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CAPÍTULO ONCE Ingeniosa recreación en los capítulos de la Vida que narran los actos realizados por Loyola y sus compañeros para la fundación de la Compañía. Además de un considerable número de referentes expresivos, la clave más reveladora es el sutil juego numérico con el que Cervantes imita a Ribadeneyra. Resulta igualmente significativa la primera mención en la obra del vocablo “compañía”, clave general para todo el Quijote y referente inequívoco de estos capítulos centrados en la parodia de la fundación de la Orden. Y al igual que Loyola tenía por costumbre guardar silencio durante la comida y hablar de las cosas de Dios una vez finalizada, don Quijote, tras su frugal cena con los cabreros, imita a Loyola pronunciando el discurso de la edad dorada. Este capítulo 11 es una ingeniosa recreación en varios de la Vida que actúan como núcleos centrales de los diversos episodios parodiados. El primero es el capítulo donde Ribadeneyra ofrece su versión sobre los actos realizados por Loyola y sus compañeros para la fundación de la Compañía. Su lectura resulta imprescindible, pues es la base de unos acontecimientos cuya parodia se inicia en este capítulo 11 y se extiende a los tres siguientes. DE LOS COMPAÑEROS QUE SE LE ALLEGARON EN PARÍS (VIDA II, IV)
Tras la breve alusión al fracaso de una primera organización (“como aún no había echado raíces aquella compañía [...] se desparcieron, yéndose cada uno por su parte”) Ribadeneyra hace un recuento de los sucesivos compañeros que comienzan a seguir a Loyola. Puede hablarse de dos grupos. Uno de siete, que hizo primero los votos y dos años después volvió a confirmarlos. El otro, hasta un total de diez, formado con los anteriores y los nuevos, todos según Ribadeneyra “de un mismo corazón y voluntad”. El capítulo concluye con una referencia general a la concordia reinante en el grupo, unido gracias a la oración y dirección de Loyola. A partir de esas ideas generales y recurriendo a todo tipo de detalles concretos, Cervantes construye su capítulo 11. Comienza así
Con escasas pinceladas Cervantes ha descrito un círculo ("tendiendo por el suelo [...] Sentáronse a la redonda") de un número concreto de comensales que acogen a los dos desconocidos y los invitan a compartir su "rústica mesa" El narrador, como honrando la vida de estos humildes pastores, matiza sus sencillos y generosos gestos sin que parezcan serviles o ceremoniosos, con el objetivo de parodiar la humildad y fraternidad con que, según Ribadeneyra, los compañeros de Loyola vivieron los momentos previos a la fundación de la Compañía, es decir, unidos por la pobreza y una misma idea refrendada con unos votos comunes. Cervantes novela esos hechos, haciendo que don Quijote, Sancho y los cabreros cumplan, simbólicamente, las funciones del grupo de jesuitas reunidos en una iglesia de las afuera de París para determinar su futuro. Según Ribadeneyra, aquellos primeros jesuitas
Esa vida comunal y retirada del grupo es el núcleo paródico del capítulo 11, el punto de apoyo desde donde Cervantes construye la historia de estos cabreros que también llevan una vida retirada y convidan, según su pobreza y “con buen ánimo” [1] a don Quijote y Sancho, con quienes más adelante mantendrán conversaciones espirituales. Además de ese buen ánimo y camaradería existente de forma paralela en ambos grupos, Cervantes ha repetido el verbo convidarse (“aderezaron con mucha priesa su rústica mesa y convidaron a los dos, con muestras de muy buena voluntad”), que sirve como referente formal más destacado para la asociación de los cabreros con el grupo de compañeros de Loyola, y el vocablo “ceremonias” (habiendo primero con groseras ceremonias rogado a don Quijote que se sentase”) cuyo sentido es recordar la formalidad de los actos celebrados por el grupo para fundar la Compañía
Sin embargo, además del verbo convidarse, la clave más significativa para la asociación paródica es el sutil juego numérico. Ribadeneyra ofrece una descripción detallada del número e identificación de los fundadores, pues especifica que hubo un primer grupo formado por siete compañeros (“Todos estos siete”) que son: Fabro, Francisco Javier, Laínez, Salmerón, Simón Rodríguez, Bobadilla y Loyola. También Cervantes presenta un grupo de siete, pues a los seis pastores (“Sentáronse a la redonda de las pieles seis dellos, que eran los que en la majada había”) se le suma solamente don Quijote, ya que según el narrador, Sancho debe permanecer fuera del círculo "para servirle la copa" a su amo (“Sentóse don Quijote, y quedábase Sancho en pie para servirle la copa”). Pero don Quijote, comprendiendo la ridiculez de la situación, cambia de idea e insta a su escudero a que se siente a su lado, con lo que el número de comensales del círculo se convierte en ocho y queda rota la igualdad numérica de la parodia, inmediatamente restablecida gracias a otra ingeniosa fórmula cuyo objetivo es conseguir que el número siete permanezca invariable
Don Quijote propone una fusión total, casi religiosa, una unidad entre él y su escudero que les permite contar como una misma persona (“seas una mesma cosa conmigo”), de forma que el círculo recobra el número paródico de siete comensales. Hay una clara intencionalidad, un deseo manifiesto de destacar el juego numérico y, al mismo tiempo, el sentido de pérdida de la individualidad a favor del colectivo, según dice Ribadeneyra
En otro fragmento comentado en el capítulo anterior, se explica también cómo después de haber andado predicando por separado, todos los compañeros de Loyola decidieron juntarse en Roma y fundar la Compañía (“Como en Roma todos los padres juntos determinaron de fundar la Compañía”)
