos, pensando en imitar a Cristo y a los santos más famosos, o a los más famosos caballeros andantes.
El concepto de imitación se extiende, pues, por toda la Vida, mezclado con un conjunto de metáforas militaristas en torno a milicias, capitanes, armaduras y batallas. Don Quijote pretende realizar una imitación tan exhaustiva que cuando se desvía un poco de sus intenciones (en este caso la de no ser nombrado todavía caballero) llega a “titubear en su propósito”, aunque su decisión es tan firme que, como a Loyola, nada le detiene
El desarrollo paralelo de cada uno de los gestos y sugerencias del Relato, continúa haciendo ahora referencia a las armas blancas de los caballeros
Loyola ha entregado a su confesor “la espada y el puñal”, es decir, armas blancas, por eso don Quijote piensa que, hasta no ser armado caballero, deberá llevar armas blancas, "como novel caballero, sin empresa en el escudo, hasta que por su esfuerzo la ganase". Pero esa limpieza o blancura es de nuevo simbólica, pues en Montserrat Loyola "se confesó por escrito generalmente, y duró la confesión tres días". O sea, limpió su alma, y según Ribadeneyra, para toda la vida, como vimos en el fragmento donde se le aparece la “Reina de los Ángeles” La intención de Loyola a partir de la aparición, su pensamiento, fue guardar una “limpieza y castidad sin mancilla”, similar al metafórico propósito de don Quijote, pues su idea es limpiar las armas para dejarlas más blancas “que un arminio”, símbolo de la máxima blancura y, por tanto, del concepto religioso de pureza y castidad. Toda la frase del Quijote es bastante enigmática y podría decirse que está fuera de lugar si no se complementara con su valor interno, pues a don Quijote no se le verá ni realizar esa limpieza de la armas ni tampoco usarlas, de ahí ese incierto “en teniendo lugar” que nunca va a suceder en el libro, pues don Quijote ya limpió todos sus aperos, aunque sabe que para imitar a Loyola necesita llegar a la venta y, previa confesión, armarse caballero, quedando limpio de todos sus pecados. Por eso, una vez decidido, se tranquiliza y prosigue su camino
Esa falta de objetivo concreto mostrada por don Quijote dejando la elección del camino a su caballo, podría contradecir su determinación de velar armas cuanto antes, aunque en realidad vuelve a ser otra evidente parodia del Relato y la Vida. Se trata de un episodio que tomará toda su importancia más adelante, y del que ahora sólo interesa el origen de ese gesto de dar rienda suelta al caballo. Ya se ha visto a Loyola, antes de llegar al monasterio de Montserrat, discutiendo con un moro sobre la virginidad de María, y el acaloramiento de la charla por las opiniones poco ortodoxas del moro, el cual, temiendo alguna reacción violenta, prudentemente decidió adelantarse. Loyola quedó pensativo, dudando entre ir a buscarlo para acuchillarle o desentenderse del asunto. Al final dejó la solución en manos de la mula
La versión de Ribadeneyra es semejante
Cervantes no sólo imita el gesto de abandono de la voluntad y su entrega a la caballería, sino que, irónicamente, añade esa reflexión del narrador (“creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras”) cuyo sentido profundo es una reflexión sobre la ingenuidad religiosa de Loyola, al pensar que Dios, a través de la mula, iba a decidir su futuro y el del moro, tal como deduce Ribadeneyra, (“Quiso la bondad divina”), al que claramente nos remite la expresión “prosiguió su camino”, paralela a la empleada en la Vida. En definitiva, el novel religioso desconoce todavía el auténtico camino hacia la santidad y se dedica a imitar a los santos en sus gestos externos [2] , por eso, en su encuentro con el moro, soluciona el problema dejando la responsabilidad en manos del caballo, suponiendo que Dios haría lo adecuado e ignorando la falta que implica acuchillar a un hombre por cuestiones de fe. Don Quijote también piensa que lo importante son esos gestos externos, esos “grandes exteriores” que él imita. El caballero, igual que Loyola, continúa "caminando" y "hablando consigo mesmo"