Hay un paralelismo evidente entre esa unión simbólica de Ribadeneyra (“unidos entre sí y tan juntos, que hiciesen un cuerpo”), y la de don Quijote (“seas una mesma cosa conmigo... comas en mi plato... bebas por donde yo bebiere”), o entre ese vínculo de tanta unión, que une e iguala a todos los compañeros en un solo corazón y en una sola voz [2] , y la igualdad que, según don Quijote, supone la caballería andante, equiparada con el amor o la fraternidad (“el amor tan entrañable y suave con que ahora se amaban en Dios”) que todo lo iguala. También Ribadeneyra aporta un dato temporal (“La primera noche”), según el cual todos estos acuerdos de unidad y futuro se lograron en una noche, o sea, en el mismo espacio temporal en que se desarrolla este capítulo 11. A esos simbolismos se añade otro detalle fundamental, el vocablo compañía (“a mi lado y en compañía desta buena gente”), clave general para toda la obra cervantina y, en este capítulo 11, referente inequívoco para identificar la cena alegórica en la majada con el momento de la fundación de la Compañía de Jesús. Cervantes ha evitado hasta ahora utilizar esa palabra, haciendo que su primera aparición en el Quijote le otorgue un metasentido [3] circunscrito a toda esta segunda parte de 1605, y similar al de peregrino en los ocho primeros. No es, pues, un detalle casual, sino muy meditado, porque Cervantes no ha querido emplearlo hasta estos momentos en que está parodiando la fundación de la orden. Durante el resto de esta segunda parte, Loyola deja de ser el peregrino para actuar como cabeza visible del movimiento colectivo que representa, por eso entre el capítulo 11 y 14 veremos aparecer el término compañía ocho veces, indicándonos que dichos capítulos no parodian el Relato sino la Vida, es decir, el lugar donde Cervantes ha leído la continuación de los acontecimientos desde que Loyola se aleja de París y se une formalmente a sus compañeros. La idea parece inspirada en Ribadeneyra y su gusto por jugar, según puede verse en el capítulo núcleo, con esa ambivalencia de la palabra, utilizada indistintamente en la Vida como nombre común o propio
La intervención de don Quijote contiene, además, otros referentes a la Vida, especialmente la asociación de dos vocablos tan significativos como “ministerio” y “ejercitan” (“en cualquiera ministerio della se ejercitan”)
Según don Quijote, el trabajar o ejercitarse en cualquier ministerio de la caballería conlleva la honra y estima inmediata de la gente. La idea procede, según Ribadeneyra, del mismo Loyola
Incluso el concepto de bien o gracia generalizada que produce mortificarse o, lo que es lo mismo, practicar la caballería (“el bien que en sí encierra la andante caballería”) está también puesto por Ribadeneyra en boca de Loyola
Sancho, que a veces parece no captar el doble sentido de las palabras de su amo, responde a la invitación con ironía y menosprecio hacia las rígidas normas de urbanidad
Irónicamente está agradeciendo a su amo (“¡Gran merced!”, “estas honras”) la concesión de unos privilegios que no le interesan, pues no le aportan beneficios; por eso aprovecha para criticar esos inconvenientes de la vida social, frente a las ventajas “que la soledad y la libertad traen consigo”, sugiriendo de nuevo la comparación entre órdenes religiosas acomodadas y mendicantes. No obstante, Sancho se identifica como ministro de la caballería andante, y a su vez renuncia a las honras que don Quijote le ofrece (“las renuncio para desde aquí al fin del mundo”), una fórmula “que aparece en algunas cartas de renuncia de derechos o de donación” [4] y que, en este caso, hace referencia al voto de pobreza y “al desprecio del siglo” hecho por todo el grupo de jesuitas, tal como se lee más arriba en el capítulo núcleo o como más adelante repite Ribadeneyra
Toda esa frase de Sancho, “conviértalas en otras cosas que me sean de más cómodo y provecho; que éstas, aunque las doy por bien recebidas”, está inspirada en otra de la Vida, donde Ribadeneyra cuenta una anécdota no exenta de vanidad y protagonismo
Ribadeneyra teme que la gente llana no aproveche el fruto del discurso de Loyola, y él lo mejora o, como dice Sancho, lo convierte (“conviértalas”) en algo más inteligible o mas “cómodo” y de “provecho”. La supuesta respuesta de Loyola, además de ensalzar a Ribadeneyra con ese afectivo “Pedro”, es un claro ejemplo de humildad, tal como don Quijote reclama a Sancho en su respuesta
La cita evangélica también aparece en la Vida, aunque engullida en la propia cosecha filosófica de Ribadeneyra
Don Quijote fuerza a Sancho a que se siente (“Y asiéndole por el brazo, le forzó a que junto dél se sentase”) de forma semejante a como se hace en la Vida
Se repite la expresión “asirle del brazo”, más la acción de forzar, que en Ribadeneyra se formula con el verbo tirar, y Cervantes con forzar, aunque, en ambos casos, aparece la contracción “dél” El sentido de fuerza empleado por don Quijote está a su vez relacionado con el voto de obediencia de los novicios
A un novicio se le puede “forzar” a aceptar una dignidad, tal como don Quijote está haciendo con Sancho, obligándole a sentarse junto a él, “porque las leyes de la caballería prohibían al caballero sentarse con quien no lo fuera” [5]
La cena campestre en silencio (“no hacían otra cosa que comer y callar”) es una clara parodia de la costumbre de los jesuitas de comer en silencio, el mismo Loyola ya la practicaba durante sus peregrinaciones, y también acostumbraba a dar una plática de sobremesa
Después de comer en silencio, Loyola cogía “algunas cosas” de la conversación, cualquier tema que le sirviera de motivo “para hablar de Dios; y, acabada la comida, lo hacía”. Es exactamente lo que va a imitar don Quijote tras finalizar su comida (“Después que don Quijote hubo bien satisfecho su estómago, tomó un puño de bellotas en la mano y, mirándolas atentamente, soltó la voz a semejantes razones”) y lograr una concentración y misticismo inspirados de nuevo en Loyola
Loyola contempla el cielo y las estrellas durante mucho tiempo, y medita sobre el “menosprecio de todas las cosas transitorias y mudables”, y ahora que tiene compañeros los exhorta también a la meditación y “al desprecio del siglo”
Don Quijote, tomando un puñado de bellotas y en actitud contemplativa, inicia un discurso centrado en el desprecio del siglo y en la añoranza de un mundo mejor, una homilía [6] cuyo tema recorre todo el Quijote de 1605. LA EDAD DORADA“Es conocida la relación entre el discurso a los cabreros y el pasaje de Las Metamorfosis, de Ovidio, en que se habla de la edad dorada.
Pese a lo que tiene de común este texto con el discurso cervantino, no cabe duda de que Cervantes lleva a cabo una reelaboración personal del tema, [...] La idea básica es la de que una bondad natural anidaba en el corazón de los hombre, antes de que éstos fueran bastardeados por los vicios nacidos en las sociedades organizadas” [7] Cervantes se inspira claramente en Ovidio [8] pero a su vez, continúa Maravall, “lleva a cabo una reelaboración personal del tema”, eliminando fundamentalmente los detalles sobre una naturaleza de la que mana vino, leche, azúcar y miel, o sea, aquellos que convierten el pasaje de Ovidio en un idílico y utópico Jauja. Pero además, el discurso de don Quijote está inspirado en otro texto no menos fantástico, aunque intenta pasar por histórico. Se trata del capítulo XVIII del Libro II de la Vida, y tiene su pequeña historia, pues no existía ni en la edición latina de 1.572 ni en la primera castellana de 1.583, siendo lo más probable que se le añada al libro segundo a partir de la edición de 1586, es decir, la pactada con los dominicos según confirman las cartas de Granada. Ante todo, y para hacerse una idea general de los paralelismos, conviene leer ese extenso capítulo XVIII, ajeno al objetivo central del libro y concebido como un exaltado discurso en defensa del catolicismo y en contra de la herejía. Si a todo ello se añade una “serie de apenas encubiertas referencias evangélicas (Mateo VII, I-2; XIX, 5; XX, 16; XXII, 14; XXV, 35 y XXVI, 40; Juan XVII, 21; I Corintios, X, 16-17, y XIII; Lucas, VI, 37; XIV, II, y XVIII, 14)” [9] , resulta que el discurso de don Quijote es una amalgama tendente a aproximarse al pensamiento de Loyola en los momentos de la fundación de la nueva orden, una arenga contra los tiempos presentes y, al mismo tiempo, la evocación de un pasado donde se vivía acorde con el legado evangélico.
El monólogo se inicia con las mismas palabras ya utilizadas por don Quijote cuando "invocó el tiempo en que saldría a la luz la historia de sus hazañas" [10] , y con un propósito similar, pues también allí se yuxtaponían el lenguaje artificioso y fatuo, parodia de Ribadeneyra, y el esperanzador y lleno de contenido, parodia del Relato. En su sentido más amplio, la Edad de Oro, según la imaginan Platón o Tomás Moro, supone la igualdad y comunidad de bienes basada en una idea del amor fraterno que excluye la explotación y persecución del hombre incluso a través de leyes legítimas. Pero ese momento es imaginario, utópico, y su existencia no puede asociarse a un período concreto de la historia, sino tal vez a formas de comportamiento colectivas, aunque aisladas, como los anacoretas, apóstoles o cristianos primitivos, donde efectivamente se hacía vida comunitaria, cristiana y, por lo tanto, “santa”, en el sentido de virtuosa y ejemplar. Pero en la época de Ribadeneyra eso ya no se hace, la herejía ha desmembrado la sociedad, y los estados, antes dichosos, ahora se deshacen
La causa de esa pérdida de la felicidad general de Flandes se debe, dice, a la sustentación de la herejía, a que los Estados la han dejado entrar sin combatirla. Don Quijote, sin embargo, piensa que la causa de ese triunfo del materialismo es la evolución del concepto de la propiedad [11] , que divide y enfrenta a los hombres por lo tuyo y lo mío. Pero ¿hasta qué tiempos deberíamos retrotraernos para encontrar esas comunidades colectivas? Evidentemente don Quijote no está pensando en sociedades civiles, sino en religiosas pues, como trasunto de Loyola, su discurso es una exhortación “al desprecio del siglo y al deseo de las cosas celestiales”, una homilía encaminada a infundir en los primeros jesuitas el deseo de imitar a los cristianos primitivos, compartiendo la pobreza, despreciando el materialismo del siglo y dedicándose a la espiritualidad: “Todos estos siete [...] hicieron voto de dejar, para un día que señalaron, todo cuanto tenían” Así que mientras el discurso de Ribadeneyra pertenece al presente, es decir, al momento en que se escribe el libro, contemporáneo a las guerras de Flandes, el de don Quijote se sitúa un poco antes, cuando Loyola y sus compañeros acaban de salir de París y están sentando las bases de un proyecto espiritual
Desprecio del siglo con un significado monacal de renuncia a las vanidades mundanas y de compromiso con los votos de pobreza y castidad, lo que significaba un claro distanciamiento crítico con el adocenamiento y corrupción en que estaba sumida la Iglesia. Don Quijote está, además, tratando con los “hermanos cabreros” “cosas espirituales”, de forma que el discurso es en sí, una especie de confrontación del ideario de Loyola en los momentos del nacimiento de la nueva orden, cuando todas las cosas eran comunes, y el de Ribadeneyra y dicha orden casi cincuenta años después, cuando la Compañía está ya alejada del ejemplo de pobreza que alentó su nacimiento.
También a los primeros jesuitas les bastaba alzar la mano, mendigar, para sustentarse, e igualmente, en sus largas caminatas, se alimentaban de yerbas y frutos del campo, como se ha visto varias veces en la Vida, y con palabras muy similares a las empleadas por Cervantes
Los jesuitas debían dedicar el mayor tiempo posible a la espiritualidad, pues sólo así se logra alcanzar los regalos divinos
Don Quijote ha utilizado esos cuatro vocablos (dulce, sustentar, liberal y mano) y, además, el verbo convidar, cuya simbología de fraternidad ya se conoce.