Ya hemos visto que el narrador suele referirse a don Quijote con el mismo afectivo “nuestro” que suele emplear Ribadeneyra, pero también en estos dos primeros capítulos encontramos otras formas, como “nuestro hidalgo”, “el pobre caballero”, “nuestro buen caballero” o “novel caballero”, todas con su propio sentido respecto a la historia profunda, es decir, la primera (“nuestro hidalgo”) para situar al caballero en el mismo estatus social del hidalgo Loyola. La segunda refiriéndose solapadamente al triste estado (“pobre caballero”) en que se halla el militar lisiado para siempre. La tercera (“nuestro buen caballero”) alusiva al hombre bondadoso en metamorfosis hacia la religión, la cuarta (“novel caballero”) relativa a su nueva situación tras confirmarse como peregrino, y esta última (“nuestro flamante aventurero”) para resaltar la parodia sobre la nueva situación de Loyola, alejado de la milicia y recién convertido en peregrino hacia Jerusalén, una arriesgada empresa que lo convierte en un flamante aventurero. Más adelante veremos cómo este sentido de aventurero se amplía de acuerdo con las distintas vicisitudes o aventuras vividas por el peregrino. La misma ambigüedad se aprecia también cuando se utiliza el verbo caminar. Al decir que nuestro flamante aventurero va “caminando”, aparentemente sólo se está ampliando el sentido del verbo caminar al de cabalgar, aunque en el lenguaje profundo, la acepción primera de caminar es la correcta, pues Loyola va a pie. Este juego entre cabalgar-caminar se mantiene prácticamente en toda la novela. La costumbre de don Quijote de hablar consigo mismo ya se ha visto que procede de Loyola, aunque es Ribadeneyra, con el objetivo de moralizar, quien abusa tremendamente de ese técnica, poniendo en boca de Loyola todo cuanto le interesa
Don Quijote acaba, pues, de salir de su casa vestido de caballero, aunque todavía no lo es, ya que ni ha velado armas ni ha sido armado, es decir, ha roto el hilo de los acontecimientos parodiados, se ha adelantado, por eso esta irregularidad en su proceso de imitación le provocó un “pensamiento terrible” que llega incluso a hacerle “titubear en su propósito”
Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo:
Los dos discursos, separados por una breve intervención del narrador (“Y era la verdad que por él caminaba”), aunque parecen complementarse, en realidad se yuxtaponen. En el primero don Quijote vaticina que en el futuro, bajo el título de historia verdadera (no olvidar que Ribadeneyra define su obra como historia verdadera “Diré ahora lo que pretendo hacer en esta historia [3] ”) de sus famosos hechos, se publicará su vida de una forma literaria totalmente sublimada y falsa, y él mismo nos pone un ejemplo de lo que dicho historiador hará cuando llegue a narrar esta primera salida ya conocida por nosotros. Evidentemente se trata de una versión novelada y cargada de tópicos innecesarios e incluso ajenos a la verdad histórica, pues don Quijote acaba de dejar su solitaria cama y ha salido a escondidas por la puerta falsa. Sin embargo, el supuesto autor, con la intención de sublimar esa salida, falta a la verdad al referirse a “la blanda cama del celoso marido” o a “las ociosas plumas” Se trata de un procedimiento genial de Cervantes para hacer a sus anchas una burla literaria [4] con los mismos ingredientes de la prosa burlada, por supuesto, la Vida, de cuya descripción de la primera salida de Loyola desde el monasterio, toma Cervantes el referente “Apenas había”
El resto de la descripción de don Quijote resulta una parodia general sobre el estilo narrativo de la Vida, del que puede servir de muestra un fragmento del segundo capítulo
Ribadeneyra ha colocado a Loyola ante un paisaje espectacular (“en algún lugar eminente y alto de donde se descubría nuestro hemisferio y buena parte del cielo”) y desde ahí le atribuye la autoría de un párrafo que él afirma haberle escuchado y que, por lo tanto, resulta indiscutible, adornando el resto con cazador y saeta seudo literaria y divinizante, y totalmente ajena al gusto y lenguaje propio de Loyola, según se deduce del Relato y del resto de sus escritos. La descripción atribuida por don Quijote al futuro escritor se caracteriza, pues, por los rasgos más sobresaliente de la Vida, como puede verse en la siguiente comparación
antiguo y conocido. // eminente y alto, hemisferio y buena parte del cielo, arrobado y suspenso, estado y manera, castigarse y macerarse, rigor y aspereza.