Igualmente paródica es la recreación en la vida de las abejas como símbolo del trabajo social y comunitario, pues así lo emplea Ribadeneyra para resaltar la importancia de la Compañía en la “república cristiana”
Los jesuitas son calificados en la Vida de solícitos [12] , discretos [13] y desinteresados [14] , y al fruto de su trabajo también se le denomina cosecha [15]
Aquí se incluye “la frase hecha recogida en repertorios humanistas <<Curvi pondus aratri>> [17] , cuyo sentido situaría a la edad dorada antes de toda civilización, aunque de nuevo su principal objetivo parece ser imitar y abusar de dichos repertorios, como hace Ribadeneyra al referirse a los primeros jesuitas
El estilo retórico y reiterativo de don Quijote (pesada reja / corvo arado/ abrir ni visitar / fértil y espacioso / hartar, sustentar y deleitar) resulta muy semejante al de ese fragmento de Ribadeneyra, y se completa con el siguiente
Don Quijote repite casi la misma expresión (“abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre”), aunque cambiando sutilmente “santísima” por “piadosas”
Aunque en el capítulo núcleo Ribadeneyra dedica un fragmento a la perdición de las mujeres heréticas, las palabras de don Quijote son una recreación en otro fragmento de la Vida donde se ponderan las reformas que, a petición de Loyola, se hicieron en su tierra durante su último viaje a España
El referente más claro es la expresión andar en cabello (andaban ... en cabello / anden en cabello), y además las siguientes coincidencias Vida Quijote
De esta comparación pueden extraerse otras conclusiones, da la sensación de que don Quijote está burlándose de esa fiebre intervencionista promovida por Loyola al tratar de imponer una moralidad contraria a los usos y costumbres del pueblo. Don Quijote parece evocar aquella liberalidad anterior a ese nuevo estilo pomposo, y defiende la decencia tradicional sin aspavientos mojigatos. Las alusiones eclesiásticas se aprecian también en la expresión “púrpura de Tiro”, color identificativo de los cardenales, a los que "Paulo II les concedió su propio hábito de púrpura, y el adornar las mulas y cavallos en que anduviesen de la mesma color. Los cardenales frayles no usaron los ornamentos colorados, fuera del capelo. Empero Gregorio XIIII, año de 1591, les concedió la barreta colorada, como a los demás" [18] . ¿Pueden simbolizar esos eclesiásticos con ropajes colorados a las pomposas y escandalosas [19] cortesanas? o ¿se refiere don Quijote a las mujeres que “se tocaban sus cabezas” para publicar que eran “legítimas mujeres de aquellos? [20] El fragmento finaliza con otra frase no menos sugerente que las anteriores, pues la aparición de la palabra “peregrina” y su inmediata asociación con Loyola, vuelve a reforzar la lectura hecha hasta ahora (“las raras y peregrinas invenciones que la curiosidad ociosa les ha mostrado”), quedando Loyola y su Compañía como impulsores de esa nueva moralidad represiva y recatada que sólo puede ocurrírsele a mentes ociosas y capaces de inmiscuirse en asuntos como los tocados de las doncellas. La frase está además inspirada en otra de Ribadeneyra [21] que, en cierta medida, insiste en la idea expuesta.
Bajo la apariencia del asunto amoroso, don Quijote lanza una dura crítica a la espiritualidad en general y a la literatura religiosa, cuya evolución queda sugerida con la comparación entre la sencillez y simpleza de los primitivos libros religiosos y el artificio de los nuevos. Ya al decir “concetos amorosos del alma” podemos entender que se refiere al espíritu, pero la correspondencia con un fragmento de la Vida aclara su verdadero sentido
Según Ribadeneyra, Loyola predicaba o escribía simple y sencillamente, sin amplificar, o sea, sin buscar artificioso rodeo para conmocionar con su discurso o encarecerlo. Todo el fragmento de la Vida se centra en el elogio de la sencillez verbal de Loyola, prácticamente lo mismo dicho en el texto cervantino, incluso con expresiones semejantes Vida Quijote
El paralelismo hasta el punto y seguido es evidente, pero a partir de ahí don Quijote se despega de su fuente para arremeter precisamente contra ella, resumiendo el sentir de Cervantes sobre la Vida, como libro presuntuoso donde se mezclan el fraude y el engaño con la verdad y llaneza. El mismo Ribadeneyra, en su exposición de motivos, ensalza su prosa con esas dos vocablos [23] utilizados por Cervantes.
Probablemente quien habla ahora a través de don Quijote es Cervantes, víctima, como Loyola, de la justicia de su época. Se trata de una dura crítica donde prácticamente ha desaparecido el pretexto de la edad dorada, sólo recordada por la primera frase que informa de la existencia de un tiempo pasado donde existía justicia. El resto es una clara repulsa de un presente (“ahora”) definido en pocas palabras como de injusticia total. Se denuncia una absoluta corrupción, una perturbación del sistema que daña a toda la sociedad en beneficio de unos pocos (favor, interés, encaje). Todo “el discurso se asienta en una oposición entre categorías temporales de presente y pasado" [24] , pero no de un pasado lejano, como disimuladamente se pretende hacer ver, sino de un ayer inmediato donde la Iglesia no se entrometía en funciones ajenas a lo religioso, pero ahora, en los momentos en que se centra la parodia, o sea, cuando Loyola todavía era perseguido por pensar o predicar sin la aprobación o consentimiento de la Iglesia, o en los mismos momentos en que escribe Cervantes, sí hay qué juzgar, y toda la justicia, empañada por esa interesada intromisión, se turba y se degrada con sus arbitrariedades. Todo con el pretexto de salvar a España de la herejía, según puede deducirse de los textos a los que conducen los referentes
¿Qué justicia podrá recibir cualquier acusado de hereje cuando esa es la opinión de quien en cualquier momento puede transformarse en su juez? También la justicia civil parece aludida a través de otro texto de la Vida perteneciente a la última visita de Loyola a su tierra en el año 1.535. Allí hizo vida de mendicante, y convenció a los gobernantes para que se hicieran algunas reformas en las costumbres, como la ya comentada del cabello de las doncellas. Pero además se dedicó a predicar
Un pobre hombre culpado y castigado injustamente “con menoscabo de su honra y hacienda”. La justicia del favor y el interés protege a los poderosos y se ceba en los humildes, especialmente ahora que la Iglesia ha invadido el lugar de los jueces y, desoyendo el mensaje de Cristo [25] , se ha convertido en instigadora de todos los procesos.