aurora, blanda cama, celoso marido, ociosas plumas. // lágrimas de los ojos, venado sediento, aguas vivas, saetas de su amor, rueda de la vanidad. En realidad, toda la parte final del fragmento de la Vida es tan meliflua como insinúan las palabras burlonas de don Quijote. Los mismos jesuitas deberían considerar ultrajante atribuir a su fundador un tipo de prosa tan alejada de su verdadera personalidad. En muchas ocasiones se burlará Cervantes de ese tipo de escritura, ya sea valiéndose de la parodia caballeresca, pastoril o poética, como puede verse, por ejemplo, en los siguientes versos del Viaje del Parnaso
Ya sea en prosa o en verso, Cervantes se burla de esa “melifluidaz” característica de la falsa literatura. Acto seguido, don Quijote “añadió diciendo
Con un tono nostálgico y esperanzado, don Quijote evoca un futuro donde se publicarán sus famosas hazañas, las verdaderas del Relato (recordar el “post tenebras spero lucem” de la portada). La frase es claramente esperanzadora, pues no parece dudar de que sucederá, y sin embargo, los amplios márgenes fijados (“edad y siglo”) transmiten cierto pesimismo respecto a un futuro inmediato. Comparado con la primera parte del discurso, la diferencia resulta evidente, pues allí no duda de que aquel conjunto de tópicos y falsedades llamado historia verdadera se publicará en los “tiempos venideros”, o sea, próximamente, mientras que ahora la esperanza, aunque cierta, se asienta en unos márgenes (“edad y siglo”) demasiado amplios. Para la primera utilizó el subjuntivo, para la segunda el futuro. Sin ninguna modestia don Quijote opina además sobre sus propias hazañas, aunque de nuevo se trata de otra estrategia de Cervantes para hacer la crítica literaria del Relato, obra digna “de entallarse en bronces, esculpirse en mármoles y pintarse en tablas, para memoria en lo futuro”. La alabanza se encuentra no sólo en los elogios específicos a una obra digna de perdurar en el tiempo, sino también en la misma prosa, cuya sobriedad y belleza contribuye a resaltar el valor de la de Gonçalves, en contraposición con las fatuas maneras, evocadoras de la Vida, de la primera parte del discurso. Don Quijote completa su intervención con un ruego a través de los tiempos, dirigido a quien haga el “comento” del libro
solicitando especial atención para Rocinante (“compañero eterno”), en cuanto ambos son tan inseparables como Loyola y Gonçalves, sin cuyos escritos sería imposible conocer los verdaderos “caminos y carreras” del peregrino. Cervantes exalta varias veces en su novela el Relato y a Gonçalves, en reconocimiento al extraordinario valor de su escritura y a su calidad humana como humilde y, prácticamente, ausente autor de la obra. Parece estar fascinado por la breve, atrevida y compleja narración de esa obra llena de vida, donde los avatares de Loyola sirven de eje para la reconstrucción de toda una época de Europa: guerras, tempestades, peste, naufragios, visiones, procesos, vida social, ideología, sicología, etc., un mundo en sus mínimos detalles recogido en apenas setenta páginas "dignas de entallarse en bronces" Generoso y al tanto de todos los pormenores, tampoco olvida Cervantes agradecer el trabajo de quien descifre el suyo y, hablando como en profecía (“quienquiera que seas”), surge desde el pasado demandando atención (“Ruégote”) al Relato. La certificación de que todo el monólogo está referido al Relato y a su autor, lo confirma el calificativo "peregrina” historia, pues en estos ocho capítulos de la Primera parte, donde se parodian los años del Loyola peregrino, dicho vocablo será su clave identificativa y, como se verá en su momento, un símbolo permanente en toda la obra de Cervantes. Don Quijote prosigue sus evocaciones dirigiéndose ahora a Dulcinea, a la que llama princesa y señora de su corazón
Este tono arcaizante vuelve a ser parodia de la Vida, donde aparecen por separado, aunque con el mismo tono blandengue, muchos de esos vocablos agrupados por don Quijote. Por ejemplo
El lenguaje de don Quijote es parodia concentrada de este tipo de absurdos fragmentos donde Ribadeneyra da alas a sus delirantes disparates, según los califica el narrador