Mientras las doncellas antes se perdían por su propio gusto y voluntad, ahora nunca están seguras, pues hasta por el aire puede entrarles la amorosa pestilencia. La exageración es evidente, y su objetivo ridiculizar los criterios eclesiásticos y su obsesivo interés por la honestidad, e incluso otros matices que van desprendiéndose de la lectura paralela de la Vida
Este celo de los religiosos sobre las doncellas en peligro de perderse es probablemente la razón de donde surge la ironía de don Quijote sobre su recogimiento. Hay también otro fragmento cursi e inapropiado, cuya referencia al encerramiento viene muy a propósito para relacionarlo con el irónico lenguaje cervantino. En ambos casos se emplea el verbo “entrar” como desencadenante de la tragedia
Ribadeneyra ha utilizado un símil tan inapropiado para un religioso (“castísima y honestísima doncella”) que de puro devoto se convierte en casi irrisorio. Quizás por eso Cervantes lo señala. Vida Quijote
El empeño y celo de Loyola por la honestidad de las mujeres es, en general, la base donde se inspira esta parte de la intervención de don Quijote
¿No es esa frase “tapar todos los agujeros a las importunidades” la fuente que inspira el temor de don Quijote “por los resquicios o por el aire”? También la pestilencia [27] y el desarrollo de diversas expresiones en torno al desprecio del siglo (“Y agora, en estos nuestros detestables siglos”) proceden de la Vida
La última frase (“dar con todo su recogimiento al traste”) se explica, igualmente, a través de la Vida, donde “recogimiento” queda claramente definido como enclaustramiento religioso o vida muy devota
y la expresión “al traste”, utilizada en sentido contrario al dado por Ribadeneyra , pero tal vez con la idea de recrearse en otro párrafo prototipo de lo seudodivinizante
También en el capítulo núcleo se encuentran referencias que apuntan hacia esa lectura burlona en torno a la perdición de las doncellas
De aquí se desprende, en general, una idea similar a la del discurso de don Quijote, pues en ambos casos hay una persecución de la que no pueden escapar las doncellas. Don Quijote se refiere a la castidad y Ribadeneyra a la herejía, aunque los dos tratan el asunto como una pestilencia [28] de la que resulta imposible escapar.
Quizás sea en estos últimos fragmentos del discurso donde se encuentren los paralelismos más evidentes con la Vida, pues también Ribadeneyra expone en varias ocasiones los objetivos para los que fue creada la Compañía
No cabe la menor duda de que Cervantes, con ligeras variaciones, ha copiado no sólo el sentido y el tono general, sino incluso las mismas palabras. En otras muchas ocasiones repite Ribadeneyra estos objetivos y, puede decirse, que de todos ellas toma Cervantes algún pellizco
Todos los fines propugnados por don Quijote se repiten con holgura: amparar y defender doncellas y viudas, y socorrer a los huérfanos y menesterosos; estos últimos los únicos explícitamente ausentes de la Vida, pero implícitamente muy presentes en esas referencias a presos, enfermos y desamparados. Por otra parte, en el capítulo núcleo encontramos un sin fin de referencias al objetivo fundamental de la Compañía, y otras instituciones, de luchar contra la herejía
Vida Quijote
En general don Quijote utiliza, además de los vocablos, el mismo tono informativo y atribuye a la orden de la caballería unos objetivos (“se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer”) casi idénticos a los otorgados por Ribadeneyra a la Compañía.
Don Quijote finaliza su discurso identificándose como miembro de esa orden de caballería y agradeciendo a los cabreros su hospitalidad. Les llama, como ya ha hecho con Sancho, “hermanos” y, aunque es un detalle de cortesía en respuesta al buen acogimiento, no hay que olvidar el simbolismo de la ceremonia donde se rememora el momento en que Loyola y sus compañeros se hermanan y deciden permanecer siempre juntos. También el agradecimiento de don Quijote responde a su identificación, hasta en los mínimos detalles, con Loyola, que según Ribadeneyra era muy agradecido
No sólo agradece por él, sino también en nombre de Sancho (“a mí y a mi escudero”), o sea, lo mismo que en el fragmento anterior, donde se concluye que a Loyola, como representante, tocaba agradecer en nombre de todos cualquier beneficio. Incluso la última apreciación sobre la ley natural y la obligatoriedad (“aunque por ley natural están todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes”), parece también inspirada en la Vida
Ha sido sustituida la obligatoriedad de ayudar aunque “no hay ley expresa”, por la obligatoriedad de ayudar “por ley natural”, o sea, lo mismo. En definitiva, y al margen de su interés y belleza propia, el discurso es una especie de híbrido de Ovidio y Ribadeneyra. Del primero se toma fundamentalmente la apariencia y la idea de un pasado sin inconveniencias, un mundo donde el clima era agradable, la comida abundante y todos felices y en paz, incluso sin poderes, “porque todos vivían en mucha hermandad, tratando verdad y justicia”. Ovidio no es un embaucador, no pretende otra cosa que hacer felices a las personas invitándolas a soñar. En el punto opuesto se encuentra Ribadeneyra, cuyo propósito es aterrar interesadamente a la gente y convencerla del origen divino de todo cuanto dice. Ya desde el epígrafe del capítulo (“Lo que pretendió Dios nuestro Señor en la institución y confirmación de la Compañía”) se palpa el determinismo y el espíritu panfletario de su contenido, cargado de un profundo partidismo que justifica como sagrado todo lo católico y condena a todos los demás, considerados “monstruos infernales” merecedores de justísimas muertes con exquisitos tormentos, casi siempre ordenados por el mismo Dios, verdugo de tan “justos y gravísimos castigos contra los judíos y malos cristianos” o la “monstruosa secta” del “falso profeta Mahoma”. De Lutero llega a decir que “él mismo confiesa y escribe que conocía al demonio y que había comido algunos celemines de sal con él y que muchas veces le aparecía y argüía y disputaba con él” Ese sustrato de Ribadeneyra subyace en el discurso de don Quijote y le otorga al texto otra perspectiva, una lectura donde la confrontación entre un pasado idílico y un presente nefasto, invita a meditar sobre la fundación de la Compañía con su ideario de comunidad y pobreza, y su evolución hacia una integración en el absolutismo de la época. El ambiente religioso se manifiesta desde los primeros párrafos, donde se sacraliza el acto del discurso a través de ceremoniosos gestos, paralelos a los de Ribadeneyra cuando describe los actos de sus compañeros. Don Quijote se dirige al auditorio llamándoles "hermanos cabreros" pues, como trasunto de Loyola, que se ejercitaba en cosa espirituales con sus hermanos-compañeros, los está adoctrinando, por eso el monólogo es una arenga reivindicativa contra los tiempos que corren, pues Loyola tenía razones para criticar la actuación de una Iglesia que abandonó su tarea de apostolado por una labor fiscalizadora y represiva de la que él mismo había sido víctima. Cuando don Quijote dice que "La ley del encaje aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar, ni quién fuese juzgado", está refiriéndose a las injustas resoluciones de jueces eclesiásticos que, en nombre de Cristo, administran una justicia ajena al Evangelio. Y vuelve a recordar las maliciosas artimañas de los dominicos contra Loyola en Salamanca, o la confabulación hecha con ellos por Ribadeneyra al tratar de ocultar aquella indigna actuación con engañosas y edulcoradas palabras ("No había la fraude, el engaño ni la malicia mezclándose con la verdad y llaneza”). El discurso es, pues, una especie de sermón [29] en la que se ensalza la sencillez apostólica y se critica la pompa [30] y cuantos vicios ajenos a su ministerio había adquirido la Iglesia en los últimos siglos. Finalizado el discurso, interviene de nuevo el narrador
Al final del interminable monólogo del capítulo XVIII Ribadeneyra coloca el siguiente fragmento
Con ese paréntesis, Ribadeneyra aparece como narrador justificando la enorme extensión del capítulo XVIII, al que, objetivamente, define como largo discurso, aunque inmediatamente añade que le resulta, subjetivamente, breve y compendioso, en cuanto piensa que ha resumido lo sustancial de una materia tan extensa y trascendente como la herejía. Sin entrar a valorar esa descarada autoestima, quizás lo más destacable sea haber definido el capítulo como un “discurso”, pues de esa manera queda como al margen de la narración biográfica y, formalmente, equiparado al monólogo, arenga o discurso de don Quijote, al que también, una vez finalizado, le sigue la intervención del narrador, cuya opinión, como la de Ribadeneyra, es que la intervención ha sido larga (“Toda esta larga arenga (que se pudiera muy bien escusar) dijo nuestro caballero”) y la define, no como discurso (discurrir, ir “discurriendo y silogizando de una cosa en otra”, Covarruvias) sino como una “arenga”. Precioso detalle que vuelve a dar cuenta de la gran sutileza e ironía cervantina, al sugerir una contraposición del concepto, señalando que la definición adecuada al escrito de Ribadeneyra es la de arenga, tal como la define Covarrubias [31] o, actualmente, el diccionario de la R.A.E. [32] En realidad, todas esas definiciones de arenga vienen pintiparadas al capítulo XVIII, mientras que la de discurso, le cuadra perfectamente al monólogo de don Quijote. Formalmente existe, además, el evidente paralelismo de los paréntesis, cuyo contenido es también semejante, pues en ambos casos se inician con una oración de relativo y aparece el verbo poder en forma reflexiva, más el verbo decir y el pronombre posesivo nuestro: “que se pudiera muy bien escusar” / “que para que esto se entendiese mejor se ha hecho éste, si se mira a lo que es, largo, y si a lo que se puede decir, breve y compendioso discurso” El paréntesis cervantino contiene, además, otro mensaje profundo dirigido a Ribadeneyra, que evidentemente podría haber evitado, como en las primeras ediciones, colocar en una biografía algo tan fuera de contexto. El cuadro comparativo manifiesta claramente los paralelismos Vida Quijote
Señala también el narrador la habilidad de don Quijote para admirar y suspender a su analfabeto auditorio (“sin respondelle palabra, embobados y suspensos, le estuvieron escuchando”), algo, igualmente, tomado de la Vida, pues Ribadeneyra atribuye a Loyola el mismo carisma, y lo expresa de forma semejante, utilizando siempre de múltiples maneras ese estado de arrebato, perplejidad o embobamiento
Todos los que oían predicar a Loyola quedaban tan admirados como los cabreros ante don Quijote.