Cervantes va ensartando, uniendo los muchos arcaísmos o memeces sugeridas por el estilo y lenguaje de la Vida, por eso especifica el narrador que son “al modo de los que sus libros le habían enseñado, imitando en cuanto podía su lenguaje”, una frase donde, sutilmente, se informa no sólo del proceso de imitación, sino también de la cautela (“en cuanto podía”) con la que ha de realizarse dicho trabajo, evitando una evidencia comprometida. Es un proceso lento, pues supone un análisis exhaustivo del Relato y la Vida, más una versión lo suficientemente interesante y disfrazada para sobrevivir en el tiempo, sin que el olvido la sepulte ni los interesados en su desaparición puedan lograrlo. De ahí que don Quijote camine “tan despacio” y con riesgo de que el sol le derrita los sesos. Una frase que de nuevo remite a otra de Ribadeneyra
Cervantes ha repetido los verbos entrar y derretirse, ha sustituido “calor” por “ardor”, y la profundidad de la penetración, que en la Vida llega desde los oídos hasta el “interior de sus entrañas”, alcanza hasta los sesos, o sea, también hasta el interior de las entrañas. Como coletilla desorientadora añade “si algunos tuviera”, completando así el tono jocoso que da respuesta al despropósito lógico-religioso de Ribadeneyra. Don Quijote continuó su camino
En el inicio del fragmento Cervantes sigue realizando una crítica implacable a Ribadeneyra, cuyas dedicatorias y primeros capítulos están siendo objeto de una dura burla, especialmente en sus aspectos más reprobables. Tal es el caso de la primera frase, donde según el narrador don Quijote caminó todo el día “sin acontecerle cosa que de contar fuese”, expresión utilizada por Ribadeneyra en un párrafo de dudosa comprensión, teniendo en cuenta que, antes y después, insiste en su intención de contar la verdad sobre la historia de Loyola
Ribadeneyra se está defendiendo ante sus compañeros del posible rechazo que provocará su libro cuando se comprueben sus manipulaciones y verdades a medias, de ahí que especifique su intención de seleccionar las cosa más notables o “más a mi propósito”, algo que inmediatamente aclara (“dar a entender el discurso de la Compañía”), aunque de forma totalmente imprecisa. Es decir, el libro sobre la biografía de Loyola se ha transformado ahora en un libro sobre “el discurso de la Compañía”, aunque su título precise otra cosa. Cervantes, muy atento a la prosa, casi le copia la expresión con la que intenta justificarse: “sin dejar nada que de contar sea” / “sin acontecerle cosa que de contar fuese”, incluyendo en su frase, además del verbo (“sea” / “fuese”), el vocablo “cosa”, con el que Ribadeneyra se ha referido de forma general a sus objetivos (“coger algunas cosas”) En el fragmento de la Vida, aparecen también otros dos vocablos (“empresas” y “acometido”) muy peculiares del Quijote, y un tercero (“valor”) repetido en ambos fragmentos (“prudencia y valor” / “experiencia del valor”) y que actúa, según se aprecia en la nota, como referencia a las reiterativas alusiones al valor físico-espiritual de Loyola.
El narrador informa ahora de la existencia de dos tipos de fuentes (“lo que yo he podido averiguar en este caso” y “lo que he hallado escrito en los anales de la Mancha”), o sea, fuentes orales difundidas por personas que poseen datos sobre la vida de don Quijote, y fuentes escritas, agrupadas bajo el título general de “anales de la Mancha” De las primeras puede decirse, si identificamos al narrador con Cervantes y a don Quijote con Loyola, que muy probablemente, entre 1580 y 1600, fuera fácil escuchar en España datos referentes a la vida de Loyola, pues durante esas fechas se iniciaron los trámites para su beatificación y posterior canonización, lo que supone una investigación y una expectación general que lleva implícita un gran revuelo en torno a datos, anécdotas y leyendas desfiguradas por el tiempo. De ahí que el narrador, tácitamente, considere estas informaciones de autores desconocidos como poco fiables, y sólo tome en cuenta la de “los anales de la Mancha”, a los que, por ahora, identificaré como el conjunto de información escrita existente entonces sobre Loyola. Con la mención de los autores, Cervantes también introduce una aclaración sobre algunas licencias tomadas respecto a los dos libros parodiados, pues tanto en el Relato como en la Vida se narra el encuentro de Loyola con el moro antes de que él haya velado sus armas en Montserrat. Pero Cervantes, tal vez para evidenciar que está siguiendo las reglas de los libros de caballerías, hace que don Quijote no emprenda ninguna aventura antes de haber sido armado caballero, por lo que se produce aquí una irregularidad en la parodia paralela de los acontecimientos, tal como nos sugiere el narrador con esa advertencia de los distintos criterios de autores. Para ratificar esa estrategia, el narrador ha dejado la sutilísima pista aclaratoria del verbo topar: “quisiera topar luego luego con quien hacer experiencia del valor de su fuerte brazo”, porque precisamente ese verbo aparece al inicio del encuentro de Loyola con el moro