El proceso de integración de otros nuevos compañeros al grupo ya existente de cabreros tiene, como finalidad esencial, la de continuar con la parodia del agrupamiento de miembros de la Compañía, de ahí que el anuncio de la llegada de un nuevo “compañero” que "sabe leer y escribir" no rompa el sentido numérico de las escenas anteriores, sino que prepara la continuación del siguiente capítulo, pues la idea es darle a la narración la misma sensación de gente sumándose al círculo enumerado por Ribadeneyra
El cabrero ha utilizado, como Ribadeneyra, la expresión “compañero”, y ha especificado que “sabe leer y escrebir”, en consonancia también con el dato “teólogos”, pues los otros compañeros, como simbólicamente ha repetido Sancho al decir que él no sabe leer ni escribir, no habían finalizado los estudios. También es muy común en la Vida la palabra “veras” y la expresión “dar contento” [33] , con distintas variaciones. Inmediatamente aparece el primer pastor
Este nuevo pastor reúne una de las características esenciales exigidas por la Compañía a quienes desean entrar en ella
Además de esa “buena gracia”, recordemos que el pastor anunció al músico como “un zagal muy entendido y muy enamorado”, haciendo posible la identificación con uno de los tres teólogos que se sumaron al grupo pues, en el lenguaje profundo, el “muy entendido y muy enamorado” se supone referido, en ambos casos, a las cosas de Dios.
La habilidades del pastor se corresponden con las que, según Ribadeneyra, tienen los miembros de la Compañía para enseñar a los niños, una de las labores fundamentales de la orden
Además de las negritas se menciona en ambos fragmentos, y con distintos criterios, la opinión del pueblo. En la Vida de forma negativa, pues Ribadeneyra dice que la intención de sus escuelas es, con el cebo de la gramática, educar religiosamente a los niños, sin tener en cuenta “la apariencia y vana opinión del vulgo ignorante”. En el Quijote se solicita positivamente una canción que “en el pueblo ha parecido muy bien”. Vida Quijote
El joven pastor, sentado en el tronco de una encina, canta un enigmático romance cuyas estrofas finales desprenden, como señala Murillo y otros, un claro tufillo clerical, y cuya intención puede ser la de imitar a los primeros jesuitas que, según Ribadeneyra, también cantaban
El canto del cabrero es, probablemente, un gesto, a lo pagano, similar al de esos fundadores que cantan salmos, pues “el nombre de Salmo proviene del griego psállein, que significa originariamente tocar un instrumento de cuerda o cantar al son de dicho instrumento” [34] Confieso que, aunque le he dedicado muchas horas a la canción de Antonio, he sido incapaz de encontrarle un meta sentido.
Sancho es un novicio en formación, representante de la religiosidad adocenada y bonachona que ha olvidado el espíritu evangélico del constante velar preconizado por la nueva religión de su amo, de ahí la ironía con que don Quijote critica el puntillo soñoliento que ha pillado con el vino y que le impide la total dedicación a la espiritualidad deseada. Cosas naturales en una orden en formación cuyo líder educa a sus seguidores con la palabra y el ejemplo.
| PRÓLOGO
| INTRODUCCIÓN | PRIMERA
PARTE: Don Quijote peregrino | Cápitulo
I | Cápitulo II | Cápitulo
III | Cápitulo IV | Cápitulo
V | Cápitulo VI | Cápitulo
VII | Cápitulo VIII | SEGUNDA
PARTE: DON QUIJOTE Y COMPAÑÍA | Cápitulo
IX | Cápitulo X | Cápitulo
XI | Cápitulo XII | Cápitulo
XIII | Cápitulo XIV | GENERALIDADES
| CONCLUSIÓN.AGRADECIMIENTOS
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[1] “Partióse con tan buen ánimo y con tan alegre rostro, que ya desde entonces se veía uno como pronóstico de que la divina Providencia (que sapientísima y suavísimamente dispone todas las cosas) llamaba a este su siervo” (Vida II, XVI) [2] “Una de las cosas principales que hay en todo el Instituto es la forma de su gobierno debajo de una cabeza con tanta potestad y dependencia della en todas las cosas de suerte que este cuerpo de la Compañía por una parte esté derramado y estendido por todo el mundo, y por otra sea tan unido entre sí por la unión y influxo de la misma cabeza, que tenga el mismo espíritu y ánima y modo de proceder”. Confutatio libelli, Confesiones, cartas y otros escritos, Ribadeneyra, tomo II, o.c., 307. [3] Algo, como se verá más adelante, previamente ensayado por Cervantes en La Galatea. [4] Rico, o.c., n.13, p. 120. [5] Rico, o.c., n.8, p. 120 [6] “A quien se humilla...”: ¿la homilía del Quijote?, Robert L. Hathaway, http://www2.h-net.msu.edu/- cervantes/csa/articf97/hathaway.htm [7] Utopía y contrautopía en el Quijote, J.A. Maravall, Ed. Pico sacro, 1976, p.172 y sgts. [8] "La primera mención que hace don Quijote de una utopia social es en el discurso de la edad de oro [...] Las fuentes más inmediatas eran Ovidio en la Metamorfosis y Virgilio en la Egloga IV y las Georgicas I. También Fran Antonio de Guevara toca el mismo tema en el Reloj de Príncipes. Pero las últimas raíces de este tema van más atrás aún para anclarse en La República de Platón, quien aboga por abolir la propiedad privada" Las utopías en don Quijote, A. Martí, anales cervantinos nº.29, Madrid,1991, p. 49. [9] Rico, o.c., tomo II, p. 42. [10] Murillo, o.c. n. 12, p. 155 [11] "don Quijote aboga por una sociedad ideal en la que no exista propiedad privada, en la que la naturaleza dé por sí misma, sin necesidad de trabajar, sustento suficiente para todos los seres humanos, y en las que, en consecuencia, no haya necesidad de jueces ni de justicia. Idealismo utópico, sin duda; pero también rechazo simultáneo de todo sistema autoritario, de cualquier imposición violenta de un hombre sobre otro" Cervantes, El Quijote y la poética de la libertad, A. Rey Hazas, Actas I-CIAC, Ed. Anthropos, Barcelona 1990, p.372. [12] “solícitos y cuidadosos en confesar y predicar y ejercitar los otros ministerios de nuestro instituto” (Vida V, X) [13] “Y finalmente, decía, que el discreto pescador de hombres y ministro de Cristo que tiene puesta su granjeria en ganar almas, debe conformarse con todos” (Vida V, XI) [14] “toman este trabajo puramente por su servicio, sin otra esperanza ni pretensión de interés temporal, se hace el fruto que habemos dicho. Y por ver a ojos vista un fruto tan grande y tan admirable, como se vee en este santo ejercicio, muchos de los padres más antiguos y mas graves de la Compañía se han ejercitado en él” (Vida III, XXII) [15] “vivir en cualquier parte del mundo, donde se pueda esperar de sus trabajos e industria frustuosa, mayor cosecha para salvación de las almas” (Vida III, XXII) [16] “El comer era siempre muy medido y como de pobres; cuando consultaban si sería bien hacer alguna cosa o no, seguían con mucha paz y concordia todos lo que parecía a la mayor parte” (Vida II, VII) “Había entre ellos suma paz y suma concordia, y tenían el ánimo siempre regocijado” (Vida III, V) “Porque acontece hallarse en un mismo tiempo muchas veces en él, hermanos de diez y seis y más naciones, así en las lenguas como en las costumbres diferentes, mas en un ánimo y voluntad con suma concordia y fraternal amor ayuntados” (Vida IV, III) [17] Rico, o.c., n. 30, p. 122. [18] Covarrubias, o.c., p. 305. [19] “El estado de inmoralidad más lamentable reinaba, empero, en los conventos. Un gran número de ellos no eran más que lugares de buena vida y de diversión; algunos monasterios femeninos habían caído tan bajo que, si no eran verdaderos lupanares, estaban muy cerca de serlo. En 1563, el emperador mandó inspeccionar los conventos de su nación y los encontró llenos de concubinas y de hijos de los monjes” El Quijote, la Iglesia y la Inquisición, Ludovik Osterc, Universidad Nacional Autónoma de México, México 1972, p.10. [20] Los eclesiásticos vestían lujosamente, con capas y vestidos de seda y pieles”. El Quijote, la Iglesia y la Inquisición, o.c., p. 8. [21] “Puso increíble diligencia en que no entrasen en ninguna parte de la Compañía nuevas o peregrinas opiniones, o cosa que pudiese amancillar la sinceridad de la fe católica, o desdorar y deslustrar el buen crédito de nuestra religión” (Vida V, X) [22] “Si alguno hacía cosa que le pareciese digna de castigo, lo primero que procuraba con todo cuidado era, que conociese su culpa el que había faltado; y no se le encarecía él con palabras, sino con el peso de las mismas cosas” (Vida V, VII) [23] “saque el cuerdo lector, de la llaneza y brevedad con que se dicen, la verdad y peso de las mismas cosas que se escriben” (Vida, Al cristiano lector) [24] Valor estructural de las digresiones narrativas en la primera parte del <<Quijote>>, J. A. Ascunce Arrieta, anales cervantinos, 19, Madrid, 1981, p. 26. [25] “tenía en su alma impresas aquellas palabras del Señor: “No juzgueis, y no sereis juzgados; no condeneis, y no sereis condenados.” (Vida V, IV) [26] “Grande era el celo y la solicitud con que nuestro B. Padre se empleaba en estas cosas en Roma, siempre atento y puestos los ojos en procurar la mayor gloria divina” (Vida III, X) [27] “las herejías, que son la pestilencia y veneno de las almas” [28] “Pues ¿qué diré de las herejías que por nuestros pecados se han levantado en nuestros tiempos? Las cuales, como fuego infernal y pestilencia pegajosa han abrasado e inficionado tantos reinos y provincias que no se pueden contar sin lágrimas de corazón” “Los cuales no se han contentado de perseguir la religión católica y a los que la profesan, sino que alborotan y destruyen y asuelan todas las provincias y reinos donde entran, como enemigos capitales que son del género humano, y con verdad se puede llamar incendio y pestilencia universal del mundo” [29] Según Casalduero, la cena transcurre entre el silencio de los pastores y la conversación de don Quijote y Sancho, impregnada de un sentimiento religioso que "sirve de cauce al diálogo” Sentido y forma del Quijote, Casalduero, p. 80. [30] “El sostén principal del poder político lo constituía, fuera de la aristocracia, la Iglesia Católica; formando parte integrante de la sociedad feudal, era en aquel entonces un gran señor terrateniente. Las altas dignidades eclesiásticas procedían comúnmente de las clases nobiliarias y seguían siendo, al propio tiempo, señores temporales; es decir, aparte de tener el poder espiritual, poseían enormes superficies de tierra y ejercían derechos jurisdiccionales. El poderío económico de la Iglesia era inmenso. Según Lucio Marineo, citado por Vicens Vives, sólo las rentas de las posesiones territoriales eclesiásticas se elevaban, hacia mediados del siglo XVI, a la mitad total de las del reino. [...] El enriquecimiento y el interés material se han convertido en el principal móvil, tanto de la nobleza como del clero, en su mayoría. Todo se vendía y todo se compraba. A nadie se nombraba ya canónigo o arcediano en premio de sus virtudes; todo era asunto de favor, de intriga, de dinero” El Quijote, la Iglesia y la Inquisición, o.c., p. 6-7. [31] “Vulgarmente vale razonamiento artificioso y compuesto; díxose de la voz toscana aringo, que sinifica púlpito y lugar alto desde el qual se hazen los razonamientos y parlamentos” [32] “Discurso por lo general solemne y de elevado tono. Se llama así especialmente el que se pronuncia con el solo fin de enardecer los ánimos. Figuradamente: Discurso, razonamiento largo, impertinente y enfadoso” [33] “Mas porque esto se toca en ella con brevedad, y no se explica tanto como algunos querrían, paréceme que debo darles contento” (Vida III, XXII). “Primeramente procura darles gusto y contento en todo lo que puede al presente, y en conservar la memoria del beneficio que recibe para adelante. Demás desto háceles partícipes de todos sus merecimientos, y buenas obras” (Vida III, XXII) [34] Sagrada Biblia, Ed. B.A.C, Madrid 1972, p. 683.
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