Don Quijote “se desperaba, porque quisiera topar luego”, es decir, su deseo inmediato, tras haber salido, es imitar el encuentro con el moro, seguir correctamente el hilo de los acontecimientos históricos. Pero Cervantes ha decidido armarle antes caballero, por lo que vuelve a situar a don Quijote en un lugar paralelo al de Loyola en los momentos anteriores a su llegada a Montserrat. Ha salido de Navarrete, cerca de Pamplona, y se dirige a Montserrat, un largo trayecto del que, a excepción del episodio del moro, apenas se dice algo en el Relato. Debemos imaginar cansancio (todavía cojeaba) y hambre
y un gran deseo de llegar al monasterio donde, además de descansar, pensaba poner en práctica su determinación de velar armas e iniciar la búsqueda que le encaminaba al inicio de su peregrinación-redención. Una situación muy similar a la que, según el narrador, se encuentra don Quijote camino de la venta
Hay un claro paralelismo con el fragmento anterior de la Vida, donde se repite el momento temporal (“la noche” / “al anochecer”), más el vocablo “hambre” asociado a otro sinónimo de debilidad (“hambre y flaqueza” / “hambre y necesidad”), y un sustantivo y un verbo con la misma raíz (“remedio” / “remediar”) También don Quijote camina imbuido de esa idea de llegar a un punto donde va a poner en práctica sus deseos, por eso cuando el narrador señala que don Quijote al ver la venta “fue como si viera una estrella que, no a los portales, sino a los alcázares de su redención le encaminaba”, subrepticiamente está otorgándole las misma sensaciones deducidas del Relato, pues Loyola debió ver el monasterio desde lejos y sentir la alegría de quien alcanza su primera meta. Igualmente para don Quijote la venta-castillo no sólo supone la esperanza de comer y descansar, sino, fundamentalmente, la posibilidad de conseguir armarse caballero, o sea, formalizar, como Loyola, su nueva personalidad. La expresión “fue como si viera una estrella” obliga, a su vez, a elevar la mirada, tal como debió hacer el peregrino al ver a lo lejos el monasterio de Montserrat, enclavado en lo alto de un “impresionante macizo rocoso” [6] y rodeado de formas puntiagudas que desde lejos dan la sensación de una gran fortaleza o alcázar (“a los alcázares de su redención le encaminaba”) Loyola desea llegar al monasterio que marcará el inicio de una nueva vida hacia la santidad, o sea, hacia su redención. En la Vida encontramos el verbo encaminar con ese mismo sentido de búsqueda de la salvación espiritual
En definitiva, Cervantes ha novelado las sensaciones captadas en el Relato, transmitiendo a don Quijote no sólo el agotamiento de esa intensa jornada, sino también la emoción del inexperto principiante, influenciado por las lecturas religiosas y en busca de su propia santidad. La crítica cervantina ha resaltado siempre el sentido religioso apreciado en ese párrafo
El episodio concluye con la llegada de don Quijote a la venta
también imitando otra expresión del capítulo II de Ribadeneyra
La venta será, pues, trasunto del monasterio donde Loyola velará sus armas siguiendo los pasos que ha leído en los libros, y en ella don Quijote imitará paródicamente los actos esenciales realizados por Loyola en Montserrat.
Cualquier sugerencia le sirve a Cervantes de punto de apoyo para iniciar su parodia, en este caso es probable que la idea de las mujeres en la puerta de la venta proceda del importante papel jugado en el Relato y la Vida por otras dos mujeres peregrinas de las que, por su trascendencia, se hablará más adelante.
Cervantes ha suplantado el ambiente religioso de Montserrat por el de esta venta castellana con rameras en la puerta, volviendo a mencionar la influencia de los libros sobre don Quijote y cómo la vida real se le representa según sus necesidades o su deseos, pues un poco más adelante se vuelve a decir que “se le representó a don Quijote lo que deseaba”. Nada más apropiado para explicar ese sentido dado por Cervantes a las representaciones, que las palabras de Ribadeneyra, unidas también a la expresa mención de la influencia que los libros ejercían en Loyola | ||||||||||